18 / 08 | Ciudades, Cultura

EL CRACK

Hacedor de películas potentes, guionista de films icónicos, asistente de dirección de cintas taquilleras, maestro de directores destacados como Juan José Campanella y Lucrecia Martel, Presidente del festival de Cine de Mar del Plata, leal con sus amigos al punto de “guardarlos” en su oficina en pleno 76, como cuenta Camilo Juárez País, cuyo padre fue desaparecido al poco tiempo, y testigo de un tiempo donde el cine era la ventana perfecta para las fantasías.

Así podríamos describir de un plumazo al director José Martínez Suárez, un caballero de antaño cuyo humor refinado, memoria prodigiosa y  amorosidad para relatar historias lo convirtieron en un placer para sus interlocutores. Su partida hoy nos deja un poco más huérfanos de ese siglo XX que se extingue raudamente.

"un caballero de antaño cuyo humor refinado, memoria prodigiosa y  amorosidad para relatar historias lo convirtieron en un placer para sus interlocutores"

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Aunque durante años vivió bajo la sombra de sus famosas hermanas, las Gemelas Legrand, en especial de Mirtha, pilar fundamental del divismo vernáculo, gracias a críticos como Fernando Martín Peña, por citar un ejemplo, halló el espacio que le correspondía: la de un notable creador de películas y un habilidoso integrador de actores de distintas generaciones.


Horas acompañando a sus hermanas lo llevaron a mitigar el aburrimiento actuando como extra o “che pibe” dentro de los estudios de la era dorada del cine. Apasionado por ese detrás de escena mágico, aprendió todos los secretos del mundo del celuloide, al que no abandonaba ni en sus horas libres, ya que solía ver muchísimas películas con la misma fruición que un espectador amateur y apasionado. “Sunset Boulevard” de Billy Wider, fue una de sus obsesiones. Imposible contar las veces  que la vio.

De su paso como asistente de dirección podría citarse la muy exitosa “Deshonra”, la película más taquillera de 1952, dirigida por su cuñado Daniel Tinayre y protagonizada por un dream team: Fanny Navarro,  Guillerno Battaglia, Tita Merello, Aída Luz y Mecha Ortiz. Figuras inmensas del cine de esos años.

"Horas acompañando a sus hermanas lo llevaron a mitigar el aburrimiento actuando como extra o “che pibe” dentro de los estudios de la era dorada del cine"

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Como guionista adaptó junto a Gius una de las grandes películas de los 70, “La Mary”, dirigida también por Tinayre, basada en un libro de Emilio Perina y protagonizada por Susana Giménez y Carlos Monzón, film que debido al éxito de la miniserie que emite Space en la actualidad, fue exhibida, en su versión remasterizada, hace pocos días por la misma señal.

Y como director me quiero quedar con dos de sus creaciones. Mi favorita y su favorita.

Mi favorita: “Los Chantas”, una maravilla de la porteñidad en decadencia, con un elenco que no hace otra cosa que confirmar su ojo y su mano delicada para transmitir mundos reconocibles y a la vez lejanos. Basada en una historia original que le acercó Norberto Aroldi, nos trae a un grupo de perdedores tratando de zafar con picardía en una ciudad que está mutando. Zafar hasta pegarla. Liderados por el Flaco Aroldi, un lumpen que cree que está para más, desfilan por el conventillo que los amucha María Concepción César, Darío Vittori, Juana Hidalgo, Ángel Magaña, Héctor Pellegrini, Olinda Bozán, Cacho Espíndola y un inmenso Tincho Zavala, cuya actuación dramática agiganta su eterno oficio de actor todoterreno. Del lado de los “ganadores” ubica a Elsa Daniel, Lautaro Murúa, Jorge Salcedo y Alicia Bruzzo, sutilmente mezclados con esos opacos esperanzados en su mundo de trapisondas que creen poder sacarle ventaja a los verdaderos “triunfadores”.

"un notable creador de películas y un habilidoso integrador de actores de distintas generaciones"

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La desesperanza, la amistad y el amor incondicional y posible, son el retrato de un 1975 que despide un tiempo de cafetines, “burros” y timba. Los años venideros no serían tan amenos y su siguiente película en 1976, “Los muchachos de antes no usaban arsénico”, lo confirma.

Su elegida: “Noche sin lunas ni soles”. Un policial basado en un libro de Rubén Tizziani, filmada en la primavera alfonsinista, con dos de los galanes más atractivos de los años ’60, Alberto de Mendoza y Lautaro Murúa, un dúo deluxe, que debido al recambio generacional habían perdido su status de luminarias.

El film cuenta  la historia de “El Cairo”, un ladrón que se escapa de la cárcel ayudado por una  banda de delincuentes y la porfiada búsqueda de un policía obsesionado con atraparlo.

En el medio, una mujer que tiene amores con el jefe de la  banda, pero se enamora de “El Cairo” y huye con él, ambos saben que los oportunos cómplices solo quieren el botín escondido por el prófugo y una vez que lo obtengan, será hombre muerto. Calor, sexo, corridas y una Luisina Brando hermosa y osada, amada por la cámara desde la primera toma. Un policial homenaje al cine negro de los ’40 donde nada sale como el protagonista desea.

Pero a pesar de mi caprichosa selección, su filmografía abarca “Dar la cara” adaptación del libro de David Viñas y fotografía del inmenso Ricardo Younis, “El crack”, con una bellísima música compuesta por Astor Piazzolla y “Los muchachos de antes no usaban arsénico”, hecha remake  este año bajo el título de “El cuento de la comadreja”, dirigida por su alumno Juan José Campanella que, como buen conocedor de las pasiones de José, le agregó varios guiños sobre “Sunset Boulevard”.

Hoy gracias a  YouTube pueden verse sus películas, pero por favor, dispongase a mirarlas con los ojos cristalinos del amor. Los ojos que tenía José cuando hablaba de esa ventana perfecta para la fantasía que era el cine. 


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1 Comentario

  • Julio Fernández Baraibar says: 18 agosto, 2019 at 13:57

    Hermosa y tierna despedida, escrita como se escribía antes y como nunca debió dejarse de escribir.

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