19 de Mayo de 2021 • 0:34
25 / 04 | Sociedad

LA INFLACIÓN DEL YO

Si bien no se puede escapar de uno mismo, despegarse de lo que se es (disculpe la metáfora adhesiva) puede resultar casi un mérito en estos tiempos. Hacer el esfuerzo de objetivarse, no de “ser objetivos”, pero sí de borrarse de la enunciación.  En una época donde el mandato es mostrarse, disimularse un poco no está tan  mal.

En los últimos tiempos se han publicado muchos escritos que podríamos llamar “textos del yo” y se puede hipotetizar al respecto. En primer lugar, parece haber una retroalimentación entre las redes sociales (las redes como un auto trabajo subjetivo) y lo que se escribe. Retroalimentación pero también borradura de límites. Si con Descartes el Ego podía demostrar la existencia a través de la duda, hoy apenas puede garabatear un obituario sin mencionarse cada cinco líneas.

" texto, tuit, posteo, share, otro tuit, otro texto. La cadena se arma sola. Quizás sea el mismo texto. Si Derrida viviera diría: no hay afuera de las redes sociales"

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Es así como la escritura toma la forma de los social media y se sostiene desde ahí. Es un rasgo de época que no se puede dejar de señalar. Porque este “Yo” no se inscribe en una autobiografía, en un diario íntimo (o un diario público), en crónica de viajes o cuadernos. Toma otros géneros y los carcome. El caso reciente más notable fue un artículo sobre la muerte de un reconocido escritor que viró en una declamación absurda de derechas contra “Palermo Trosky”. 

Por otro lado, también podemos postular estos “textos del Yo” como un refugio, un repliegue ante la intemperie que nos circunda. Si no hay gran relato ni gran sujeto que me contenga, tengo que contenerme a mí mismo. Los grandes relatos amparan: dan un marco, coordenadas y hasta sentido a la existencia. Desde el cristianismo hasta el marxismo lo han sido en su época. Es como “El refugio de la cultura” de Osvaldo Quiroga en los 90: no había escapatoria política ni social, pero la cultura nos prestaba el techo. El título mostraba la época. 

Volvamos a las redes: texto, tuit, posteo, share, otro tuit, otro texto. La cadena se arma sola. Quizás sea el mismo texto. Si Derrida viviera diría: no hay afuera de las redes sociales. Aunque creamos escribir en otro lado, igual estamos escribiendo en las redes sociales. Estos “escritos del Yo” tal vez sean eso. Una continuidad y nada que rompa.


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