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COMPLETAMENTE AGRADECIDO

Adelanto del libro "Héctor Larrea. Una vida en la radio" (Editorial Gourmet Musical).

Como aquel personaje de Herman Hesse, Héctor Larrea siempre fue un poco “lobo estepario”. Se lleva bien con la soledad, es feliz entre sus silencios, metiéndose en un cine, leyendo poesía, escuchando música. Detrás del clima festivo de sus programas se agazapa la melancolía. “Soy un melancólico irrecuperable”, me dijo en el café de la esquina de la radio. Lo que se escucha todas las tardes es un personaje, un personaje hermoso, acaso el reverso del que, cuando llega a su casa, cuelga el sombrero panamá y se sienta en un sillón a revisar manuscritos, discos, libros.

En la era de la imagen ser un mito de una radiofonía en extinción le queda cómodo. Camina por la calle sin firmar autógrafos, anda en paz, como un integrante más del pueblo al que consagró su arte.

Tiene conciencia del sitio legendario en el que lo ubicó el paso del tiempo, ese trono constituido de coherencia, trabajo y talento. Reniega de ese barniz mitológico aunque, tal vez en el fondo de su ser, sabe que ese sitio se lo ganó honestamente.

"La infancia es la patria de un hombre, dijo el poeta, y la de Héctor fue una patria feliz, amasada entre la calle y la casa, entre la propaladora y la siesta"

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Seguramente se trata de humildad, pero también supone una suerte de cansancio existencial o un dispositivo defensivo. Larrea se siente más allá del bien y del mal.

En una vida se viven muchas vidas, pero en la de Larrea más. La identidad tiene distintos gajos. La de él comenzó a moldearse en Bragado, en los estirados tiempos de pueblo, donde siempre hay hueco para todo. La infancia es la patria de un hombre, dijo el poeta, y la de Héctor fue una patria feliz, amasada entre la calle y la casa, entre la propaladora y la siesta. Creció, viajó, buscó su destino. Ese aire puro de origen luego lo condimentó con una porteñidad total, abrazado por la adrenalina de las luces de la gran ciudad. Buenos Aires lo adoptó, entre sus miserias y sus picardías, entre las orquestas típicas y los rebusques por dar el “batacazo” para cumplir el sueño: hacer radio.

Y la hizo. Pura prepotencia de trabajo, claridad de objetivos. No hay magia. Sí mucho entrenamiento detrás de la amabilidad, de la alegría y buena onda y del aparente desorden que prima en su manera de encarar el noble oficio de conductor y realizador de programa populares. Al modo de un gentleman del aire y un laburante del día a día, se duerme y se levanta temprano pensando en hacer su trabajo cada día mejor. Esa es su obsesión.

Tal vez por eso, porque está tomado por el amor radial, no es un hombre de muchosamigos. Siempre buscó y encontró compañía gambeteando entre el dial y las canciones. “Ay, qué sería de la vida sin música”, me dijo aquella tarde en el café.

"Hubo un tiempo en que Rapidísimo fue la contraseña del laburante, de la ama de casa, del oficinista, del pibe al que no le gustaba el tango pero que, a través de la radio, conocía y se emocionaba con Carlos Gardel"

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En el playlist de su existencia, Regreso a la tonada parece escrito para él: “… Soy niño de nuevo, magia en la tarde”, escribió  Armando Tejada Gómez con música de Tito Francia. Es lo que siente Larrea al hacer radio: vuelve a Bragado, como a un rincón misterioso de la imaginación.

Así se hizo: “Medio chúcaro, vergonzoso, ansioso, inseguro y con un gran temor al ridículo”, confesó alguna vez. Por momentos se lleva mal consigo, pero últimamente hizo un pacto de no agresión. Mira para atrás y siente que la vida le pasó muy rápido. “Mete miedo ese vértigo”, susurra a veces.

La figura de Larrea es tan cercana, que parece que es amigo de cada uno de nosotros, los oyentes. Maneja variaciones de una argentinidad que no se le juega en ningún subrayado. Es eso que ocurre sin que nos demos cuenta: un proyecto artístico e intelectual que es, al fin, un cruce de geografías, de tierras, de canciones. Un puerto de partida más que de llegada.

Antonio Carrizo y Antonio Larrea en radio Rivadavia el domingo 11 de marzo de 1973. Al otro día comenzaba “Rapidísimo”

Su palabra es la de la cultura popular un segundo previo a que lo popular fuera apropiado por el mercado. Lo popular así, a secas, más allá de ideologías. Con firmeza y con ternura. Su oído es radial y absoluto. Hubo un tiempo en que Rapidísimo fue la contraseña del laburante, de la ama de casa, del oficinista, del pibe al que no le gustaba el tango pero que, a través de la radio, conocía y se emocionaba con Carlos Gardel. Larrea construyó un puente generacional sin aduanas en donde circulan libremente la música y el humor, el conocimiento y la memoria.

"lo que siente Larrea al hacer radio: vuelve a Bragado, como a un rincón misterioso de la imaginación"

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Este libro intenta ser, también, un homenaje al centenario de la radio argentina, que se marcó en el calendario con los denominados “Locos de la azotea”. Es tentador tomar a Larrea, hoy, como sinónimo absoluta de la radio argentina.

Desde 2008, cuando conocí personalmente a Héctor en mi rol de responsable del área artística de Nacional, después de su cumpleaños le pregunté si seguía teniendo ganas de seguir haciendo radio todos los días. “Creo que éste es mi últimoaño, amigo”, me contestó en voz baja. Esa frase la escucho, repetida, cada diciembre, mes en que se prepara la temporada siguiente. Este 2020 lo reafirmó pero públicamente, como un mantra. “Este año va a ser el último de radio para mí, es mi despedida”, dijo en un reportaje al diario Clarín que se amplificó en varios portales de noticias y homenajes anticipados en redes sociales.

Con el tiempo aprendí a descifrar su intencionalidad vitalicia, su truco: Larrea no se va a retirar jamás. Es parte del aire. La radio es su razón de ser. Su justificación. Cambiaron y cambian los formatos y lo seguiremos escuchando, desde un celular o un podcast.

Quizás por de su timidez, su humildad, o su poderosa melancolía, Héctor Larrea nunca quiso contarse a sí mismo. Por eso este libro. Es, en realidad, un relato colectivo. Larrea nos pertenece. ¿Y la barra? Completamente agradecida.


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3 Comentarios

  • Juan says: 11 octubre, 2020 at 15:07

    Maestro Larrea. Capo total

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  • Roberto Maresca says: 11 octubre, 2020 at 15:10

    Prócer de nuestra cultura. Lo escuchaba en Rivadavia y ahora en su homenaje a Gardel por Radio Nacional

    Reply
  • Juan Carlos says: 13 octubre, 2020 at 13:22

    Muy buena nota. Larrea marcó un caminó en nuestra cultura. Un grande

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