30 / 07 | Cultura, Mundo

EL CANARIO AQUEL

A 11 años de la muerte del Canario Luna.

La voz del Canario Luna, ese timbre, ese quiebre justo, esa calle. Entre la nostalgia y la picaresca, siempre invocando los fantasmas del carnaval. Había hecho su aparición estelar con Jaime Roos, allá en 1985, el año de la vuelta a la democracia uruguaya.

La murga era resistencia, era pueblo; se componía en todos lados: cantinas, atrás de los tablados, se rechiflaba subido a un camión. Desde unos años antes, el Canario le venía pidiendo al Jaime una canción para él. Hasta ese momento metía los bocadillos en canciones. Destacaba, pero aún no llegaba su momento.

"Desde unos años antes, el Canario le venía pidiendo al Jaime una canción para él"

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En medio de la composición de “Brindis por Pierrot”, Jaime descubrió que tenía la canción para el Canario. A partir de ese momento escribiría con su voz en la cabeza.

Y la terminó. Y llegó a la voz del Canario. Y fue un explosión total.

De punta a punta en el dial uruguayo sonaba la voz del Canario. Nacía otro artista, otra carrera y un quiebre en la identidad uruguaya. Porque esa canción de cuna orillera, de bien alto el Cerro, ahora se escuchaba a todas horas allá en Carrasco, en Barrio Sur y en los autos lujosos en plena rambla del centro.

“Brindis por Pierrot” fue, y es, una gran evocación de la cultura popular uruguaya. El borracho que aguanta el mostrador ve pasar fantasmas, delincuentes (“qué será de los porteños, ocupando el Liberaj”), las murgas (la Gran Muñeca, Línea Maginot), la dictadura (resumida en “este brindis por Zelmar”, recordando a Zelmar Michelini).

“Brindis por Pierrot” funcionó como “Solo le pido a Dios” para el Canario. Esa canción que le dio todo y la que eligió dejar de cantar por un tiempo. Pero sobre todo, fue el encuentro de una voz singular con una composición.


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