31 / 03 | Política

EL ARRANQUE

El Gobierno que asumió el 10 de diciembre estaba anestesiado. Por un lado, la parálisis relacionada a la falta de presupuesto ante una coyuntura supeditada por completo a la negociación de la deuda: todos esperando que llegue el 31 de marzo y dependiendo de la frágil e incierta posibilidad de que le salga bien la jugada a Guzmán. Por otro lado, el equipo que nació a partir de la genuina intención de Alberto de conformar un gabinete plural estaba vislumbrando las esperables complicaciones: personalidades muy diversas, con peso y agenda propia, y una visible complicación para coordinarlas que trajo como consecuencia un insuficiente nivel de decisionismo y sustancia en las políticas públicas y el rumbo del país.

Pero el Gobierno arrancó. No solo Alberto se posicionó como voz central y líder indiscutido, sino que todos los ministerios hicieron lo suyo y convirtieron al Gobierno en una aceitada máquina donde cada parte tuvo un rol específico, actuando de manera coordinada para intentar contener esta enorme crisis, teniendo en cuenta todos los factores de riesgo que podía traer aparejados. Desde el Ministerio de Salud ocupándose de preparar al sistema de salud para lo que viene, pasando por Kulfas, Guzmán y Arroyo con un paquete de medidas socio económicas para quienes serán más afectados por la crisis económica que conlleva la parálisis de la economía, hasta el Ministerio de Géneros reforzando el equipo de la línea 144 para el aumento de violencia doméstica que implica el aislamiento forzoso. Todos los ministerios activos, todos con un plan de acción ante la crisis. Y todos con una línea comunicacional clara y coordinada: la épica patriótica. 

Otro de los problemas que estaba teniendo Alberto era la falta de relato. Si bien al principio no fue un problema sino todo lo contrario (luego de meses muy tumultuosos necesitábamos una comunicación sobria y de anestesia), lo cierto es que Alberto se estaba quedando sin tiempo. La moderación y el equilibrio estaban muy bien y eran necesarios, pero en tanto no comenzaran a verse resultados concretos en políticas públicas y un claro rumbo sobre hacia dónde iba la economía, vender únicamente moderación estaba empezando a ser insuficiente e insostenible en el mediano plazo. Era necesario un hito que diera comienzo al relato de Gobierno, un componente de épica que conmoviera y movilizara, que nos hiciera sentir que tenemos un Gobierno firme que está pensando seriamente cómo va a gobernar el país. Y ese hito llegó, y con él llegó la épica. No paramos de ver estos días videos de todos los Ministerios apelando a la solidaridad, la responsabilidad y el acto heroíco y patriótico de cuidarnos entre todos. Ya sea para pedirnos que nos quedemos en casa como para mostrarnos como cientos de trabajadores y trabajadoras están dejando de lado sus vidas personales para avocarse por completo a cuidarnos: personal de salud y seguridad trabajando 15 horas por día, trabajadores de las aerolíneas trayendo compatriotas de regreso al país, costureros y tintoreros del Ejército aprendiendo a hacer barbijos. Videos con testimonios y música de epopeya que terminan con un mismo mensaje: Argentina Unida.

Todos adentro y Alberto de 9

Después de la conferencia de Alberto donde anunció el confinamiento obligatorio con Kicillok, Morales y Rodríguez Larreta al lado, Lorena García escribió en Twitter “Todos adentro y Alberto de 9”, reversionando la canción de los Caballeros de la Quema. Refleja lo que viene siendo la figura de Alberto en estas semanas: liderazgo indiscutido, una combinación de consenso y decisionismo, y algo fundamental: respaldo de la oposición. 

Además de contar con la capacidad de conducción del Presidente, el Gobierno se enfrenta a una oportunidad única: que el enemigo sea un virus. Las narrativas de los gobiernos suelen necesitar un enemigo claro para construir su relato, un contraste, algo de lo que diferenciarse. Pero eso, por supuesto, implica el riesgo de ponerte a un sector de la población en contra. Ahora todos tenemos un enemigo en común: el coronavirus. Y no solo que es un “enemigo invisible” como lo llamó el Presidente, sino que es un enemigo invisible que compartimos con todo el mundo. Acá no hay grieta, no hay miradas contrapuestas, no hay nadie que no quiera subirse al barco del embate contra el COVID-19. Estamos todos en esta. 

" el equipo que nació a partir de la genuina intención de Alberto de conformar un gabinete plural estaba vislumbrando las esperables complicaciones: personalidades muy diversas, con peso y agenda propia, y una visible complicación para coordinarlas"

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La tregua no solo le da Alberto una enorme legitimidad, capacidad política y margen de maniobra, sino que además es muy útil para contener en tiempos de pandemia. El alivio de la transversalidad, de saber que las decisiones que se están tomando tienen un consenso casi absoluto; los representantes de casi toda la población argentina (exceptuando a la izquierda) respaldan al Gobierno. Una Argentina unida contra el virus, y una red de compatriotas poniendo sus energías en salir de esta situación. 

Romper el techo

El 18 de mayo de 2019 Cristina anunció que sería candidata a vicepresidenta de Alberto Fernández con un claro objetivo: conseguir la unidad del peronismo y romper el techo de porcentaje de votos que suponía su imagen. Si bien ya habíamos comprobado que esa estrategia funcionó el 11 de agosto cuando Alberto ganó las PASO con el 48% de los votos, en estos días no paramos de ratificarlo. Decretó un confinamiento obligatorio con un enorme consenso (resulta inimaginable esto mismo en un hipotético Gobierno de Cristina). Llovieron los tweets, posteos en instagram y videos de todo tipo de personalidad respaldando al Presidente, desde la China Suárez hasta Messi, pasando por Tini Stoessel (muy cercana al macrismo) y Lali. Famosos que en otras oportunidades blanquearon su anti kirchnerismo saliendo a bancar a Alberto con ímpetu de militante oficialista. Scrolleando Facebook encontré una publicación de un tío segundo que decía “Grande Alberto!! como pusiste huevos!! habrá que ver qué pasa cuando vuelva la Porota…” (haciendo referencia a la vuelta de Cristina de Cuba). 

La figura de Alberto y su intención de superar la polarización empezó a dar resultados ante la crisis de la pandemia. Es posible que su imagen salga muy favorecida si esto no termina en colapso total, incluso entre sectores anti kirchneristas. El desafío será ver cómo seguimos cuando pase lo peor, y qué capacidad tiene el Presidente de capitalizar este boostde legitimidad.

Lo que nos dejó (hasta ahora)

La pandemia nos hace reflexionar sobre varias cosas relacionadas al Estado, la solidaridad, el medio ambiente, el Big Data, la globalización, etc., pero me quiero enfocar en una: la revalorización del rol del Estado y lo público. Es factor de tranquilidad la fuerte presencia estatal y la centralización en la asignación de recursos. Dijo Alberto “en el país tenemos salud pública, salud semi privada y salud privada; las vamos a usar todas”. No hay nada librado al azar, no hay sálvense quién pueda, hay un Estado fuerte que impone medidas drásticas con un enorme consenso. Por mencionar un ejemplo (más allá del obvio confinamiento obligatorio), Kulfas anunció que no se podrán exportar insumos médicos sin autorización, ya que si son necesarios para la crisis sanitaria deberán quedar en el país. Una medida de esas características en otras circunstancias generaría mucho ruido, pero aquí pasó sin pena ni gloria. Se valora que el Estado centralice los recursos y los administre de la mejor manera posible, se reivindica su presencia fuerte. El Estado como una red integral de contención. A las redes de solidaridad ciudadana se suma de lleno el Estado presente, en todos los niveles de Gobierno, nacional, provincial y municipal. 

"La tregua no solo le da Alberto una enorme legitimidad, capacidad política y margen de maniobra, sino que además es muy útil para contener en tiempos de pandemia. El alivio de la transversalidad, de saber que las decisiones que se están tomando tienen un consenso casi absoluto"

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Los riesgos

Alberto se posicionó como el vocero principal de la crisis; es quien anuncia los avance y da entrevistas televisivas y radiales diarias. Su tono tono tranquilo y en control transmite certidumbre. Sin embargo, debe cuidar la sobre exposición y no caer en un rol de panelista que opina de cualquier cosa. No solo porque eso implica un gran margen de error y posibilidad de decir algo desafortunado, sino también porque le quita legitimidad para cuando tenga que hacer anuncios importantes o demostrar autoridad.

Asimismo, también es necesario que abandone el triunfalismo; no sabemos cómo vamos a terminar, no está demostrado en ningún país que esta sea la receta infalible, y no debemos generar falsas expectativas ni dar la pelea por ganada.

Por último, teniendo en cuenta los casos de abuso policial y los violentos escraches a personas que “violaron la cuarentena”, es menester que se deje en fomentar desde el discurso público el punitivismo y el linchamiento. 

El Presidente tiene la posibilidad de salir de esto con un gran capital político, debe procurar no consumirlo demasiado rápido. Veremos cómo terminamos.


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