22 / 09 | Cultura, Lo de siempre

EL CANTOR DEL GENERAL

1.

Nació en noviembre de 1915 con el nombre de Carlos Di Loreto. Sus padres, inmigran­tes italianos, procurando lo mejor para su hijo, creyeron oportuno mandarlo pupilo al Cole­gio San José de La Plata, aquel que fundara el Arzobispo Terrero en mayo de 1902, en­comendando su dirección a los Padres Betharramitas. Su voz ya comenzaría a destacarse integrando el coro de la escuela. Años más tarde se instala en el barrio de Constitución, más precisamente frente al Mercado Proveedor del Sud, ubicado en la desparecida manzana de Bernardo de Yrigoyen, San Juan, Lima y el Pasaje Achupallas, justo debajo del rulo de las autopistas 25 de mayo, Balbín y Arturo Frondizi.

Gracias a los rescates del fallecido periodista Ricardo Di Chiara, creador de la señal Todo Noticias en 1993 y dueño del archivo periodístico más importante de América Latina y peronista confeso, entre otras tantas cosas, pudimos acceder a algunas historias no tan conocidas de Carlos Di Loreto. Según cuenta en “La Radio Que Yo Viví”, Carlos fue un hombre de una sólida cultura, profesor de inglés y licenciado en filosofía, que participó en 1938 en la desparecida Radio Prieto, en la formación de “Los Bohemios”, grupo cómico liderado por Mario “Cariño” Pugliese, (una especie de Les Luthiers durante la década infame) junto a Zelmar Gueñol y Guillermo Rico. Puede ser considerado el primer imitador de la radiofonía argentina. Su garganta copió a la perfección a Carlos Gardel, Charlo, Corsini y otros cantores de moda de esos años. Paralelamente realizaba traducciones de inglés para un periódico, así que, con ambos ingresos pudo costearse la carrera universitaria.

No sabría en esos momentos que la changa de la radio se convertiría en su profesión para el resto de su vida. Siendo profesor de filosofía y letras, es convocado por Tito Martínez Delbox para la “Caravana del buen humor”, que cambiaría su nombre por “Cruzada del buen humor” al vencer el contrato de su sponsor: los cigarrilos Caravana. Paralelamente, Mariano Mores lo contrata para una gira sudamericana. En esos años, ya era Carlos Acuña.

"Cuando lo convoca Carlos Acuña, el negro Cele vivía en las afueras, y al terminar siempre de madrugada, mientras esperaba el primer tren que lo devolviera a sus pagos, interactuaba con otros tantos trasnochados contando historias de tango, de box y de la noche porteña"

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2.

Algunos sostienen que con Mores fue el mejor momento de su carrera. Puede que sí, pero hasta ese momento, el futuro le depararía otros tantísimos grandes momentos. Ocurre que a Mores, Acuña le estrenó los tangos Uno, La Calesita y Patio de la morocha. En 1941 se incorpora por un breve lapso a la orquesta de Carlos Di Sarli. En condición de solista vuelve a presentarse en clubes, confiterías y bailongos junto a su amigo entrañable, el “negro” Celedonio Flores. Dicen que cuando le propuso que fuera su maestro de ceremonias, sólo bastó que le entonara los versos de los tangos Pan y Sentencia, ambos con letra del gran Cele. El Negro no fue sólo el amigo y compañero de escenario, fue el porteño ciento por ciento, conocedor del lunfardo, la bohemia y el barrio. Cuando lo convoca Carlos Acuña, el negro Cele vivía en las afueras, y al terminar siempre de madrugada, mientras esperaba el primer tren que lo devolviera a sus pagos, interactuaba con otros tantos trasnochados contando historias de tango, de box y de la noche porteña. Fue junto a Celedonio que una noche vieron a un pibe que bailaba el tango en los clubes, al que le dijeron que no podía bailar más gratis, así que, al otro día de ese hecho, debutaría en el café La Armonía de la avenida Corrientes, pero cobrando, Jorge Martín Orcaizaguirre, más conocido como Virulazo.

3.

Con la “Revolución Fusiladora” en el poder en 1955, Carlos Acuña se exilia en España para poder seguir cantando. En la península ibérica traba gran amistad con otro exiliado, el General Juan Perón, de quien llegó a ser delegado personal. Estuvo, como el General, diecisiete años en el exilio. Llevó el tango y su particular manera gardeliana de engolar a la vieja Unión Soviética y Japón. Según contó el mismo, llevó el tango a 36 países. De la misma manera, también hizo amistad con el dictador Francisco Franco, que tenía pre­dilección por el tema Tomo y Obligo que decía, conoció en las trincheras cuando la guerra civil española. Sin embargo, la admiración que le dispensó Pilar Franco, Carlos Acuña la aprovecho para conseguir documentos para argentinos que llegaban exiliados a España. Volvió al paíscon Perón. Para 1978 participa en varios programas de TV y Radio. Grabó en su retorno los tangos Isla de Flores de Senez-Machado y Medallita de los Pobres (Virgencita de Pompeya) de Almeyda y Maroni. Participó activamente en la campaña presidencial de 1989, acompañando a Carlos Menem, concurriendo a actos e incluso dando charlas en distintas Unidades Básicas. Para 1990 regresa a España por un breve período. Ya transitando lo que serían los últimos años de su vida, vuelve a instalarse en nuestro país.

"Estuvo, como el General, diecisiete años en el exilio. Llevó el tango y su particular manera gardeliana de engolar a la vieja Unión Soviética y Japón. Según contó el mismo, llevó el tango a 36 países"

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4.

Cierta vez, en la que estábamos viendo con el abuelo Américo una actuación suya en la televisión, repentinamente se fue de la cocina para volver a los pocos minutos con una fotografía y una cajita pequeña. Es ahí que me relata que, cuando Carlos Acuña decidió lanzarse como cantante solista un carnicero como yo, un español del Mercado de Constitución, al que Carlos solía comprarle, lo chicaneó con que un cantante de tangos no podía llamarse Di Loreto, tal su apellido, así que entonces uso el seudónimo Carlos Dillon, y fue peor. El carnicero lo retó y le dijo que menos que menos un apellido inglés. Así que Carlos decidió usar tomar el apellido del carnicero: Acuña. Le pregunté entonces por la cajita y la foto. Si ves la foto me dice, verás que estoy con tiradores, bueno, cuando Carlos volvió de España y después de haber pasado tanto tiempo con el General, empezó a jactarse de que los tiradores, que todo el tiempo mostraba, se los había regalado Perón. Bueno, no serán del General, pero es esta caja están los tiradores que use en esa foto, y que ahora son tuyos, es mi regalo. Para 1980, el abuelo ya había partido, como dice Martín Garcia, al Comando Celestial, y en esos años se pusieron de moda los pantalones “Baggy”, que en su mayoría eran de jean, aunque yo tenía unos de gabardina. Así que le pedí a mi vieja que cosiera los seis botones necesarios en el interior de la cintura, y muy orgulloso andaba a mis 16 años con los tiradores sujeta pantalón del abuelo Américo.

5.

Para cerrar, cuando en la vieja radio El Mundo, Acuña junto a Ernesto de la Cruz y Alba Savino participaban de la audición Estampas Porteñas, intervinieron en un hecho inédito. Durante una temporada, antes del fútbol que transmitía la Cadena Azul y Blanca de la misma radio, en cada cancha que había transmisión, se levantaba una tarima en el centro del campo y previo a cada partido, los 3 actuaban allí. Mientras, tanto el público en la cancha como los oyentes, escuchaban en directo sus actuaciones.

Carlos Acuña, “el cantor del General”, nos dejó para siempre a los 83 años el 19 de febrero de 1999.


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1 Comentario

  • Ernesto Volturo says: 22 septiembre, 2020 at 14:28

    Fue un GRAN PERONISTA. de la talla de HUGO DEL CARRIL, tuve el placer de conocerlo en mis primeros años de trabajo en un acto del 17 de octubre en la Ciudad de Lugano, donde deleitó con su voz diversos temas y finalizó con La Marcha Peronista. El acto se llevó a cabo cerca de la ENET Neo 13 en la intersección de Chilavert y Carhue. Muy querido por ser una persona cálida. Un nuevo recuerdo a venido a mi memoria, todo esto es bueno como me tenés acostumbrado además de hacerme revivir acontecimientos gratos, que hasta hace instantes no lo tenía presente. Que puedo decirte mil gracias!!!!

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