06 / 03 | Cultura

32 AÑOS SIN ÉL

32 años años sin el hombre que los viernes a la noche hacía reír a gente de entre 10 y  90 años. 32 años sin ese talismán mágico que nos auguraba un buen fin de semana. 32 años desde que Alberto Olmedo nos dejó un verano cálido, gris y agitado. Pero como todo inmenso de la cultura popular, aún hoy su legado nos envuelve.

Latiguillos impregnados en nuestra cotidianidad: “Éramos tan pobres”, “Siempre que llovió, paró”, o el “Si no me tienen fe”, construyeron a lo largo de los años un guiño para los que pudimos disfrutar del cómico más importante de la década del 80.

Aunque su herencia más insólita sea el verbo bebotear, extraído del sketch “El Manosanta” donde Adriana Brodsky, a la que había apodado “La bebota”, llegaba siempre desesperada para que este le solucionara sus conflictos amorosos. Bebotear es sinónimo de hacerse la linda encubriendo que uno sabe que está linda. “Soy fea, maestro”, era la frase que desencadena toda una parafernalia del personaje de Olmedo para convencerla de lo contrario.

¿Quién no ha beboteado para ver como el objeto de nuestros  deseos hace contorsiones para demostrar que piensa lo contrario. Ahora ya no tiene género. Todes hemos beboteado.

Y aunque mucho se ha escrito sobre su innovación en términos televisivos, desde improvisar hasta romper la cuarta pared, o sea, mostrar el detrás de escena televisivo (en un momento donde los decorados se respetaban a rajatabla), tirando ese espacio impoluto, mostrando que todo era de cartón pintado y que en el fondo todos éramos laburantes con distintos oficios. Chivos, publicidad encubierta dentro de los guiones, química con sus coequipers y la sensación de tipo cercano lo convirtieron en la estrella más importante del humor de esos años. Con un récord histórico en el teatro, en la temporada 86-87 en Mar del Plata.

"mostrando que todo era de cartón pintado y que en el fondo todos éramos laburantes con distintos oficios"

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Pero  hoy me puse a mirar sus sketch y no pude dejar de pensar en que fue el mejor retratista económico y político de esa época.

Nos habíamos reído tanto

Cuando volvió a la tele en el 80, junto a Susana Giménez, fue germinando  lo que sería su masivo éxito en esa década.

“El novio de la cheta” era  una maravilla, un pibe común saliendo con Susana que era la “cheta”, cuando esos “chetos” eran una tribu urbana que había llegado para instalar todo un léxico nuevo en una sociedad que aún vivía bajo el gobierno militar. Los dislates de la incomunicación eran la clave de los gags.

Pero también de ahí surgió “Álvarez y Borges”, en una versión bautizada “Grotowski y Stanislavsky”, nombre que le usurpan a dos grandes maestros de la actuación para hacer una parodia sobre sus detractores: los actores serios, que en esos años despreciaban a los populares.

Olmedo y Portales se burlaban de ellos, haciendo de dos artistas de fuste esperando un bolo mientras comentaban obras “cultas”. Siempre alguno decía “odio lo burdo, lo chabacano”, aunque al final el trabajo que conseguían era de extras y debían padecer desde guerras de tortas de crema a disfraces ridículos.

Esa historia viró luego a los conocidos “Alberto Borges y Javier Álvarez”, dos periodistas que esperaban una entrevista con el director de un diario. El origen de los tuiteros, diría sin miedo a equivocarme. Dos tipos hablando cualquier cosa con pose de seriedad. Renglón aparte sus proyectos: Borges decía que quería hacer un guión del tipo de “El vengador anónimo” y el motivo de la venganza era el chiste. Podían sucederle las peores cosas a un hombre de familia (matarle los hijos, violarle la mujer) pero cuando le pateaban al perro o le  mojaban la yema de su huevo frito con pan aparecía el vengador más implacable.

Obvio, que ni Álvarez ni Borges eran entrevistados y debían volver semana tras semana porque alguna desgracia evitaba la concreción de la cita. Y cada viernes, Olmedo llegaba cantando una canción de rock nacional mientras Portales le pedía que dejara de hacerse el “pendejo”. Era obvio que no solo los adultos disfrutaban de esta dupla y ese era el guiño para los más jóvenes. Olmedo juraba y perjuraba que solo tenía 29 años.

"El origen de los tuiteros, diría sin miedo a equivocarme. Dos tipos hablando cualquier cosa con pose de seriedad"

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Otra joya era “El señor Pérez y su esposa”, un empleado con ganas de ascender y mejorar su situación económica que complacía a su jefe (que por fuerza mayor necesitaba los objetos  más estrambóticos) y sin dudarlo, Pérez le entregaba hasta sus muebles. La historia siempre culminaba con él en las situaciones más disparatadas: si le había prestado un espejo, por ejemplo, hacía que su esposa sostuviera una olla para mirarse a través del reflejo cuando  se afeitaba, mientras ella le decía, acariciándose la panza de embarazo: “¿Falta mucho para que el señor gerente nos devuelva el espejo, viejo?” Y Pérez respondía: “Y… unos quince o veinte días, pero siempre que llovió, paró”. La eterna fuerza de la resignación mezclada con esperanza. Porque si bien con la democracia y el preámbulo estábamos mejor, aún no se comía.

Eso se podía ver también cuando Rogelio Roldán, otro empleado en su galería de personajes, iba a pedirle aumento a su jefe ya que ganaba 170 australes” (una miseria) y el jefe enloquecido ante el pedido de aumento, mientras lo ahorcaba, lanzaba el grito de “¡usted no sabe la fortuna que son 170 australes!”.

En sus anteriores temporadas del 83 y 84, otro hito fue cuando construyó su “Costa Pobre”, donde interpretaba a un dictador desopilante que vivía en un país tropical junto a su esposa “la argentinita” que se había traído de Buenos Aires y era personificada por la gran Beba Bidart, actriz y cantante de tangos que se paseaba con una boa de plumas mientras su marido llevaba una banda presidencial que decía “Tus amigos”. Otro latiguillo se introdujo en nuestras vidas: “¡de acá!”, mientras lo acompañaba un gesto con las manos, poco sutil, cuando alguien pedía su renuncia. Ante cualquier exigencia era habitual escuchar como respuesta un sonoro “¡de acá!” en la vida real también.

Su técnico cordobés explotado por el contratador italiano, fue otra gran foto. Eddie Pequenino, músico y cómico de los 60, interpretaba a un ventajista que pedía una fortuna por el arreglo de cualquier cosa y llevaba a Olmedo para hacer el trabajo. Se quedaba con la mayor parte de lo que cobraban y remataba el sketch con un “Estos cabecitas lo complican lo tutto”. Oh, nada ha cambiado.

Un país que estaba a punto caramelo para la llegada del consumo menemista y que con la partida de Olmedo despidió culturalmente una época. Un vivir con lo nuestro, una elegancia a base de trajes a medida, los restaurantes donde las especialidades eran paellas o cochinillos, y las burbujas de champagne podían ser de industria nacional aún, con el chalet de dos plantas, el Ford Sierra Familiar. O la coupé Fuego si no habías pasado por el Registro Civil.


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5 Comentarios

  • Osky says: 7 marzo, 2020 at 09:36

    Hermosa nota, as usuall.

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  • Osky says: 7 marzo, 2020 at 09:38

    No será Javier pero es Alvarez

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  • Juan says: 7 marzo, 2020 at 13:28

    Gracias Lorena por tan bello recuerdo!! Un grande nunca se va! Y el negro era eso!! Mil gracias!!
    Juan de Rosario

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  • Leonardo marcovecchio says: 7 marzo, 2020 at 15:07

    Olmedo siempre fue y será una persona maravillosa y con su generosidad que todos tenemos que aprender de Olmedo su partida me dejó un vacío en mi corazón lo extraño mucho gracias por tanta alegría nos brindaste mi angelito de la guarda de león Marko

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  • Leonardo Gallardo says: 8 marzo, 2020 at 03:58

    Muy buen relato, y descripción de lo que era el mejor programa de TV de la época.
    Aunque no puedo dejar de notificar un gran error, que rompe los ojos a cualquier lector de a pie o reposado.
    No se puede ser tan descuidado o ignorante, de escribir sobre un tema tan interesante, y estropearlo con un Todes. (en el párrafo encima de la foto de Olmedo y Susana).. De verdad leí TodEs en este texto??. Aún lo lo creo.
    Tan Lamentable, como delirante y gracioso!!!.
    Si querías hacernos reír casi tanto como lo hacía El Gran Negro Olmedo, lo conseguiste en varios de nosotros. Podes estar tranquila de eso Lorena Álvarez.
    Un saludo grande para todOs los que lean

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