20 / 04 | Cultura

EL NEGRO FONTOVA

La música tropical se desarrolló fuerte en Argentina hasta mediados de la década del sesenta. Después empezaron a arder los leños del rock hecho acá, y la música beat abrió las puertas a una movida pop fortísima que produjo la confluencia de los sellos discográficos, la televisión y un circuito musical de amplia gama. Cualquiera que revuelva discotecas de sesentones hallará muchos LP de Alta Tensión, Sótano Beat o Música en Libertad que se vendían como pan caliente.

En ese contexto retrocedieron notoriamente los ritmos tropicales quedando sólo expresiones como Los Wawancó, gran agrupación de cumbia que argentinizó el nombre ya que el Guaguancó es el ritmo más popular del complejo de la rumba cubana), El Cuarteto Imperial o Tito Alberti por nombrar los más recordados. Toda la música llegada de Centroamérica y el Caribe tenía como destinos final Lima y Montevideo, orquestas como La Sonora Matancera, o la del mismísimo Tito Rodríguez que antes venía para la época de carnaval abandonaron Argentina como destino. Y así fue que en nuestro país tuvo un desarrollo vanguardista en torno al rock. Fuimos pioneros y perdimos esa sandunga tan latina que nos traía a Celia Cruz hasta entrados los sesenta. Sobrevino la década del setenta monopolizada por el rock y el pop.

"que en el aluvión afectivo no se nos mezcle todo y su figura artística no se nos pierda entre las piernas de Sonia Braguetti"

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Ya en los ochenta, concretamente en 1982, volvieron a oírse tenuemente sonidos y ritmos que creíamos perdidos para siempre. Argentina volvía a conectarse muy lentamente con el resto de América Latina en lo musical, en radio Continental el Negro Guerrero descubría Siembra, ese LP maravilloso de Rubén Blades y Willie Colón y en su programa Reencuentro, por las tardes, de 14 a 17, llegaba a pasar dos veces seguidas “Pedro Navaja”, que dura nada menos que ¡7 minutos y algunos segundos! No casualmente fue Guerrero Marthineitz el encargado de mostrarnos qué era lo que se estaba escuchando en el resto del continente: como buen peruano tenía contacto con lo afro. Siembra se había publicado en 1978, cuatro años antes y eso da la pauta de lo afuera de toda la movida salsera que estábamos acá, que lo descubríamos recién ahí.

Mientras tanto empezaban a abrirse boliches donde se empezaban a escuchar cada vez más seguido sonidos llegados del Caribe. La Verdulería, en la esquina de Riobamba y Corrientes, fue uno de esos espacios donde sonaban grupos como Makumagüela, una big band latina. En esa época y ese año (82) de aperturas, Horacio Fontova editaba a través del sello Kriptonita Records el LP del Fontova Trío, con Carlos Mazzanti y Fena Della Maggiora. Al calor de los primeros brotes de la primavera democrática que ya se sentía en el aire, algunas emisoras tímidamente empezaron a difundir “Me tenés Podrido”, un tema con una letra de fuerte rechazo a lo que no se nombraba, que no eran otros que los militares. También pegó un exitazo con “Rumba”, que en rigor es un tema inspirado en el puertorriqueño Mon Rivera, autor del clásico “Que gente averiguá” (y ya interpretado 20 años atrás en nuestro país por Chico Novarro). El Negro no hizo nunca alharaca de su exilio en Buzios, Venezuela y el caribe, adonde se marchó buscando paz y tranquilidad escapando de la violencia que en los setenta se había desatado en nuestro país. En esos años hay que buscar la conexión con su posterior abordaje de la música popular de Centroamérica y el Caribe, siendo que su formación estaba muy ligada a lo sinfónico, y en buena parte también al folklore.

"El Negro no hizo nunca alharaca de su exilio en Buzios, Venezuela y el caribe, adonde se marchó buscando paz y tranquilidad escapando de la violencia que en los setenta se había desatado en nuestro país"

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El Nigger no se especializó en ritmos afrocaribeños sino que los rescató a su manera, que no era otra que la de una generación que buscaba abrirse camino con identidad propia, y pese a saberse rockera al palo en un punto, no estaba del todo conforme con la hegemonía absoluta de lo anglo y encontró en el rescate de Fontova las respuestas rítmicas que andaba buscando. Por aquellos años la banda Macondo sonaba muy bien en la línea de Fania, pero Fontova buscó otro camino y armó un sonido propio. Una música con un sabor tropical que pegó y muy fuerte. Vendrían temas muy bailados en las nacientes peñas estudiantiles y universitarias como “El Resbalón” y luego “Parampampan”, ya popularizado en el caribe por el sonero venezolano Oscar D’León. Víctor Cejas, cantante de Makumagüela recuerda que en acto histórico del PI, a mediados de 1982 en la Federación de Box, estuvieron junto al Negro Fontova, que tocó primero porque era menos conocido que ellos. Luego vendría la época del boliche Lo de Fontova, en Fitz Roy y avenida Córdoba. La época de “Rosita”, de la bellísima “Virgen del Carmen”, temas de segundo álbum, ése que también traía “Si me quedo sin gomas”, entre otros.

El Horacio Fontova posterior es archi conocido y hablar de esa etapa sería llover sobre mojado. Quise rescatar al Horacio Fontova que integró una movida que nos ayudó a crear un sonido propio pleno de sarcasmo e identidad latinoamericana. Por sus grupos pasaron grandes músicos como Pablo Rodríguez, que actualmente está con su saxo en Los Auténticos Decadentes, el querido bajista Daniel Maza, el gran pianista Álvaro Torres y el baterista Quintino Cinalli, nada menos. Fontova quedará inscripto para siempre en ese equipo artístico que en los tempranos ochenta nos volvió a arrimar culturalmente al resto del continente. Estará bueno tenerlo presente para que en el aluvión afectivo no se nos mezcle todo y su figura artística no se nos pierda entre las piernas de Sonia Braguetti.


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1 Comentario

  • Hernan says: 3 junio, 2020 at 01:16

    el Fontova protagónico de la versión vernácula del musical Hair también quedó afuera de la reseña

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