30 / 06 | Ciudades, Cultura

AL QUE INVENTÓ BUENOS AIRES, AL QUE PICHUCO BAUTIZÓ “EL HOMBRE GRIS”: JULIÁN CENTEYA

Me llamo Julián Centeya / por más datos soy cantor. /Tuve un amor con Mireya, / me llamo Julián Centeya, / su seguro servidor.

1.

A fines de 1922, caía el cuartel de L’Oltretorrente en la provincia de Parma, Italia, el último bastión anti fascista que sostenía la embestida de los Camisas Negras. El partido del pueblo y el socialismo italiano sucumbían ante el avance fascista. Quizás por ello, y vislumbrando el desenlace final, meses antes, en un pueblo a 75 km de Parma, Borgo Val Di Toro, el socialista Vergiatti, periodista del diario socialista Avanti, decidió emprender la salida del país.

Junto a su esposa, sus dos hijas y su pequeño hijo Hamleto más su perro “PriPri”, se embarcaron en el vapor Conte Rosso, arribando a la Argentina en abril de 1922. Quiere uno suponer, con pretenciosa nostalgia, que el tal HamletoVergiatti, con apenas 12 años, al llegar a Buenos Aires, guardó algún recuerdo de su pueblo natal. Quizás, vaya uno a saber, si de pura casualidad no caminó por esta callejuela que ilustra la entrada.

La familia pasa un breve período en la provincia de Córdoba, para finalmente instalarse en el barrio de Parque Patricios, en la capital. Cuando aún era Hamleto, cursa estudios en el Colegio Nacional Rivadavia. Institución que, cuando apenas tenía 15 años, decide su expulsión. La determinación de alejarlo de los claustros, lo lleva también al abandono de la casa paterna, recalando con sus pocos trastos en una pensión de Chiclana y Boedo.

2.

Entre algunas de las tantas rutinas que compartíamos con el abuelo, estaba la de sentarnos en el porche de la casa, en uno de esos juegos de sillones de jardín, de hierro, tan clásicos en los setenta, a la hora del mate, después de la religiosa siesta del abuelo, alrededor de las cinco y media de la tarde.

Indefectiblemente, cada día, de lunes a viernes, llegaba Tito, el canilla del barrio, y arrojaba desde su bici, La Razón 5ta., que yo trataba de atajar. Nos acompañaba una radio color roja, marca Noblex, de dos bandas. A veces se sumaba Don Raúl, un vecino casa por medio, también jubilado como el abuelo. Su familia y la nuestra eran las únicas peronistas en esa cuadra gorila. Ahí nos quedábamos hasta las siete de la tarde, momento en que indefectiblemente íbamos a la cocina y sintonizábamos canal 13 para ver El Gran Chapparral, el western que protagonizaban Linda Cristal y Leift Erickson, como la Sra. y Sr. Cannon. El miércoles era el único día de la semana que el abuelo le pegaba continuado. Seguía después del Chaparral, con las columnas del gran Américo Barrios en el noticiero y luego, sí o sí, a las 21 horas, se sintonizaba canal 9 para ver Grandes Valores del Tango.

Juliancenteya – pichuco 

Fue esa rutina la que me lleva a indagar sobre esos personajes que marcaron mi infancia. En ese programa que conducía Silvio Soldan, cuya escenografía bien podría haber sido el Armenonville o el Palais de Glace, se sentaban y tomaban champagne tipos como Ben Molar, Ulises Petit de Murát, Alberto Mosquera Montaña y Julián Centeya, para él, vaya éste rescate.

3.

Es desde esa temprana edad de los 15 años, que Julián empieza a abandonar la costumbre de ir a jugar a la pelota con sus amigos y, como recuerda un ‘gomía’ de su adolescencia en la película de Gerardo Nuñez, La vida y la obra de Hamleto Enrico Vergiatti, alliasCenteya, “Julián se rajaba para el centro”.

De su extensa carrera profesional diremos que con la publicación de La Musa Mistonga en 1964 y Piel Palabra de 1973, se confirma el poeta que fue, y por su parte, con El Vaciadero de 1971, se afianzó como escritor erudito. Conoció la Corrientes angosta y la luminosa, pero siempre volvía al sur. Solía decir que la avenida Boedo, comenzaba en Independencia y no en Rivadavia como catastralmente lo hace.

"Fue el habitante de los cafetines de peor ambiente, que se mezclaba con prostitutas, ‘cafiolos’, curdas y malevos. Los antros más ‘rantes’ de la ciudad lo tenían de cliente"

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Fue alternativamente Juan Sin Luna, Shakespeare García y Enrique Alvarado, seudónimos con los que firmó notas periodísticas. Fue el habitante de los cafetines de peor ambiente, que se mezclaba con prostitutas, ‘cafiolos’, curdas y malevos. Los antros más ‘rantes’ de la ciudad lo tenían de cliente. A pesar de ello, se dio tiempo para el amor, se casó con Elena Vattuone, hermana de ‘Nelly Omar’, de cuya unión tuvo una hija. Vivió en pensiones de mala muerte y siempre con los ‘morlacos’ justos. Tenía por equipaje una botella de caña y zanahorias fritas. Alguna vez dijo sobre Dante A. Linyera (Francisco Rímoli): “No haber tenido nada fue su todo”. Una fotografía de sí mismo.

Entre sus amigos se cuentan a Homero, Catulo, César Tiempo, Pichuco y el gran Mosquera Montaña. Al inicio, me preguntaba si habría guardado recuerdos de su natal Borgo Val Di Toro, debo responderme entonces que, viendo como retrató a Buenos Aires, y habiendo significado tanto para la cultura popular, evidentemente, Julián borró ese pasado italiano.

Las paradojas del destino, ese que no está escrito, pero siempre sorprende, hizo que, no por casualidad, dejara éste mundo al igual que Eva Perón y el maestro Roberto Arlt un 26 de julio, mientras pasaba sus últimos días residiendo en un geriátrico.

No me resta lucidez

Acaso porque no la tengo.

El alcohol no es álgebra y no reduce

Aptitudes para hallar cosas útiles

Con una estupenda inutilidad.

¿Me suicido?…

Será cuestión entonces

De ir pensando en una mortaja

A plazo…

Julián Centeya (1910-1974)


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5 Comentarios

  • Ernesto Volturo says: 30 junio, 2020 at 12:27

    Simplemente te digo que traes recuerdos que había olvidado a pesar que los vi y escuche junto con mi familia, más con un padre super tanguero y bailarín. Un gran poeta que cada noche recitaba una. En esa época había otro recitado “le decían la viuda de Gardel” yo no recuerdo su nombre. Gracias por este mensaje, me hace vivir tiempos emotivos de mi juventud. Amigo!!!!

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    • marcelo says: 2 julio, 2020 at 19:39

      Todo a su tiempo Ernesto. Julio Jorge Nelson, “la viuda”

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  • Monseuir Le Q says: 1 julio, 2020 at 23:35

    Como siempre, un gran rescate emotivo! Felicitaciones!!!

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  • osvaldo tangir says: 2 julio, 2020 at 16:52

    Entrañable recuerdo del poeta. Inventor de un decir. Alta letra nacional. Fuera de las Academias. El és el Hombre Gris, sin dudas. Y Raúl Scalabrini Ortiz es el “hombre tragedia”, mentado por Celedonio Flores en el tango Corrientes y Esmeralda, de 1932. A poco tiempo de la primera edición. El hombre que está solo y espera. Ah. La Viuda de Carlos Gardel era Julio Jorge Nelson, un speaker, un versificador, que desde 1935 hasta su raje, sólo habló del Mudo, con perdón del facilismo. Muy buena nota de Marcelo Ohienart, y no es la primera que leo de él, con este tono tan de nosotros, vívido, sensible, querendón, porteño.

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  • Mariana says: 2 julio, 2020 at 18:37

    Muy bueno.

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