30 / 04 | Sociedad

NO SÉ SI ESTOY CALIENTE O ABURRIDA

NO SÉ SI ESTOY CALIENTE O ABURRIDA

Hoy es lunes 30 de marzo. Faltan algunos minutos para las dos de la madrugada. Denise salta de la Tv a Facebook, de Facebook a Instagram y ahora observa la historia de un chico que le calienta. Se tira en el sillón del living y se abre de piernas desparramando la ropa usada de los últimos tres días de cuarentena.

– Ey, pibito! ¿Estás ahí? No sé vos pero yo no distingo si estoy caliente o aburrida. Me gustas.

– Hola bebita! Acá estoy. En qué andas?

Denise apunta una luz baja hacía el sillón, se cambia y posa con toda la intimidad de su ropa de dormir de encaje. Insinúa que debajo de eso no hay más nada. Usa Instagram. Selecciona “Enviar” y “ver una sola vez”, la opción de la bomba de color rojo que brinda la red social más utilizada del mundo.

– Claaaaro. Ahora entiendo porque esto del sexting está bueno. Estas muy perra. ¿Puedo ver más? – pregunta Santiago

Llega ahora un video que no dura más de tres segundos. Apenas termina, el mensaje revienta.

– Ufff ¿Y yo qué hago?

– Cómo quieras seguir. A me gusta mandarte cosas. No hace falta que lo hagas si no te sentís cómodo. ¿A vos te gusta lo que mando?

– Sí.

– ¿Seguro?

Llega un nuevo mensaje. Ahora el escenario es el baño. Denise se recuesta en la terminación de la bañera mostrando un flojo hilo de cristal turquesa que apenas se sostiene de la cola con un dedo.

Santiago tiene miedo a los espejos. Se mira y agarra la imagen de un niño que no crece. Toma un encendedor y con la llama proyecta dos segundos de fuego en su torso lampiño. Su mano cae dentro del bóxer dejando ver una erección que la tela de algodón blanco ya no puede ocultar.

– Ey estás re fuerte. Muchas muchas ganas de todo. ¿Me seguís mandando cosas?

Santiago continúa frente al espejo. Misma opción, mensaje bomba. Ahora busca su mejor perfil. Ya no hay bóxer. Pasa su mano por los órganos genitales. “Ey ¿qué haces mientras tanto?”.

– ¿Qué te haría o qué hago ahora?

– Las dos cosas.

– No sé, ganas de comerte la pija. Muchas

Santiago se filma. Intenta no mostrarse torpe. Transpira lentamente. Siente su respiración en ascenso en tanto observa ya con pupilas dilatadas el placer de masturbarse que proyecta el espejo.

– Me encanta cómo lo haces. Así te la chuparía mucho tiempo.

– ¿Y vos te estás tocando?

Llega un nuevo video. Apenas se observa el dedo anular y del medio. El resto de la mano se mueve despacio. “¿Te gusta lo que estoy haciendo?” se escucha exhalando.

– Una de las cosas que más me gusta de vos es sentirte tan mojada.

– Vos me pones así. Tibia y toda húmeda. Muchas ganas de sentarme arriba tuyo, chabón.

Santiago sabe que su masturbación no dura mucho, apenas un puñado de minutos. ¿Seguir o acabar? Aguanta. No aguanta. Busca ritmo y lanza su mejor perfil al espejo. Se siente poderoso. Adora su vitalidad. Baja la mirada. Se mira. Arriba. Abajo. Abajo. Abajo. Deja el celular y sus dos brazos se agarran del mármol tibio del ante-baño como un nadador después de los 100 metros libre. Hay flujo en el piso. Busca en la repisa los 16 rollos de papel higiénico y pañuelos de carilina que en la semana compró para pasar de manera aséptico el confinamiento argentino. Pone la cámara y con un poco de desprecio enfoca el resto de flujo que cae del algodón blanco.

– Copado. Llegaste.

– Y ¿vos?

– …

– …

– Sólo sé que quiero un abracito. El sexo virtual en el pos me provoca eso, Black Mirror.

***

Tu imaginación, Me programa en vivo

Llegó volando Y me arrojo sobre ti

Salto en la música Entro en tu cuerpo

Cometa Halley. Cópula y ensueño

Hoy es jueves 2 de abril. La primera plana de todos los diarios del planeta anuncia que llegamos al millón de infectados por coronavirus. En medio de la pandemia y la posibilidad de pensar si nos merecemos un nuevo mundo por delante el servicio sanitario estatal de Irlanda promueve el sexting y la masturbación como práctica recomendada para evitar contagios. Pornhub – uno de los sitios web que lidera la industria cultural de la pornografía a nivel mundial – libera contenido pago. Tinder renueva los servicios de su aplicación adaptándose al confinamiento permitiendo que miles de matches se multipliquen a kilómetros de distancia. Las redes sociales estallan de beboteos y pedidos de nudes mientras los camellos rojos y amarillos pedalean desparramando las compras de dildos y juguetes eróticos encargados en sexshops.

Tuyo, tuyo luna de miel

Luna de miel

Ramiro, un joven cordobés, hace dos semanas que no asiste al colegio en el cual trabaja como acompañante terapéutico. Tiene 32 años. “En aislamiento te camina la cabeza. Yo los primeros días de cuarentena estuve tres días sin bañarme, la casa estallada, mugrienta. Hasta que me rescaté”. Antes de todo esto, Ramiro se veía libremente con 5 pibas. El toco y me voy encontró límites: “no es fácil estar sólo. Muchos fantasmas, loco. Hay que hacer una rutina, reinventarse. Sexting y cuarentena – certifica con una sonrisa pícara – son como el Diego y el Cani en el mundial 90´. Yo no tengo mucha acción con las pibas, solo un cachondeo bobo. Pero me estoy haciendo mucho la paja, una o dos veces al día”.

Tuyo, tuyo luna de miel

Luna de miel

Marisa no tiene idea lo que es el sexting, jamás escuchó esa palabrapero bien entiende de organizar el deseo y el erotismo por internet. Como está encerrada desea que llueva todo el tiempo. Afirma que durante la cuarentena en su casa no puede faltar el pan integral ni los momentos para tocarse. “Yo después de mis 40 años he consumido mucha pornografía. Ahí descubrí que hay diferentes tipos, lésbica, gay, orgía, maduras… bueno las maduras por ejemplo me generan rechazo porque ahí me veo yo jeje. Lo que pasa es que nuestra moralidad estuvo atada a cuantas veces nos sacábamos el calzón. Eso cambió y por suerte la marea verde me atravesó por completo”.

Con algunas diferencias, comenta que esta experiencia de aislamiento forzado ya la vivió. En 2013 y 2014 estuvo encerrada en un hospital sanitario en Haití. Las llamadas “Misiones de Paz” en las que la ONU desparrama su militarizada ayuda humanitaria.

– Yo tenía una relación en Argentina pero esto de internet no lo había experimentado. Él era más chico, creo que tenía treintipocos y yo unos cuarentilargos. Ahora no sé, pero antes él era profe de yoga y excelente bailarín. Tiene una maestría en el movimiento del cuerpo. Yo hace muchos años que bailo y es con la única persona que bailando no me puedo soltar. Esa noche – junio de 2013 – me pidió que encendiera la cámara y yo lo hice. ¡Qué loco! Recién ahora pienso y me doy cuenta que él no se mostraba. Mirá lo que me acabo de dar cuenta… Y él me quería dar y fue muy raro… bueno ¡basta! No quiero seguir hablando de esto. Lo único que sé es que cuando me desperté no me sentía bien. Lo llamé y me despachó: “bueno, no fue para tanto, no dramatices que es una cogida por internet, nada más.” Me sentí violada. Nunca más nos vimos.

Tu madre no podrá

Interceptarme

Perfecto, hermoso

Veloz, luminoso

Martín, un sociólogo que pisa los 40, se saca una selfie al lado de su horno de barro, mientras abraza de servilletas una empanda envuelta en humo: “Hablame de pasar la cuarentena”. Vive con su compañera y con su hijo de tres años en una arbolada hectárea a 20 minutos de la capital cordobesa. “Cojo, me hago la paja, miro porno. Miro porno, me hago la paja, cojo”. Afirma que hace mucho tiempo que no tiene el sexo fluido con su conviviente pareja como lo permite ahora el encierro. Así todo avecina un futuro de poca simpatía para los encuentros virtuales. “Se van a formar miles de parejas y garches virtuales que cuando todo pase serán un fracaso”.

Caramelos de miel entre tus manos

Te prometo una cita ideal

Guadalupe es profesora de un espacio de Yoga. Vive con una amiga en un dúplex. Tiene 28 años. Mira porno y se ratonea sola, aunque al hablar de la virtualidad se enoja. “Estoy bastante indignada sobre este temita del sexting. Tuve cita una vez con alguien y ahora el pibe me manda fotos de su pija en cualquier momento. Para él está habilitado mandarme fotos así todo el tiempo. Un goma. Primera y última vez. Yo necesito otra cosa. Cuando vi que Alberto prolongaba el aislamiento pensé: si esta cuarentena se va a extender, yo necesito cargar gas. Crucé el puente donde termina mi barrio, amagué ir al súper y me fui de un chongo”.

Tu imaginación

Me programa en vivo

– El porno me aburre, solo me sirve para terminar la paja – comenta Pedro –. Con lo otro, la primera vez que hice algo así fue en la secundaria. Yo estaba re closeteado. Esto se relaciona con haber nacido y vivido en un pueblo petrolero de la patagonia y ser homosexual. La cosa es que me conecté a un chat erótico. Un tipo me invitó a hacer web-cam. Fue una situación incómoda, sentía que me re exponía. El tipo, era más grande, ponele que yo tenía 16 y él 32, 33 años. Prendí la cámara y no enfoqué mi cara, obvio. Él cuando la prendió, directamente apuntaba a su verga masturbándose. Yo me re excite pero estaba muy muy avergonzado de la situación, no mostré mi pija ni nada, sólo me quedé mirando cómo él acababa. Apenas lo hizo, corté la llamada.”

Sexo y peligro también son parte de éstas prácticas. A la virtualidad no necesariamente la precede el encuentro con la otra piel ni hacia ésta deriva siempre. Las frustraciones y humillaciones están a la orden del día, son tan frecuentes como efímeras: el deseo y el erotismo a veces se pagan y apagan con un clik.

Los espacios, sitios web y aplicaciones muestran esta variedad de usos.

– Grindr y Tinder son diferentes – explica Pedro. En Grindr sólo entramos con el único objetivo de encontrar sexo. Entonces bajo esa lógica terminas siendo totalmente visceral y violento muchas veces. Hay perfiles súper agresivos, buscando solo cuerpos hegemónicos, no femenizados. Creo que Grindr particularmente termina siendo un espacio hostíl.

***

Hoy es domingo 12 de abril. El mundo ya arroja dos millones de infectados (sólo) entre las personas testeadas. En nuestro país, en un primerísimo momento se instaló la idea de que el enemigo era externo, lo traían de afuera. Hoy el enemigo está en casa, nadie lo invitó y tampoco sabemos cómo sacarlo. Nuestro presidente afirma que es una guerra invisible. ¿Cuándo podremos salir a encontrarnos nuevamente? En medio de toda la pandemia del Covid-19 y el infierno mismo de nuestros días una maratón de sexólogos despliega su ciencia en 48 hs de video-streming. Con arengas rimbombantes para “aprovechar el tiempo muerto”, aparecen invitaciones a fuego lento y consejos ardientes, en cuanto frases milenials se camuflan entre un higienismo recargado y un imperativo de productividad sexual. ¿Otra vez el discurso médico, profiláctico y bienpensante nos va a decir dónde calentarnos, qué inventar y con quién hacerlo? En sintonía fermenta pánico en un caldo de contenidos peligrosos: para mostrarnos los beneficios de la masturbación y una sexualidad “libre de riesgos” se apela a “enemigos” peligrosos y contaminantes con los contornos de otra pandemia: hiv/aids.

María Elvira Diaz Benitez, especialista en muchos de estos asuntos y escritora del libro “En las redes del sexo” (2010), arroja números que nos dejan atónitos: cuando Hollywood lanza cerca de 400/500 películas al año, la industria pornográfica en EEUU pone cerca de 10 y 11 mil títulos en el mercado. ¿Quién consume toda esta pornografía? ¿Qué juicios de valor se ponen en tensión y qué placeres, fantasías y cuerpos producen? ¿Cómo se expande la escenificación de la sexualidad? Esta antropóloga colombiana, expresa que aun cuando existen ya pocos estantes “secretos” dentro de locadoras de DVD y aun cuando todo parece un poco “marginal” u “obsceno”, la pornografía florece en nuestro cotidiano ganando protagonismo en nuestro imaginario. Ni hablar de los escándalos sexuales de políticos y famosos o publicidades cada vez más explícitas. María Elvira remata: vivimos en un mundo de sexo y somos obligados a hablar de él.

En tiempos de cuarentena queda explícito el recorte de clase y edad en el uso de las tecnologías. Así todo, la pornografía no puede confundirse con el sexting (palabra de moda si las hay). Lo primero en mayor o menor medida, queda reservado para el sexo ejecutado y mostrado mientras que lo segundo se reserva a la participación activa entre dos o más personas a través del intercambio de palabras, imágenes y/o videos de contenido erótico. No es que haya algo nuevo bajo el sol, pero hoy calienta como nunca antes. La “pornificación de uno mismo” nos habla un poco de esto: si las grandes ficciones que organizaban la vida social se desplomaron, otras comienzan a nacer. Victor Hugo de Souza Barreto lo explica magistralmente al contar cómo muchas personas, para paliar los efectos desastrosos de la pandemia, pasaron a vender no solo videos o imágenes eróticas, sino también ropas íntimas usadas o eyaculadas.

E ntre discreción y escándalo, confinados en nuestras propias casas el deseo encuentra peligros. Con el paso de los días podemos observar cómo esta nueva temporalidad pandémica trae nuevos contagios, mostrando que nada es seguro y todo es posible. Así mientras que no todos los cuerpos demandan los mismos placeres las desigualdades sociales se profundizan, se agrandan y el Otro comienza a despertar cada vez más miedo.

La escritora Mariana Carbajal, carta fuerte del Página 12, desde hace días se abre paso con el asunto del Sexting y Laura Milano hace lo suyo en el suplemento Las 12 del mismo diario porteño, anunciando con pono-recomendaciones diversas – pornografía transfeminista, queer, posporno, éticas y autogestivas – que la representación del sexo hace rato dejó de ser patrimonio masculino.

En una oda a la paja y a los spanks (chirlos), Agustín Liarte –antropólogo de la Universidad Nacional de Córdoba sobre BDSM – afirma desde el aislamiento en su departamento que en tiempos de tecnologías de telecomunicación existe la posibilidad de crear corporalidades extendidas. Influenciado por Donna Haraway y Paul Preaciado, Agustín habla de un “tocarpensar” para entendernos como seres ciborgs usando elementos prostéticos con lo cual podríamos expandirnos mediante el uso de grabación de gemidos u orgasmos, fotografías o video-llamadas que permitan ver lo que deseamos mostrar. Bajo este cuidado, Agustín, advierte a sus sobrinas: “el celu del tío no es para jugar, en todo caso, el celu del tío es para que el tío juegue”.

***

Hoy es viernes 17 de abril. Día 29 del aislamiento social, preventivo y obligatorio en toda la Argentina. A medida mañana el pajarito de Twitter tomó el color de una brasa encendida: #sexovirtual es tendencia. Allí, en medio del anuncio de un total 2.669 casos de personas infectadas y 122 muertes en el país, la vocera de todos los días, la encargada del gobierno nacional de trasmitir información veraz y confiable a los casi 45 millones de habitantes certifica en la voz de un especialista que aún no hay pruebas certeras de si el virus se elimina efectivamente a través del semen, las secreciones de la vagina y el recto. Dicen y dicen que sí está claro que hay riesgos en actos cotidianos como los besos, pero hay poca información sobre si se trasmite por vía sexual, oral o anal. Quién encabeza el comunicado enfrenta las cámaras y arranca: “en este reporte, vamos hablar de sexo seguro en tiempos de Covid-19”.

Se explica hasta el cansancio que el único remedio que tenemos para evitar riesgos es el distanciamiento social. Sin embargo al deseo erótico de las y los cordobeses, mediante el uso de plataformas digitales, lo corroen otros problemas: a esta ciudad sin mar llega una “oleada” de correos y avisos en forma de extorsión. Mariano Bustos, funcionario público de la única fiscalía de Cibercrimen que existe en Córdoba, aclara que aunque parezca mentira, la sextorisión o pornovenganza no es un capítulo de una serie oscura. En Córdoba, si bien hay varios hechos e imputados, existe una sola causa con presos: un supuesto ingeniero “ayudaba” a las personas con problemas en la computadora, hackeaba fotos íntimas y luego desde cuentas falsas pedía más fotos valiéndose de amenazas.

-En Argentina hay dos problemas serios. La difusión de imágenes íntimas no consentidas y la suplantación de identidad digital. Ninguno de estos hechos hoy constituye delitos, existe un vació legal, porque el simple hecho de difundir una imagen de otra persona no es un delito penal. Sólo cuando estas conductas se exteriorizan como medio de comisión de otros ilícitos – amenazas, extorsión, Grooming o tenencia de imágenes con contenido de abuso sexual infantil – nosotros podemos actuar. Existe el “Derecho al olvido” que, aún sin haber delito, desde la Fiscalía guiamos a los afectados para que soliciten la baja de contenido íntimo. Es un formulario que se completa a través de Google para que no aparezcan las imágenes o videos en el buscador de la plataforma. Perseguir a los culpables es un camino sinuoso, la modificación de los IPs, los puntos de conexión fuera del país y la negativa de brindar información por parte de las multinacionales tornan este asunto cerca de lo imposible.

Así que ya sabes: bebotear es un derecho aunque nadie pueda asegurártelo. Si vas a ratonear con otras personas hacelo con aplicaciones que permitan que la imagen o el video revienten luego de abrirse (Signal, Telegram o Instagram son una opción). Con consentimiento siempre, nada con obligación. ¿Vas a difundir lo que recibís? No seas tonto, estás violando la intimidad. ¿Tenes dudas? indagá con tus amigues, todes tenemos un guante o un dildo en el ropero. ¿Quedó rush o delineador labial? Sacá el glitter que tenés en el cajón. Sentite con sed, preguntale qué le gusta. Escribí y narrate con fuego, mojate con palabras. Mirá al espejo deseando encontrar la mejor imagen, una vez, otra vez y otra vez.


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2 Comentarios

  • nora says: 4 mayo, 2020 at 14:03

    HOLA! Disfruté de : “NO SÉ SI ESTOY CALIENTE O ABURRIDA”… empecé a leerlo y no pude parar, aunque es un tanto extenso, es muy atractivo. El final, me intereso más, pues, el sexo para mí no es una cosa de genitales… hay muuucho más que eso… pero no estoy aqui para dar mi opinión sobre sexualidad. Me pareció oportuno y valorado la mención de las extorsiones , yo no hubiera pensado que eso existía, tampoco me masturbaría en público, sí bailo en público y eso , sin duda me descarga todas las tensiones sexuales.

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  • Macarena says: 14 mayo, 2020 at 16:44

    Disfruté mucho del artículo. Es interesante pensar como está situación inusual afecta nuestra vida sexual, que sin duda, es un derecho humano. Me llama la atención cómo en el sexting se revaloriza el erotismo sobre lo pornográfico. Pero por otro lado siento que la imagen, la fantasía deja de lado el vínculo emocional afectivo del encuentro, o al menos de eso no se habla tanto. Me pregunto cómo y de que manera, esa necesidad afectiva que generan los besos, los abrazos y las miradas y las charlas en el sexo, se remplazan -o no- en la virtualidad.

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