11 / 09 | Dossier AMBA

FRAGMENTOS SOBRE UN DISCURSO SOBRE LA VUELTA AL CAMPO

Agustín Cesio @agustincesio Politólogo (Universidad de Buenos Aires). Docente universitario (Facultad de Ciencias Sociales – UBA). Periodista

Cuando el ministro de Seguridad bonaerense lo sindicó como uno de los promotores de las tomas de tierras, Emilio Pérsico quedó en el ojo de una tormenta que va más allá del Frente de Todos. Lo que siguió es de dominio público, por eso es poco útil e interesante acotar demasiado, a excepción de dos cuestiones.

La primera implica no mirar para otro lado: la tentación de acusar a los movimientos sociales existe y es compartida por algunos funcionarios, intendentes y casi toda la oposición. En capas no tan profundas de la coalición oficialista toma presión un magma que tal vez fluya más allá de sus límites. Cada gobierno baila con la que le toca en suerte pero todos enfrentan el mismo desafío: encarar la fractura social argentina.

La segunda acotación implica mirar por encima del hombro y hacia atrás: la tierra, sus usos y la vivienda son un asunto propio, pendiente y estructural del Gran Buenos Aires. Por eso, para tratar como se debe la cuestión urge despejar las tematizaciones circunstanciales, salir por arriba de este laberinto marechaliano y pensar en sus propios términos cómo viven los más necesitados de la región.

El 7 de agosto, una extensa conversación del secretario de Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social en duplex con Crisis y Nación Trabajadora mostró una punta del ovillo. Paula Abal Medina y Mario Santucho describieron a su modo una incomodidad con lo dado que existe en el ambiente: “la pandemia pone en evidencia la necesidad de otros parámetros civilizatorios” para “la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir”, es decir, el Área Metropolitana de Buenos Aires.

Gala Abramovich

En medio del despliegue de su locuacidad, Pérsico dejó algunas impresiones sobre la vuelta al campo. Interesa pensar en serio si esta es una alternativa posible frente a la concentración que aqueja a nuestro país, a los más humildes pero también a esa clase media que una vez fue algo y hoy se debate entre ser y no caerse del mapa.

Probablemente el tema se cuele en la agenda. Ya lo hizo en el Congreso: el Frente de Todos presentó un proyecto para crear el programa nacional “Marcha al Campo”. La iniciativa apunta al arraigo y a revertir la migración a la ciudad; busca fomentar el trabajo rural (mediante créditos o subsidios que incentiven la localización y la producción) para mitigar la macrocefalia argentina. La idea es interesante pero su punto débil, tal vez, es que su autora y más de la mitad de los firmantes son oriundos de la Región Metropolitana. No se trata de una objeción, mucho menos de algo ad hominem: sólo hay que apuntar que pensar el asunto en términos metropolitanos puede provocar una fuga campestre.

"el Frente de Todos presentó un proyecto para crear el programa nacional Marcha al Campo. La iniciativa apunta al arraigo y a revertir la migración a la ciudad; busca fomentar el trabajo rural para mitigar la macrocefalia argentina"

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Pero volvamos a Pérsico. En la cabeza de este hábil declarante, la vuelta al campo se debate entre el decrecionismo y la posibilidad de ciudades fábrica (dos, tres, muchas). Lejos del refrito, este Dossier AMBA publica fragmentos inéditos de la conversación del líder del Movimiento Evita con Abal Medina y Santucho. Un lado B:

Las crisis profundas aceleran procesos que ya se venían desarrollando, desde la disputa por la hegemonía entre China y EEUU hasta la discusión de los modelos alternativos. Es como un tobogán, todo se acelera por las enfermedades que este capitalismo supranacional expandió por el mundo. Durante estos años, el mundo se urbanizó de una manera muy acelerada y en Argentina esto fue mucho más profundo. Se pasó de un 60% de población agropecuaria a un 92% de población urbana. Si los alimentos ecológicos valían un 60% más, al final de esta pandemia valdrán un 500% más. Por eso es una bandera de los sectores populares el buen comer, el comer sano, estar en contra de los alimentos transgénicos y de estas cosas experimentales que han hecho durante mucho tiempo. Los sectores populares pelean contra las consecuencias de este capitalismo y aparecen renglones claros de un proyecto de país alternativo. Nosotros, desde la economía popular, hemos escrito un pequeño renglón. Ahora aparecen otros: un nuevo sistema productivo, volver al campo, la vieja idea de Perón de ciudades fábricas copiada de Alemania hoy da vueltas por el mundo. ¿Qué industria va a venir a instalarse en una megaciudad como Buenos Aires? Aparecen más ideas alternativas, como una reforma urbana, una reforma agraria o el avance de la industria nacional que se produce en EEUU. Eso da una oportunidad de construir una burguesía nacional con una industria nacional diferente y un estado fuerte.

No discutimos qué vamos a producir porque eso lo define el empresario, ni discutimos cómo lo vamos a producir porque eso lo define el mercado. Esas son las discusiones de fondo. Lo que va a venir no es el mundo que soñamos, para eso hace falta más acumulación de fuerza en los trabajadores. No alcanza pero hay cosas que se pueden discutir y hacer. Esto que digo, que las empresas no estén más en esta megaciudad y llevar a la práctica la idea de ciudades fábricas, para no decirte reforma agraria o vuelta al campo. Hoy se discute en todo el mundo tener ciudades fábricas, porque eso genera un lugar mucho más digno de vida. Me gustaría ir a San Nicolás o Ramallo y ver el barrio que se construyó alrededor del polo siderúrgico nacional y estatal. La fábrica esa era una belleza, la gente vivía en un parque, con un chalecito, club de fútbol, hasta un centro de equitación que se le había ocurrido a Perón o a los milicos, lo que sea, porque en ese momento los que hacían el acero eran todos de caballería. Entonces hagamos un centro de equitación para los trabajadores.

"La vieja discusión del movimiento villero con el cura Mujica era esa, que construyan monoblocks a no sé cuántos kilómetros de acá, te lleven allá y te radiques. En ese momento, decíamos “radicación en el lugar”, pero hoy planteamos una nueva urbanización"

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La resolución del problema estructural ya no es más la erradicación de villas. La vieja discusión del movimiento villero con el cura Mujica era esa, que construyan monoblocks a no sé cuántos kilómetros de acá, te lleven allá y te radiques. En ese momento, decíamos “radicación en el lugar”, pero hoy planteamos una nueva urbanización. Esto no va, el neoliberalismo construyó estas megaciudades que son infelices. Nosotros creemos en el tema de las pequeñas ciudades o ciudades fábricas, ciudades comunitarias, ciudades en red. Ese proceso que se da en Europa, que lo discuten los sectores progresistas de allá, lo hacemos nosotros en América Latina con la idea de vuelta al campo. Las organizaciones populares hacen la experiencia desde la nada. Nosotros sacamos de las villas del conurbano a cien familias y las llevamos a un lugar en el que se quedaron cincuenta. Se establecieron en el medio de la provincia de Buenos Aires, armaron su propio jardín, tienen a sus hijos en una escuela rural… Creemos en esa vuelta al campo como forma de resolver el problema del urbanismo y de la concentración. Durante estos últimos veinte años se crearon el treinta por ciento de las villas en la Argentina. Esos nuevos barrios populares nacen de las tomas de tierra. Es gente que se fue a vivir a la ciudad en estos últimos años, porque este modelo neoliberal genera esto. Por eso tenemos que ir a un proceso inverso: la vuelta a las pequeñas ciudades y al campo. El problema de fondo es esto. Hoy, en todos los ministerios se discute el problema de la vuelta al campo. Todas las áreas del estado armaron un área y lo tenemos que ordenar un poco porque así no vamos a hacer nada. Medio Ambiente tiene un área, tiene Producción, tiene Agricultura, tenemos nosotros, tiene Vivienda. Béliz quiere armar un programa en Jefatura de Gabinete. Seguir construyendo viviendas acá no es la solución. Nosotros decimos: si querés tener agua en la ciudad, pone agua en el campo; si querés tener electricidad en la ciudad, pone electricidad en el campo; si querés tener vivienda en la ciudad, pone vivienda en el campo. Sino, vas a vivir infeliz acá. Argentina tiene este problema estructural porque los servicios se construyeron en función de la telaraña de los ferrocarriles que sacaban los productos. Después, sacamos el ferrocarril pero no hicimos una ruta al lado para que lleguen al pueblo, entonces ese pueblo es un pueblo fantasma. Tenemos cien pequeños pueblos en la provincia de Buenos Aires, treinta se transformaron en pueblos turísticos y crecieron, los otros pasaron de tener un promedio de cinco mil habitantes a tener un promedio de cuatrocientos. Eso hay que cambiarlo, sino vamos a ser infelices.

No es necesario expropiar, hoy la tierra es el bien menor del campo. No es como desalambrar. Yo tengo veintisiete años de producción hortícola. Los de la UTT eran empleados míos. Eran medianeros, no empleados. Hoy, una hectárea de tierra para horticultura no muy alejada debe valer nueve mil dólares y lo que va arriba vale cincuenta mil dólares. A mí, hacer una hectárea de horticultura me salía cincuenta mil dólares.

Juan Di Loreto (@elchara)

La enfermedad más clara del capitalismo es la marginación. También está el crecimiento absoluto. ¿Dónde está escrito que los países tienen que crecer? ¿Quién dice que el crecimiento absoluto resuelve los problemas de la humanidad? ¿La felicidad de los pueblos debe medirse por el crecimiento? En mi país veo pueblos atrasados: voy a uno de acá, hablas con los compañeros y cuentan que dejan la bicicleta en la vereda, te invitan a entrar a la casa que no tiene cerradura. ¿Soy más feliz yo en el crecimiento absoluto que ese compañero que está ahí? Esas son discusiones que también vendrán. Hay que construir cambios de fondo para que en una sociedad el crecimiento sea de otra forma, más parejo. Que sea un crecimiento en el que la sociedad apunte a la felicidad. Es mucho más sano vivir en pequeñas ciudades hoy.


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