13 / 05 | Política, Sociedad

LA ESCUELA QUE NOS ESPERA

Empecemos por el final del cuento “La Autopista del Sur” de Julio Cortázar. Muchísimos lo leímos, o en su defecto, oímos hablar de él. Después del embotellamiento en la autopista que había generado vínculos entre los automovilistas, cuando concluye, los autos vuelven a moverse a la velocidad normal y con esto se diluyen esos vínculos que se habían construido ahí. Volvían a la “normalidad”. Nadie imagina cómo va a ser la normalidad ni cuando lo será. En lo que a la comunidad educativa refiere, suponemos por ahora, que en algún momento las escuelas volverán a funcionar como lo hacen desde hace más de un siglo en nuestro país. No es momento para analizar los cambios sucedidos en los sistemas educativos y las instituciones escolares desde la sanción de la Ley 1420 a nuestros días. La idea es pensar qué nos espera cuando volvamos a los edificios escolares. Cuando termine este embotellamiento en casa, en los hogares, en el barrio. Y para intentar una hipótesis sobre lo que viene una posibilidad es repasar las experiencias de otros momentos de crisis así como también una mínima recopilación de experiencias de lo que sucede por estos días.

Sobre lo primero cabe decir que en general las crisis económicas y sociales afectan a la escuela por más tiempo de lo que duran para el resto de la sociedad. Al menos en nuestro país, cuando la sociedad siente que logró dejar atrás una crisis que afecta a la gran mayoría la escuela carga durante mucho más tiempo con los traumas que quedaron como consecuencia de los peores momentos. Los problemas sociales y familiares entran a la escuela sin filtro: el hambre, el desempleo, las adicciones, la desigualdad, la explotación laboral, las alienaciones, las múltiples violencias, como pueden ser la violencia de género o el maltrato infantil. Cabe detenerse en esta última problemática porque la escuela trabaja fundamentalmente con chicos. Y cuando se habla de maltrato infantil se abarcan distintas formas del mismo: maltrato físico, emocional, abusos, negligencias, abandonos o desatención.

"cuando la sociedad siente que logró dejar atrás una crisis que afecta a la gran mayoría la escuela carga durante mucho más tiempo con los traumas que quedaron como consecuencia de los peores momentos"

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Muchos chicos y chicas conviven hoy con alguna de esas realidades. Y cuando alguna de esas realidades resultan atenuadas las consecuencias perduran. Y la manifestación de ese perdurar se ve en la escuela. Y hay que convivir y trabajar con esa realidad. Cada día. Para ese momento los temas salen de la agenda pública porque no afectan a la mayoría. Salen de la agenda pública, perduran en la escuela y se la responsabiliza por ser ineficiente a la hora de abordarlos. A su vez, se esperan logros ajenos a esa realidad.

Vayamos al momento que estamos viviendo. Empiezo por lo propio. Trabajo en una escuela ubicada en el Barrio de Cildáñez y muchos de mis alumnas y alumnos no tienen conexión a internet. En muchos casos la mayoría de los dispositivos con los que acceden a contactos virtuales son solamente teléfonos celulares. En la Ciudad de Buenos Aires cada estudiante de quinto a séptimo grado del nivel primario de escuelas públicas cuentan con las netbooks del Plan Sarmiento. Si es que no están rotas o bloqueadas, porque según nos cuentan muchas familias, en estos momentos no hay respuesta para la reparación. Vale detenerse a decir que para el nivel medio hubiera estado muy bien que la gestión anterior no discontinuara el Plan Conectar Igualdad a nivel nacional. Pero en los casos que sólo se dispone de celulares se trata de uno o dos por grupo familiar a través de los cuales llegan todas las tareas de todos y todas los estudiantes de la familia. Esos celulares son en su gran mayoría de los adultos que los tienen para uso personal o laboral. Siendo el teléfono en la mayoría de los casos la única forma de  comunicación, cuando supimos que se iba a decretar la cuarentena tomamos las planillas con datos de las familias y armamos grupos de Wathsapp. Sabíamos que subir actividades al blog no iba a funcionar en nuestro caso. De todos modos lo hicimos, pero el Watsapp es lo único que nos está funcionando por el momento. Con las limitaciones del caso, o porque  los videos ocupan mucho espacio, o porque hay formatos de archivos que no se pueden abrir, o links que gastan muchos datos en los casos de las familias que no tienen conexión. No me voy a extender con las dificultades. Tampoco con las alternativas que estamos generando ante esas dificultades. La respuesta es entre un 30 y un 50% a cualquier hora del día. El otro problema que surge es que muchas veces las actividades requieren, aunque sea, de un mínimo de mediatización.

"en los casos que sólo se dispone de celulares se trata de uno o dos por grupo familiar a través de los cuales llegan todas las tareas de todos y todas los estudiantes de la familia. Esos celulares son en su mayoría de los adultos que los tienen para uso personal o laboral"

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La mediatización de las tareas es algo que afecta a todos los sectores sociales. Dijo mi hija, alumna de cuarto grado de una escuela pública de la Ciudad de Buenos Aires, los primeros días de la cuarentena: “no me gusta esta escuela en casa y por computadora”. Está claro que prefiere a su maestra o maestro o a sus amigas o amigos antes que a mamá o papá para que la ayuden con las tareas. Porque entre otras cosas, como dijo Inés Dussel, eso significa autonomía. Aprender cosas que en casa no se enseñan. Los vínculos son la mejor herramienta de la escuela para contrarrestar todas las dificultades. La pedagogía no es otra cosa que una reciprocidad con un saber en el medio. Pero está claro que los herederos de los que hablan Bordieu y Passeron van a ampliar sus ventajas con respecto al resto. Los y las que creemos que la escuela es una herramienta de inclusión intentamos desalentar la perpetuación del privilegio. Que el capital cultural heredado no sea la única herramienta de aproximación a nuevos saberes. La vanidad de estar ahí “cuando el fuego crece” es la fuerza que moviliza a la docencia. Es probable que la distancia esté ampliando esa brecha que generan las desventajas de origen.

Cuando volvamos a los edificios escolares nos encontraremos con muchas de estas realidades. Agreguemos las consecuencias que habrá dejado la incertidumbre de la cuarentena en cada estudiante. Pienso por ejemplo, en los procesos de adaptación interrumpidos en inicial. Ante este panorama, que parece desalentador, la experiencia nos dice también que la escuela y las comunidades educativas tienen espaladas para cargar con estas y otras dificultades.

Cuando para muchos todo esto sea simplemente un mal recuerdo, la escuela estará ahí afrontando las consecuencias. Quizá esa realidad parezca tan imperceptible como los conductores de los autos de la Autopista del Sur una vez concluido el embotellamiento. Y de a poco, pero cada día, trabajaremos en la reconstrucción. Y vamos a empezar una y mil veces. Como lo hemos hecho siempre.

"La vanidad de estar ahí “cuando el fuego crece” es la fuerza que moviliza a la docencia"

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3 Comentarios

  • Graciela says: 14 mayo, 2020 at 12:35

    Estimado Ignacio…Cuánta razón. Cuánta realidad toda junta que solamente podemos ver los que estamos haciendo escuela.
    Cuando esto pase (como todo lo que pasa) ahí estará la escuela, como siempre, poniendo no solamente la espalda para cargar las consecuencias, sino el hombro, la escucha, la denuncia, el consuelo…
    Gracias por esa vanidad y por estar ahí cuando el fuego crezca

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  • Lila Paula Sakalauskas says: 14 mayo, 2020 at 13:56

    Excelente la nota, realmente refleja la realidad histórica de la escuela en la Argentina y nos hace reflexionar sobre nuestro rol como docentes en esa configuración. Muy interesante!!!

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  • María Rojas says: 14 mayo, 2020 at 15:07

    Acertivo y esperanzador lo que desarrollás en el artículo.Después del paso de este tsunami que nos está atravesando a todos , la situación sobre todo en Educacion va a ser muy complicada. Pero con docentes cómo vos la calidad y la calidez de la Escuela Pública están garantizadas.

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