22 / 10 | Mundo, Política

DISTANCIAS

América del Sur está inquieta. Parece sacudirse incómoda como intentando deshacerse de las fajas que la sujetan. Por estos meses, existe una tendencia al fastidio que emerge desde abajo. Y Argentina, no está exenta. 

Una de las causas, entre tantas otras, está en la distancia que tomó el poder político del calor social durante este último tiempo. Un mal que aqueja tanto a los gobiernos conservadores-liberales como los gobiernos populistas de izquierda. A unos por la cantidad de años que llevan en el poder, a otros por sus políticas tendientes a dejar a cientos de miles afuera. 

Me refiero a la ceguera por decisión de aquellos que prefieren avanzar sin ver. Hasta que llega el mensaje de las urnas, hasta que llega el grito de las calles. Hasta que es demasiado tarde. Se trata de tirar de la soga lo máximo que se pueda. 


En Argentina, el resultado de las primarias forzó al oficialismo a rediseñar una campaña de cara a su electorado, con un discurso mucho más ideologizado de lo que el gobierno hubiera preferido y una serie de medidas económicas contrarias a sus principios.

"Hasta que llega el mensaje de las urnas, hasta que llega el grito de las calles. Hasta que es demasiado tarde."

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Hace unas semanas, Sebastián Piñera decía que su país era un ‘verdadero oasis en medio de esta América Latina convulsionada’. Hasta que la decisión de incrementar 5 centavos de dólar el valor del transporte público hizo explotar la protesta en las calles. Una bomba de tiempo construida en base a una desigualdad estructural arraigada por décadas.

En Bolivia, un resultado electoral que para cualquier presidente hubiera sido una victoria, para Evo Morales no significó más que una derrota. Y ahí anda lidiando con ella. Morales nunca antes tuvo que disputar la continuidad de su mandato en una segunda vuelta, tampoco que contar uno a uno los votos para evitarla.

En Ecuador, las protestas en las calles se han calmado después de un frágil acuerdo entre el gobierno y la Confederación de Nacionalidades Indígenas, organización social que no dudo en desplegar toda su capacidad de movilización a la hora de frenar el ajuste económico del presidente Moreno.  

La Justicia peruana definirá en estos días si acepta o no la decisión del presidente Martín Vizcarra de disolver el Congreso, situación que mantiene a la sociedad peruana en estado de alerta.

"Morales nunca antes tuvo que disputar la continuidad de su mandato en una segunda vuelta, tampoco que contar uno a uno los votos para evitarla"

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Por su parte, el gobierno venezolano vuelve a surfear la pared de la ola. Esa parte limpia y sin espuma donde parece consolidarse de manera silenciosa aunque, en verdad, no hace más que ganar tiempo antes de romper de nuevo ante un escenario sin solución aparente.

Mientras tanto, una parte importante de la sociedad brasileña, agotada por el desgaste político que inauguró la causa Lava Jato, se aferró a la ficción de orden que pudo. 

En cada caso y con sus diferencias, excepto por Brasil que se encuentra en un momento político diferente, encuentro una variable común que es la distancia del poder político con el calor social.

Me interesa aclarar el caso menos evidente: Bolivia. 

Si Morales pierde su cuarto mandato como presidente o debe pelear centésimas para no ir a segunda vuelta, será por su falta de lealtad a esa institucionalidad política que él mismo supo construir.

Evo no sólo hizo crecer la economía boliviana a un 4% anual, bajó la pobreza extrema de 38% en 2005 a 15% en 2018, incrementó las reservas en 29%, todo con bajos índices de inflación, sino que construyó la idea de orden. 

Morales llegó en 2006 al Palacio Quemado después de que, entre 2001 y 2005, Bolivia pasara por cinco presidentes que van del dictador Hugo Banzer Suárez, su vice el conservador Tuto Quiroga, el liberal Sánchez de Lozada, quien abandonó el poder después de la masacre 2003, y el actual candidato a presidente de la oposición, Carlos Mesa. 

Hace unos años, el presidente boliviano decidió desconocer el resultado del referéndum al que él mismo convocó poniendo la decisión del  Tribunal Constitucional por encima del voto popular, convencido de que las buenas variables económicas pesarían más a la hora de definir el voto. 

Y sin dudas, así fue. Morales consiguió, hasta el momento del cierre de esta nota un 46% de los votos que tal vez esquiven la segunda vuelta. Sin embargo, el mal manejo político en el tema de la habilitación para una nueva reelección ha manchado lo que sigue en este proceso electoral, más si a esto le sumamos el confuso proceso de conteo de votos.

En definitiva, el tema está en si creemos o no en esa voluntad general que da forma a todo sistema democrático-liberal en el cual estamos insertos. Algo tan elemental como eso. Una voluntad que es general en tanto relación al Estado considerado como un todo, no porque todos pensemos igual, ni porque estemos todos de acuerdo.

Una situación que se ve agravada cuando ese sujeto individual o corporativo que cuenta con responsabilidad de Estado lanza, desde el poder, la frase de cotillón: ‘la gente está confundida, nosotros tenemos la razón’ como pasó en Argentina en 2015 pero también en 2019.

Si en ese momento no se abre paso a lo que sigue aparecen, de un lado, las vanguardias que por izquierda caminan delante de su gente contándole cómo son las cosas. Del otro, las tecnocracias que por derecha dicen ver lo que una mayoría ignorante no puede ver y son incapaces de sentir aquel dolor que una mayoría sensible no puede dejar de padecer.

"Piñera decía que su país era un ‘verdadero oasis en medio de esta América Latina convulsionada’. Hasta que la decisión de incrementar 5 centavos de dólar el valor del transporte público hizo explotar la protesta en las calles"

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Y después, la sorpresa. 

El desconcierto de Moreno en Ecuador. Un presidente que desplegó un programa de ajuste sugerido por el FMI pero que parece haber olvidado que llegó al poder con los votos de una fuerza política de izquierda encabezada por, su ahora principal opositor, Rafael Correa. 

La frustración de Morales en Bolivia cuando, aún con los mejores índices económicos de la región y una estabilidad política sin precedentes, un porcentaje de su electorado decide darle la espalda después de que decidiera desconocer la voluntad de una mayoría en las urnas en la última consulta directa.

Las horas tremendas que vive Piñera, ni que hablar la sociedad chilena, quien seguramente creyó que podía seguir escondiendo debajo de la alfombra treinta años de demandas por una sociedad un poco más igualitaria.

"Mientras algunos piensan que el error del gobierno argentino pudo haber estado en no ajustar tanto como debían en el momento que tenía los votos, América del Sur reacciona espasmódica ante cada recorte en la calidad de vida"

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La inocencia política del actual presidente argentino al pensar que se podía llevar puesta una clase media robusta en un país con tradición de organización política como pocos en América Latina. 

Y en ésto estamos metidos, a una semana de las elecciones presidenciales, en Argentina. Mientras algunos piensan que el error del gobierno argentino pudo haber estado en no ajustar tanto como debían en el momento que tenía los votos, América del Sur reacciona espasmódica ante cada recorte en la calidad de vida las mayorías así como en el derecho a la existencia de las minorías.

Lo cierto es que las sociedades están más alertas que nunca y recuerdan que sus votos no funcionan como cheque en blanco en la escena política. Lo vemos en Argentina pero también en el resto de América Latina. 

El desafío más elemental de la dirigencia política está en no perder el pulso de la calle por más construcción hegemónica del poder que se tenga. Una regla de oro para los que están, pero también para los que vienen.


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2 Comentarios

  • Domingo Vitale says: 22 octubre, 2019 at 14:11

    Muy interesante real y amena nota

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  • computer says: 28 octubre, 2019 at 10:52

    GODDESSNETWORKS http://icomputerdenver.com/

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