18 de Abril de 2021 • 14:20
26 / 03 | Cultura, Política

LOS GALLEGOS PERONISTAS

1.

El “gallego” Domínguez, Juan Domínguez, vivía justo frente a nuestra casa. Había llegado a la Argentina coincidiendo con el advenimiento del peronismo al gobierno, después de pasar varios años como prisionero de la guerra civil española. Vivió lo que muchas familias españolas sufrieron en esa guerra fratricida: él fue republicano y su hermano franquista. Solía contar Juan que cuando llegó la orden para su fusilamiento, su hermano, que seguía enrolado en el ejército, logró salvarle la vida con un salvoconducto: juraba jamás volver a pisar suelo español. Con ese juramento y custodiado fue llevado a puerto y embarcado hacia la Argentina.

Y si bien era un vecino más, dio la casualidad que ingresó a trabajar en “la caja” -como le decía él y muchos más- a la caja de jubilaciones de los empleados municipales de la CABA, y que esa fuera justamente la caja en la que se jubilaría el abuelo. Parece risueño, pero cuando mi abuelo Américo fue empezar su trámite, lo atendió Domínguez, quien le dijo: “yo soy vecino suyo”. Ahí comenzó una larga amistad. Domínguez era de visitar al abuelo los sábados por la tarde, era nomás cruzar la calle.

El “gallego” solía contar sus recuerdos como combatiente antifranquista. Sufrió la cárcel bajo un régimen que ni los alimentaba, eran personas descartables, excepto si eran utilizados como mano de obra esclava. La subsistencia los llevó a experiencias horrendas, al punto que casi se extinguen las ratas, o la “práctica” de hervir en agua los propios calzados para cocinar un caldo. Historias tremendas que yo, un niño, escuchaba con pavura.

"El gallego era oriundo de Laracha, en La Coruña, Galicia, así que era gallego 'posta'. Siempre recordaba que cuando llegó al país, había un “paisano” que había triunfado, y él pensaba que quizá le pasaría lo mismo"

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A pesar de haber sufrido tanto, era un hombre sin resentimientos y por el contrario, un agradecido a más no poder del país y del peronismo. Salía del infierno y llegaba a un país en el que se empezaba a cambiar la historia. A través de la Fundación Eva Perón, consiguió empleo, y su vida cambió para siempre. También eso ayudó a que se congraciaran con el abuelo y trabaran amistad. El gallego era oriundo de Laracha, en La Coruña, Galicia, así que era  gallego ‘posta’. Siempre recordaba que cuando llegó al país, había un “paisano” que había triunfado, y él pensaba que quizá le pasaría lo mismo. Claro, Juan arribó en 1946, año en el que se estrenó la película de Hugo Fregonese, “Donde mueren las palabras” protagonizada por Enrique Muiño, su coterráneo. Bueno, contemos la historia de Muiño.

2.

Nació en julio de 1881. Ya afincado en nuestro país, llegado de su Coruña natal, a los 14 años su padre lo obligó a enrolarse en la Armada al enterarse la vocación de su hijo, es que Enrique quería ser actor. Recién al acceder a la mayoría de edad y dejar la marina, se dedicó a su verdadera vocación. A partir de 1913 no dejó de actuar hasta su desaparición física. Vivió en la hermosa casona de Carlos Calvo 2281 del barrio de San Cristóbal. Conformó un dúo creativo junto a Elías Alippi y fundaron una de las compañías teatrales más recordadas del teatro argentino. En 1932, realizan una gira por España, presentándose en su Galicia natal, como también en Madrid, Barcelona y Valencia entre otras ciudades.

En 1941 funda Artistas Argentinos Asociados, ese mismo año recibió el Diploma de Honor Cóndor Académico como mejor actor por su interpretación en “El cura gaucho”. Atravesó todos los géneros: pantomimas, sainetes, comedias, la revista y el gauchesco. La revista Radiolandia, ese año, indicaba que Enrique era el cuarto actor mejor pago con $ 40 mil. Los mejores pagos eran Luis Sandrini y Pepe Arias, que embolsaban la friolera de $ 80 mil. Segunda Libertad Lamarque con $ 65 mil y terceros Nini Marshal, Hugo del Carril y Paulina Singerman que cobraban $ 50 mil.

Recorrer su filmografía es, si se quiere, un derrotero por la propia historia argentina. En “Cadetes de San Martín” se trata la corrupción político-empresarial. “El viejo Doctor” trata la problemática de las clínicas privadas con inclinación comercial versus la atención tradicional. “La Guerra Gaucha” relata la lucha por la independencia; “Pampa Bárbara” refleja la lucha en 1833 en los fortines entre originarios y blancos; “El Cabo Rivero”, aborda un romance en la época de Rosas; “Viento Norte”: un homicidio en la tolderías; En “Huella” se aborda la lucha entre unitarios y federales. “El cura gaucho” es la vida del cura Brochero y dejé para el final “Su mejor alumno”. En ésta protagoniza a Domingo Sarmiento y cuenta la historia del hijo natural del ex presidente. No son todos sus film, pero creo son los más reconocidos. Sí claro, falta “Así es la vida”, película que cuenta la historia de una familia burguesa de principios del siglo XX. Su último protagónico fue en “Surcos en el mar”, y fue estrenada el 9 de agosto de 1956, apenas a cuatro meses de su deceso.

3.

Enrique no sólo se destacó en el cine y el teatro. Estudió pintura con Fernando Fader, llegando a exponer en la Galería Witcomb de Florida 364. Su pintura reflejaba, en la mayoría de los casos, paisajes campestres, esos que observaba cuando se refugiaba en su casita de Capilla del Monte en la provincia de Córdoba. En el sitio de compra y venta Mercado Libre, se vende un óleo de 1953 por unos $ 82.000.

"por una orden judicial rematarían su rancho de Capilla del Monte, cosa que él ignoraba. Enterado Perón, dio orden de que se levantara la deuda (era de 118 mil pesos) con fondos reservados de la Presidencia"

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No podemos dejar de mencionar en este rescate que su encuentro con el dramaturgo Ezequiel Soria, quien se convertiría casi en su tutor, colaboró fuertemente en la formación cultural e intelectual de Muiño. Le hizo retomar su educación escolar y lo introdujo en los textos clásicos del siglo de oro español. En la noche porteña, en esas rondas de cafetines interminables, se codeó con José Ingenieros, Florencio Sánchez y Roberto Payró.

Participó apoyando al peronismo como representante de la Asociación Gremial Argentina de Actores, “la gremial” creada en 1946 cuando el gremio de los actores se divide en dos. Durante su existencia, la Gremial propuso una serie de estrategias para reducir la desocupación, entre las que se encontraban la recuperación de las setenta salas perdidas a lo largo de veinte años, el incremento de elencos oficiales, la implementación del “número vivo” en las salas de cine y la eliminación de obstáculos para las compañías en gira por las provinciasPor supuesto, los vínculos de sus dirigentes con el gobierno promovieron la apertura de un canal de diálogo que redundó en logros concretos. La mejora en el nivel de vida general se reflejó en un aumento de público, utilidades que se volcaron en mejoras para los actores: en 1948 se suprimió la función matinée y dos años después la controvertida función vermouth, que tantos conflictos había acarreado en los treinta y dos años de lucha desde su implementación. El contrato mínimo se extendió de tres a cinco meses y el elenco básico pasó de diez a doce integrantes. Se estipuló el pago por enfermedad durante treinta días y el pago del sueldo completo si los ensayos superaban los diez días. También se obtuvo el aguinaldo, concedido por voluntad de los empresarios, y se acordó la retención de un porcentaje para la Obra Social. Para los elencos en gira se dispuso el descanso semanal obligatorio y la reducción del 25% en las tarifas ferroviarias, nos cuenta Teodoro Klein en “Una historia de Luchas. Participó de la Semana de la Lealtad en 1950, recitando poemas en una audición especial de radio. También participó del documental “La Payada del tiempo nuevo (los 1500 días de la Argentina Peronista)”dirigida porRalph Pappier en 1950.

Enrique Muiño cayó en el ostracismo por haber abrazado la causa peronista, cuando sucede el golpe militar del 55, y fallece poco después, un 24 de mayo de 1956, a los 75 años.

Sin embargo, aunque Perón había dado la orden de que jamás se supiera, el propio Enrique se encargó de hacer pública la siguiente historia: por una orden judicial rematarían su rancho de Capilla del Monte, cosa que él ignoraba. Enterado Perón, dio orden de que se levantara la deuda (era de 118 mil pesos) con fondos reservados de la Presidencia. Cuando Muiño se enteró, quiso agradecerle y fue al despacho de Perón. Se puso a llorar y le dijo: “¿Cuándo en mi tierra un Presidente se ocupó de un artista? Gracias, mi general, y perdóneme, esta aflojada…”


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2 Comentarios

  • Ernesto Volturo says: 26 marzo, 2021 at 12:24

    Hermoso relato de la historia de un gran actor como Mío lo. Es muy emotivo estos recordatorios que uno sin querer se los olvida. Nuevamente FELICITACIONES por la narrativa!!!!

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  • Alberto Cruz says: 26 marzo, 2021 at 20:07

    Interesante y ameno. Con muchos datos que no conocía. Gracias.

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