07 / 08 | Política

EL LUGAR DE LOS VENCIDOS: ENTRE LA RESISTENCIA Y LA ORGANIZACIÓN

Melón Pirro, Julio César (2018). La resistencia peronista. O la difícil historia del peronismo en la proscripción (1955 – 1960). Mar del Plata: Eudem.

En el transcurso de los años de proscripción y desconcierto, el peronismo transitó por diversos caminos paralelos cuyo grado de institucionalidad fue variable. La violencia, el sindicalismo y la integración política fueron presentados como herramientas válidas para evitar la desaparición de una identidad política dispuesta a persistir en el tiempo.

Por este motivo, la historia del peronismo consagró a la resistencia como un periodo de sacrificio, lucha y un sinnúmero de testimonios personales que acreditaban su valía dentro de la amplia constelación del movimiento. Sin embargo, como bien muestra el trabajo de Julio César Melon Pirro en la materia, la contrastación con las fuentes evidencia que la complejidad inicial de la desarticulación del partido peronista y del exilio de su conductor decantó en una nueva serie de estructuras menos solidas y en la participación dispersa de actores que originalmente no se encontraban dentro de la estructura partidaria original. 


Así convergen militantes dispersos, que sin una organización bien articulada detrás buscan hostigar al gobierno militar generando condiciones para la tan ansiada vuelta de Perón desde el exilio. Un movimiento sindical que, luego de haber perdido dirigentes de peso producto del encarcelamiento de las cúpulas sindicales, se reorganizó detrás de unas segundas y terceras líneas menos acostumbradas que los viejos dirigentes a negociar su accionar con el Estado. Esa transformación dentro del mundo del gremialismo queda bien expuesta por Melon Pirro a la hora de explicar el peso determinante que tomaron los gremios durante este periodo. 

"la complejidad inicial de la desarticulación del partido peronista y del exilio de su conductor decantó en una nueva serie de estructuras menos solidas y en la participación dispersa de actores que originalmente no se encontraban dentro de la estructura partidaria original. "

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Por último, la figura del propio Perón en el exilio buscó liberar las acciones que condujeran a la creación de un caos reinante que le permitieran volver al país, o en el mejor de los casos, que evitaran la aparición de un nuevo liderazgo que eclipsara su figura y opacara su conducción a distancia. 

Si los sindicatos contribuían a mantener una organización del peronismo aún sin nombrarlo, y la militancia mantenía la presión contra el régimen militar, el deterioro de las condiciones para la vuelta de Perón al país generó suspicacias dentro de los demás partidos políticos e intentos propios dentro de la cúpula de la CGT.  

Si algo logra el autor de forma clara y didáctica es quitarle el barniz de lo heroico a los acontecimientos y buscarle una explicación desde los intereses de los propios actores políticos que intervienen. Es por eso que para Melon Pirro, ni Perón ni Cooke son los principales exponentes de una radicalización izquierdista del peronismo en esta nueva faceta, sino los garantes de una ingobernabilidad que devolviera al líder del justicialismo al país o evitara el encumbramiento de una nueva figura política que se hiciera con ese electorado vacante. 

Por tanto, no hay una radicalización política dentro del peronismo que lo separe de la ortodoxia. Más bien conviven dos formas diferentes de actuar dentro de la coyuntura descripta vinculadas al nivel de exposición y cercanía con el poder. Es destacable repetir que, como afirma el autor, la radicalidad estaba definida más bien por una lejanía del poder político que por una voluntad práctica y organizada que derivara de ella. 

En organización institucional, el sindicalismo fue sin dudas el gran sostén del peronismo durante todo el periodo analizado y es por eso que no sorprende que el gran hito de la resistencia en su primera época haya sido la toma del frigorífico Lisandro de la Torre el catorce de enero de 1959 y la respuesta de Frondizi fuera tan contundente como para desarticular todo intento similar con la aplicación del Plan Conintes.  

El libro tiene una estructura definida por una multiplicidad de capítulos. Si bien están articulados de forma cronológica permiten dar cuenta del periodo y, para un lector más preparado en el tema, pueden ser leídos de modo unitario. 

Los tópicos adoptados constan de una descripción principal de la resistencia política impuesta por la militancia peronista, en los que destacan el levantamiento armado del general Valle, los sabotajes en los lugares de trabajo y la reconstrucción de las nuevas redes clandestinas que buscaban rearticular al desmadrado partido peronista. 

"Por tanto, no hay una radicalización política dentro del peronismo que lo separe de la ortodoxia. Más bien conviven dos formas diferentes de actuar dentro de la coyuntura descripta vinculadas al nivel de exposición y cercanía con el poder."

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Hay un elaborado tratamiento de la evolución de los sabotajes, que pone de manifiesto el grado de desorganización que la resistencia tenía y la construcción estatal del enemigo terrorista, como un antagonista que estando por fuera de la ley golpeaba al Estado y a la sociedad por igual. Esto se vuelve aún más presente cuanto más se recrudece el conflicto con Perón en el exilio y se muestra de forma inequívoca en las marchas y misas celebradas en homenaje a Eva Perón. 

Finalmente, hay un muy buen trabajo explicativo del rol jugado por las organizaciones gremiales durante el periodo. Se caracteriza la transformación del sindicalismo desde la renovación de las cúpulas sindicales, la creciente conflictividad laboral y la confluencia en la toma del frigorífico Lisandro de la Torre. 

El resultado del trabajo de Melon Pirro es una ajustada caracterización del periodo que permite una introducción a las prácticas políticas, sindicales e incluso violentas de la resistencia peronista. Indaga sobre el perfil del peronismo fuera del poder y su lucha constante por evitar la “desperonización” de la sociedad por parte de las Fuerzas Armadas. En definitiva, torna visible la persistencia de un movimiento político que, hasta nuestros días, se resiste a ser desterrado como identidad política. 


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