22 / 08 | Política

MACRI, LA LOCA Y EL RELATO DEL CRIMEN

Aunque muchas veces aseguró ser un hombre más de hacer que de decir, el Ingeniero Mauricio Macri dio dos discursos en menos de 48 horas. Claro que las palabras hacen. Pero no hacen cualquier cosa. Hacen lo que pueden. A veces son determinadas por otras palabras, y muchas veces, por hechos. El presidente utilizó el segundo de sus discursos para pedir disculpas por lo que había dicho en el primero. Fueron alocuciones distintas y, en algunos tramos, contradictorias. Si en uno criticó al electorado y las fuerzas políticas por no parecerse a los de otros que hasta mencionó con nombres propios, en el otro aseguró que amaba este país. Si en uno habló desde el enojo y la falta de sueño, en el otro grabó su mensaje para evitar improvisaciones respecto del guión establecido. Si en uno le pidió al frente electoral más votado hacerse cargo de la expectativa generada, en el otro anunció medidas como si fuera un Jefe de Estado.

Importa poco saber si el Dr. Jekill es más sincero que Mr. Hyde o es al revés. Al fin y al cabo, la sinceridad está sobrevalorada. No se elige a un presidente para que “sea tal cual es” ni para que diga la verdad. Se lo inviste de poder para que administre lo público de manera que la mayoría viva cada vez mejor. Por eso, más que en el juego de las diferencias entre las dos piezas oratorias es menester poner el foco en las regularidades. A la inversa de aquel cuento de Ricardo Piglia, “La loca y el relato del crimen”, en el que en el espiral repetitivo de un discurso incongruente van apareciendo, porque no se repiten, los elementos que revelan la solución del caso, aquí hay que prestar atención a las regularidades.

"No se elige a un presidente para que “sea tal cual es” ni para que diga la verdad. Se lo inviste de poder para que administre lo público de manera que la mayoría viva cada vez mejor"

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¿Qué es lo constante en el espiral retórico de Macri? ¿Qué hay de idéntico en el hombre que se violenta un día y pide disculpas al siguiente? En ambos, dijo haber escuchado un mensaje y haberlo entendido. Pero ¿qué entendió exactamente? “Escuchamos el mensaje. Acá hay un voto bronca. Digamos… de venir de una economía muy dura durante estos últimos tres años que se expresó en las urnas y esta es la realidad”, dijo presa del cansancio el lunes 12. “Quiero que sepan que los entendí”, se aflojó coloquial el miércoles 14. Y entonces, en una actualización con nuevo relieve de la insistente alegoría de atravesar el túnel oscuro hacia la luz o cruzar el río hacia la orilla buena, o peregrinar el desierto hacia la tierra prometida, nos explicó lo que había entendido, lo que habíamos dicho con nuestro voto: “dijeron, no puedo más, sintieron que durante este tiempo les exigí mucho y que lo que les pedí fue muy difícil, fue como trepar el Aconcagua; y hoy están agotados, cansados, enojados…”.  Aún ese hombre calmo, ese padre que se disculpa con sus hijos por haberles exigido demasiado, los está culpando por no aguantar el esfuerzo, el sacrificio. Tanto Jekill como Hyde ponen la responsabilidad en sus víctimas. La idea del cansancio, del agotamiento, de no estar a la altura se traslada del enunciador al enunciatario del primero al segundo de los discursos. “Ustedes han enojado a los mercados”, esa forma elíptica de llamar a los poderosos. En el primer enunciado fue por irresponsabilidad, en el segundo, por agotamiento. Por eso la primera reacción fue el reto. Las horas y los asesores construyeron una segunda reacción, la indulgencia. “Les exigí mucho”, “lo que les pedí fue muy difícil”. No pudieron seguirme el ritmo, no importa. Yo los perdono y les doy un alivio. Les aflojo la correa. Los dejo respirar. Los espero unos meses para que, una vez desahogados, descansados, desenojados, podamos continuar atravesando ríos, desiertos y montañas. Las metáforas del neoliberalismo están intactas. Y eso es porque empalman con grandes conglomerados del sentido común. Se hilvanan con algunas frases que sólo pueden ser dichas porque antes otras les abrieron paso. Un productor agropecuario afirmó hace poco que con el gobierno actual estamos mal aunque vamos por el buen camino y en el anterior estábamos bien a pesar de ir por el mal camino. La metáfora del sacrificio de hoy por el bienestar de mañana está en la base del desmonte ideológico del Estado de Bienestar. El neoliberalismo no sólo propuso hambre para hoy y pan para mañana sino que culpó a los que no soportaban el hambre de causar el retraso en la llegada del pan. Sólo el crecimiento del dolor puede acelerar la llegada de los brotes verdes en los semestres por venir. Todas esas figuras funcionan mientras lo que decimos es aproximadamente similar a lo que Macri escucha. Cuando su “los entendí” es aceptado por aquellos que enviaron el mensaje de su voto. Pero para clausurar el sentido de la votación, la operación del presidente debe dejar afuera todos los otros significados posibles: que el sufragio no exprese el estado físico de los expedicionarios sino, tal vez, el rechazo al rumbo elegido, quizás la impugnación de los accidentes geográficos propuestos, o aún, otra cosa, alejada de ese orden de asociaciones, la esperanza en otra forma de imaginar el bienestar por ejemplo.


"Aún ese hombre calmo, ese padre que se disculpa con sus hijos por haberles exigido demasiado, los está culpando por no aguantar el esfuerzo, el sacrificio"

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La gobernadora bonaerense , en cambio, no necesitó dos intervenciones para dar una respuesta a la gambeta que le hizo la mayoría del electorado. En un discurso de veintidós minutos conjugó el verbo escuchar treinta y cuatro veces. Sin embargo,  no intentó entender. Se limitó a poner la oreja. Escuchó y escuchó, pero no arriesgó a decir qué mensaje recibió.

El tercer elemento de la triada ejecutiva del macrismo, Horacio Rodríguez Larreta, hizo menos aún que su enviada al otro lado de la General Paz. O más… Hizo silencio. Antes de que el mensaje de las urnas fuera pronunciado del todo habló brevemente y en soledad. Desdobló aquello que no le permitieron en el calendario electoral, municipalizó aún más su discurso vecinal. Lo metió dentro de su casa, relató el amor a su esposa y a sus hijos. Los nombró uno por uno. Y luego hizo silencio. Dicen algunos medios que se tomará diez días para decodificar qué cosa dijo el voto del 11 de agosto. Ya están vencidos. Embolsó  el violín mientras otros embolsaron los globos. Y no volvió a desatar las bolsas.

Sin embargo, lo que ocurrió y ocurrirá tanto con esos discursos  como con esos silencios ya está fuera de ellos. Está en los hechos, en las acciones colectivas.

"Un productor agropecuario afirmó hace poco que con el gobierno actual estamos mal aunque vamos por el buen camino y en el anterior estábamos bien a pesar de ir por el mal camino. La metáfora del sacrificio de hoy por el bienestar de mañana está en la base del desmonte ideológico del Estado de Bienestar"

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2 Comentarios

  • Susana Ramus says: 22 agosto, 2019 at 21:30

    Buenisimo!

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  • Punto says: 22 agosto, 2019 at 21:37

    Nadie dice que perdió porque prometió algo que no no cumplió?
    El blindaje mediático no llega a las góndolas del supermercado.

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