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GRETA Y LOS TIEMPOS DEL AMBIENTALISMO DE MASAS

Ambientalismo y luchas de clases

Entre los años 60 y 80, una serie de manifestaciones dieron al ambientalismo en Occidente sus primeras formas. Tiempo después, comenzó a acuñarse el término nuevos movimientos sociales para referirse éste y a otras expresiones. La novedad de dichos movimientos respecto del tradicional movimiento obrero, radicó en que sus identidades autopercibidas no se encontraban directamente vinculadas a las posiciones de sus integrantes en la estructura económica o en el sistema de clases. 

Pronto algunos estudios, paradójicamente, vincularon la emergencia de los nuevos movimientos sociales con la de las nuevas clases medias, sobre todo en Europa, como resultado de la consolidación del Estado de Bienestar. Liberados del fragor de la lucha diaria por tener que satisfacer sus necesidades básicas, amplios sectores habrían comenzado a cultivar nuevas formas de vida y a expresar demandas o valores post-materiales, entre ellos una relación más armónica con el ambiente. 


Algunos años después, en lo que hoy se conoce como el Sur Global, pero también en Estados Unidos, fueron documentadas manifestaciones de otros tipos de ambientalismos. Dichas demandas no sólo estaban vinculadas con las condiciones materiales de los segmentos más desfavorecidos económicamente, también incorporaban fuertes componentes étnicos, etarios y de género expresados en sus reclamos. 

"La novedad de dichos movimientos respecto del tradicional movimiento obrero, radicó en que sus identidades autopercibidas no se encontraban directamente vinculadas a las posiciones de sus integrantes en la estructura económica"

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También para estas manifestaciones se esgrimieron razones estructurales o sistémicas. Precisamente los sectores más postergados tendrían más posibilidades de verse afectados por las consecuencias ambientales del “desarrollo” capitalista; estando -incluso- entre los primeros en detectarlas y en liderar reclamos al respecto. Las mujeres, por citar un ejemplo, serían las primeras en descubrir daños en la salud de sus familias y comunidades a causa de riesgos ambientales, dado que son quienes mayoritariamente asumen el trabajo doméstico y las tareas de cuidado. A su vez, las postergaciones serían acumulativas. Es decir, una mujer, pobre y de piel oscura tendría altas posibilidades de sufrir injusticias por cada una esas características, entre ellas las ambientales. 

Durante las últimas décadas, en América Latina y en otras partes del mundo, se intensificaron conflictos y reclamos como los mencionados. Sin embargo, recientemente, el ambientalismo volvió a ser parte de las noticias, en gran medida, aunque no exclusivamente, gracias a la presencia de Greta Thunberg en Naciones Unidas. 

"Precisamente los sectores más postergados tendrían más posibilidades de verse afectados por las consecuencias ambientales del “desarrollo” capitalista"

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Greta aúna, en su persona, características que la ponen en una posición de privilegio, como en el caso del ambientalismo de clase media, y en una de postergación. Es sueca, rubia y proviene de una familia de buen pasar, pero también es mujer, neurodiversa y menor de edad. Paradójicamente, la fortaleza de su discurso no descansaría en ninguna de las primeras tres, sino en la última. En dicha condición también descansa el poder de convocatoria de los jóvenes, en tanto postergados, que lideraron las masivas manifestaciones que tuvieron lugar en distintas ciudades del mundo.

El futuro llegó hace rato

Desde sus orígenes, la noción de futuro está presente en la cuestión ambiental. Tras hacer oídos sordos a las primeras advertencias sobre la inminencia de una crisis ambiental, algunos gobiernos y organismos internacionales contestaron con la elaboración de un concepto que armonizaría las necesidades del capital con las del ambiente: el desarrollo sustentable. Éste expresa la idea de que el capitalismo debe desarrollarse para satisfacer las necesidades de las generaciones presentes, sin comprometer las de las generaciones futuras

Desde una perspectiva afín a la del sociólogo alemán Ulrich Beck, la noción de desarrollo sustentable no es más que una manifestación del pasaje de una modernidad temprana o ingenua, a una tardía o reflexiva. Mientras en la modernidad ingenua la sociedad cree en los ideales del desarrollo y progreso indefinido, basados en los avances de las ciencias, los negocios y las democracias occidentales; en la reflexiva se toma noción de que los avances traen aparejados riesgos e incertidumbres difíciles de calcular. Por tal motivo, Beck denomina a ésta última como Sociedad del Riesgo. A tal punto las sociedades se vuelven reflexivas sobre su propio devenir, que ya no es la experiencia pasada lo que guiaría exclusivamente la toma de decisiones en el presente, sino los riesgos que traerían aparejadas las actividades humanas en un futuro potencial. 

"la noción de desarrollo sustentable no es más que una manifestación del pasaje de una modernidad temprana o ingenua, a una tardía o reflexiva"

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En el discurso de Greta y en las movilizaciones masivas de jóvenes el futuro llegó hace rato. Pero este futuro ya no es abstracto o potencial, sino concreto. Ya no son las generaciones por venir. Son los adultos del mañana, niños y jóvenes hoy (es decir, el futuro-presente), quienes reclaman por acciones inmediatas para garantizar su bienestar por venir (el presente-futuro). Es así como el liderazgo de los jóvenes en las manifestaciones masivas que se desarrollaron en distintas partes del mundo, en tanto principales damnificados, también tendría razones sistémicas o estructurales de ser. 

Como en otras partes del mundo, en Argentina la sobreexplotación de bienes naturales se intensificó de los 90 en adelante. Esto habría provocado la emergencia de un nuevo ambientalismo de base, en una suerte de giro ecoterritorial, que se suma a un primer ambientalismo, protagonizado por ONG’s de expertos o profesionales. En otras palabras, las actividades de sobreexplotación propiciaron procesos de organización local (de parte de vecinos, pueblos originarios, madres, entre otros) en su contra y a favor del ambiente.

¿Hacia un ambientalismo de masas en la Argentina?

Dichos procesos no tienen precisamente la publicidad que tuvo Greta. En Argentina, así como en otras partes del mundo, esto se usó para criticar duramente al reclamo de Greta y de los jóvenes en contra del cambio climático por privilegiar una perspectiva global, que no pondría el foco en las necesidades de quienes menos tienen y más sufren las consecuencias ambientales del desarrollo capitalista, por sobre una perspectiva local que sí lo haría.  

Lo cierto es que, sin embargo, la expresión local de la marcha global que se desarrolló el viernes 27 de septiembre en Buenos Aires, se encontró entre las manifestaciones ambientales más multitudinarias de la Argentina, entre otras cosas, porque problematizó la falsa dicotomía entre global/local y congregó tanto a organizaciones de jóvenes y a ONG’s profesionales, como a muchos de los postergados que sufren en sus localidades las consecuencias del modelo de desarrollo. Estuvieron presentes: Friday for Future, Extinction Rebellion, Jóvenes por el Clima y Alianza por el Clima; Fundación Ambiente y Recursos Naturales, Fundación Vida Silvestre, Greenpeace Argentina; así también como Pueblos Originarios, Pueblos Fumigados, Cartoneros y Cartoneras de MTE, Beatriz Mendoza -referente de la Causa Matanza-Riachuelo-; Red Ecosocialista del MST, Barrios de Pie, entre otros.  

"criticar duramente al reclamo de Greta y de los jóvenes en contra del cambio climático por privilegiar una perspectiva global, que no pondría el foco en las necesidades de quienes menos tienen"

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Desde el escenario que dio cierre a la marcha, o mediante sus pancartas, todos abogaron por sus reclamos particulares, al tiempo que contribuyeron a la demanda global. En ese sentido, casi hacia el final del acto, la nota la dio Mercedes Pombo -integrante de Jóvenes por el Clima- quien logró sintetizar en un solo reclamo muchos de los allí presentes: “No hablamos solamente de consecuencias futuras, hablamos de las consecuencias presentes que hoy en día recaen con más fuerza sobre los sectores más vulnerables: los pueblos fumigados, las miles de personas que viven al lado de rellenos sanitarios y en áreas inundables y, por supuesto, hablamos de nosotros y nosotras, la juventud que va a tener que padecer las consecuencias de decisiones que no tomó y que vamos a ser acreedores de una deuda en términos humanos, sociales y ambientales que nunca nos van a poder pagarnos (…) Necesitamos más que nunca un Estado que defienda nuestro entorno y que defienda su población frente a los avances de sectores de poder y no viceversa. Tenemos que romper con la lógica de la dominación del hombre sobre la naturaleza, del hombre sobre el hombre, del hombre sobre la mujer; pero no a costa de los sectores más vulnerables, ni de nuestra propia existencia.”

En resumen, alrededor de 10.000 personas se congregaron el pasado viernes frente al Congreso de La Nación en contra de la crisis climática global y de los problemas ambientales locales que genera un modelo basado en el dominio del hombre sobre el hombre, las mujeres y la naturaleza. La manifestación fue novedosa, tanto por su masividad como por la diversidad de actores y la de sus reclamos. La pregunta por el futuro del ambiente se mantiene abierta, al tiempo que se abre una nueva por el futuro del activismo ambiental en Argentina, ¿estaremos frente al inicio de un ambientalismo de masas?


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