13 / 02 | Ciudades, Cultura

BREVES LÍNEAS SOBRE HERMÉTICA Y SU HISTORIA INCOMPLETA

Capítulo I (No tan) Ajenos al tiempo

En la Argentina tirás semillas y sale trigo, tirás recetas de política monetaria y crecen hiperinflaciones. Acaso más que el granero del mundo somos algo así como el IPC. En cualquier momento mandan la cara de Lita de Lazzari en los billetes, deal with that. Sin perjuicio de lo cual, y más allá de lo internalizado que tenemos el tema de la maquinita, está claro que el cenit de todo este estilo nacional de vida indexada se dio en el año 1989. En realidad, ya desde 1988, fracaso del Plan Primavera mediante, comenzó un proceso inflacionario que se llevó puesto a la República de Weimar alfonsinista y generó las condiciones de posibilidad para la Blitzkrieg menemista convertible. 1989 fue así el lapso en el que todo lo que podía salir mal de la macro salió mal y que clavó en un escalofriante 3079% el índice anual de precios.

Fue en mayo de aquel año demencial, cuando entraron a grabar su primera placa los Hermética con el sello Radio Trípoli. Mayo, justamente el mes en que se dio el primer salto inflacionario y los aumentos cerraron en torno al 80%. El disco, homónimo, ganó las calles en un noviembre donde Carlos Menem ya portaba su bastón precoz. Así, hace 30 años, comenzó su andar la banda que puso en valor a la escena del metal argentino y le permitió el acceso al mainstream.


"Esa masa que leudaba debajo de radares desde finales de los 70 y ya había generado un ecosistema entre erudito e irracional, sectario y cosmopolita, antisistema y conservador"

Compartir:

El “Heavy Nacional”. Esa masa que leudaba debajo de radares desde finales de los 70 y ya había generado un ecosistema entre erudito e irracional, sectario y cosmopolita, antisistema y conservador. Un tropo alejado de las luces de la primavera democrática donde convivían de manera creativa  y contradictoria el Conurbano, Black Sabath, Deep Purple, Manal, la gauchesca, el nacionalismo y tantas cosas más que es imposible enlistarlas. Una tradición popular y obrera donde Satán, ese que tanto le permitió facturar al Heavy Metal internacional, nunca estuvo del todo invitado. En la cultura pesada nacional no se buscaba el infierno, siquiera el Ragnarok, se buscaba llegar a fin de mes y tomarse la birra en la esquina.

De aquel fermento artificial (del que sabemos mucho menos de lo que creemos saber, más allá de múltiples crónicas periodísticas romantizantes y una serie de grupos académicos que se han puesto a estudiar de forma sistemática) surgió la H. La formación que tenía en el centro al factótum, ex V8 Ricardo Iorio (uno de los letristas más lúcidos pero sin embargo sombríos de la escena nacional) y desplegados a sus costados a Antonio Romano, Claudio O’Connor y Tony Scotto. Un cuarteto que, con fuertes influencias de los ruteros Motorhead en sus bases pero también con un sello personalísimo estaba destinado a sacudir el campo local. A volverse un mito que, varias de las estaciones del calvario mediante, hoy es insumo de nostálgicos y filólogos. También de memes, pero eso es por el espiralamiento de ciertas aventuras ideológicas de su líder, que desarrollaremos en futuras entregas.

Hermética arrancó así, cimarrona y linkeada desde el vamos con un país imposible que ardía en las góndolas de los supermercados. Con condiciones de posibilidad más diseñadas por Juan Vital Sourrouille que por Ozzy Osbourne se lanzó la siempre difícil placa debut. Disco que desde el vamos destacó con una potencia inusitada, pero también una calidad de grabación irregular (justamente porque con el poco tiempo que se podían costear en el estudio, debieron practicar el one single shot más de una vez). Estas apostillas técnicas, claro está, no le eran ajenas a la industria nacional metálica (ya la calidad del sonido de las iniciáticas placas de V8 es deficitario y, sobre todo en El Fin de los Inicuos, la voz del cantante Alberto Zamarbide se pierde varias veces). De hecho, se ha narrado hasta el hartazgo como Iorio, autor de todas las letras, tenía especial cuidado en que estas escucharan correctamente y que aquellos antecedentes tecnológicos no le jugaran en contra.

"Con condiciones de posibilidad más diseñadas por Juan Vital Sourrouille que por Ozzy Osbourne se lanzó la siempre difícil placa debut"

Compartir:

Aquel contexto de producción implicó un sonido más plano que las próximas placas a reseñar (también por la ausencia del doble bombo, que incorporarían con la llegada del Pato Strunz a la batería en el año 91) en el que resaltaron la púa directa y veloz de Romano y la voz de Claudio O’Connor, aguda y penetrante. Dicha combinación musical permitió desde el vamos poner en valor su compromiso poético, inédito en la región y que resultó su sello de agua. Es tal el vuelo que tomaron las letras de Iorio (más suelto y totémico que en V8), que permite distinguir un recorrido más o menos discernible conceptualmente. En esta entrega hablaremos de la primera estación: “Hermética” y la ciudad.

La primera placa fue aquella que venía a sentar las bases del paisaje a describir: la ciudad. Un territorio urbano que se pintaba amenazante y omniabarcativo (como eran de hecho los suburbios de la dictadura militar y el hambre). Entramado obrero y poco cosmopolita, una ciudad central con reminiscencias de la Gran Londres de la revolución conservadora que dio cobijo a Steve Harris y su Iron Maiden.

Aquella geografía simbólica donde se plasmó la primera parte de la poética de la banda incorporaba asimismo una dimensión temporal (ausente en el último trabajo de V8, donde el desgaste ideológico era evidente). Establecía así un nuevo lugar temático situado en un horizonte de sentido atemporal pero actualizado en el que Iorio podría plasmar algunas de sus obsesiones como el espiritismo, el americanismo y cierto esencialismo. Esta suerte de manual de estilo se hace presente ya desde el primer tema, Cráneo Candente, donde aparecen estos versos (“Vivo el destierro del hombre nativo/ bajo las grises magias conquistantes/ que aun prosiguen traficando el miedo/ como ayer gauchos al desierto”). Venas Abiertas de América Latina, Martín Fierro y pibes pateando las esquinas del oeste. Sin embargo, también vemos una agenda que va de la mano con preocupaciones que hoy son muy claras en la agenda capitalista tardía pero que no estaban acaso tan presentes en los ochenta. “Ya no maltrates a tu animal” es la frase de inicio de una canción que se llama Vida impersonal, que tendía obvios puentes con el malestar de la cultura propio del siglo XX, pero que incorporaba la cuestión de la crueldad con los animales, tan de moda en este verano en donde los cerdos devienen jabalinas. Y la cuestión ecológica aparecía también, por ejemplo con referencias a imágenes como las de un río poluido o un basurero nuclear que se rechazaba en su llegada. Las brigadas de cueros y tachas mostraban con estos tópicos un costado greenfriendly hoy bastante menos sorprendente pero notable entonces. En la letra de la canción Yo no lo haré se encontraba expresado aquel verdadero manifiesto generacional que encontramos en Hermética. Se versaba en dicho tema sobre multitudes de jóvenes que no debían abandonarse frente al desgaste que la “impaciente ansiedad del vicio o la soledad” podía causar en ellos. Y se planteaba, frente a este diagnóstico del mundo moderno, el dilema de elegir “entre oxidarse o resistir”. Se había escrito así, casi sin darse cuenta, toda una nueva dicotomía: el Civilización o Barbarie metalero.

"“Vivo el destierro del hombre nativo/ bajo las grises magias conquistantes/ que aun prosiguen traficando el miedo/ como ayer gauchos al desierto”"

Compartir:

En la placa se incluyó, finalmente, la que seguro es la canción más emblemática de la banda, y probablemente del Heavy argento. Nos referimos a Tú eres su seguridad. Todos los elementos que configuraron la real valía de la banda y que mencionamos anteriormente, aparecen incrustados en aquella canción. El costado trashero y poderoso (tanto más desplegado en las futuras producciones), pero también una base melódica consistente e inédita. La voz de Claudio O’Connor generando por sí sola un ambiente atrapante y conmovedor. Y, especialmente, la prosa profunda y áspera que logra hacer foco en la gran comedia humana. Balzac y Distorsión al palo.

“Ajeno al tiempo, sé que quisiera seguir, pero mil voces te ahogan para que formes la cola del seguro porvenir” aparece como la línea de inicio más delicada y poderosa que se haya escrito en el rock duro rioplatense. En unas pocas estrofas, se resumía aquella gran dicotomía que hemos marcado en otros temas: la enajenación del hombre en la gran ciudad y los frenos al desarrollo de la subjetividad individual que aquellos conglomerados generaban. La tensión entre individuo y ciudad y el ejercicio de la libertad -un tema que preocupó tanto a Georg Simmel y su actitud blasé como a Henry Lefebvre y la lucha por la producción del espacio- se hacían presentes en Tú eres su seguridad. Las estrofas finales “mata el miedo que guarda el animal, limpia el cuerpo que dentro de él estás, si buscas libertad, ya no andes por fuera, hombre de mil nombres nace ya” resultan un decálogo de los coqueteos de Ricardo Iorio con el espiritismo y la presencia de un mesías con más claroscuros que el Jesús caucásico y barbudo.

Con la aparición de este disco, más el posterior compendio de cóvers llamado Intérpretes, la cosa anduvo bien, la banda comenzó a hacerse conocida y a volverse de culto. Sin embargo, poéticamente, quedaba mucho por recorrer, tanto que acaso tenga sentido hablar de eso en la próxima entrega, la del take off, y su placa más conocida, Ácido Argentino. Stay tuned.


You Might Also Like

Comentarios

Dejanos tu comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.