29 / 04 | Ciudades, Política

MILITANTES DE LA CUARENTENA

Escraches, señalamientos y un prejuicio arrogante: los demás no cumplen tan bien como yo.

La cuarentena tiene muchos detractores, los hay ignorantes de los riesgos que supone una pandemia, los hay conspiranoícos, los hay operadores. Pero también cuenta con una mayoría abrumadora de personas que la acatan porque comprenden la temeridad de no hacerlo. Los riesgos incluyen desde enfermarse a ser detenido.

Dentro de quienes no la cumplen con el rigor pedido por la autoridades se cuentan los que viven al día y salen para ganarse alguna clase de sustento o los que están hacinados en barrios de emergencia, además de los personajes rebeldes como la señora de Palermo que quiso tomar sol en una reposera. A partir de la mitad de marzo, en redes sociales y medios de comunicación de Argentina fue generándose una suerte de militancia del confinamiento que hoy encuentra sus picos máximos en aquellos que ven un “fallido” imperdonable en el anuncio de Alberto Fernández que habilitó a dar una vuelta de una hora sin alejarse a más de 500 metros del lugar de residencia. Es como si se aceptara sin vacilar que el ciudadano es incapaz de mantenerse a dos metros de distancia de sus pares. Sobrevuela la idea de que el argentino necesita ser controlado paso a paso para no encender, con su falta de civilidad y escrúpulos, la chispa del contagio masivo que tanto daño ha hecho en Italia, España, Francia y Estados Unidos.

"La vara que mide el mal obrar de los demás da la impresión de variar de acuerdo a la propia conveniencia"

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Los juicios destinados a los comportamientos detonados por el Covid19 ningunean la situación de aquellos para los que quedarse en casa es un obstáculo a la hora de “llevar un plato de comida a la mesa” pero se escandalizan por el mal uso del barbijo. En un simil del pensamiento de Rodriguez Larreta en torno a lo que habría que hacer con los ancianos, los militantes de la cuarentena desconfían al extremo de esos que salen de su casa, como si en todos los casos lo hicieran de mala fe. “Salí a la calle y había mucha gente caminado” se horrorizan en Twitter sin advertir que también se encontraban en la calle a la hora de ver a los otros. Es como si se creyera que uno es el único que salió con derecho a hacerlo. Los balconeros ven en el vecino que circula sin aparente motivo un potencial asesino de multitudes, sin aplicar el mismo supuesto para quien podría contagiar desde su rol de repositor o cajero de supermercado, cartero, ferretero o cualquier otro oficio autorizado para salir y tratar con público. La vara que mide el mal obrar de los demás da la impresión de variar de acuerdo a la propia conveniencia. Mientras la señora que va al chino con sus hijos chiquitos -a los que no se puede dejar solos y evidentemente hay que alimentar- es negligente por exponer a propios y ajenos, el chico del delivery cuenta con la inmunidad que presta cumplir un servicio para que otros puedan quedarse adentro. Con los escraches a médicos, loados siempre y cuando estén en el hospital, y repulsados en sus edificios por ser potenciales portadores de la peste, la dinámica se repite. Una tendencia a condenar precipitadamente que se le achacaba, hasta hace poco, a algunas referentes del feminismo, se traspoló al nuevo tema top de la agenda.

"Sobrevuela la idea de que el argentino necesita ser controlado paso a paso para no encender, con su falta de civilidad y escrúpulos, la chispa del contagio masivo"

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Los militantes de la cuarentena emergen como un grupo en el que es posible enrolarse mediante el señalamiento del error, sea éste real o imaginario, pero siempre ajeno. Argentina tiene a su favor manejar números ínfimos de contagio y muerte cuando es comparada con muchos otros países. Es obvio que la cuarentena no necesita más vigilantes de los dispuestos por el Estado. Quizás sí necesite del esfuerzo de confiar un poco más en el que tenemos al lado, por más difícil que sea. Una instancia extraordinaria merece el gesto extraordinario de suspender el prejuicio y acercarse al otro con una mirada más benevolente que recelosa, más fraterna que rapaz. Respetando las distancias, por supuesto.


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3 Comentarios

  • Diego says: 29 abril, 2020 at 13:51

    Gracias Panamá por este artículo tan necesario

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  • Lanena says: 4 mayo, 2020 at 15:16

    Muy bueno poner en evidencia la mentalidad poli que están teniendo todos

    Reply
  • Merceditas says: 6 mayo, 2020 at 20:55

    Excelente.

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