02 / 04 | Mundo

PLUS ULTRA: IR MÁS ALLÁ DE LA RELIGIÓN

“Detrás del acontecimiento tiene que haber un escándalo, una fisura, una peligro, como si la vida solo debiera revelarse a través de lo espectacular, como si lo que se dice, lo significativo fuese siempre anormal”

George Perec.

“Mi definición de política: el cumplimiento de una humanidad sin mejoras”

Walter Benjamin.

En su última conferencia de prensa, Alberto Fernández le habló a todo un pueblo. Un pueblo extasiado, ansioso y expectante. Es casual, o quizás no tanto, las palabras que el presidente profirió y envío hacia la Santa Sede y, en específico, hacia el Papa Francisco. Francisco, en un primer momento, había rezado, había pedido y también lanzó un mensaje: lanzó una bendición al mundo. Es decir, una bendición global sin importar la religión, el país y el lugar donde nos entramos en este mismo momento. El Papa dijo: “Estoy edificado por la reacción de tantas personas, médicos, enfermeras, enfermeros, voluntarios, religiosos, sacerdotes, arriesgan su vida para sanar y defender a la gente sana del contagio”. Defender para atacar, arriesgar para ganar y tomar la palabra para pedir: la formación para el contraataque divino. Es un resumen para constituir el mensaje de Francisco. Un mensaje público, un mensaje para todos, y no un mensaje estatal, pero a continuación, el Papa dijo: “Los gobiernos que enfrentan así la crisis muestran la prioridad de sus decisiones: primero la gente. Y esto es importante porque todos sabemos que defender la gente supone un descalabro económico”. Una crisis que encuentra su prioridad: la gente. Y Francisco entiende que la gente es todo, por esa razón comprende que la economía se vuelve, aunque es importante, una elección de otro orden. El mensaje mantiene y reclama su urgencia, aún siendo religioso, por su proximidad, su trascendencia de esferas y su humanidad.

Un mensaje enviado, un mensaje lanzado y un mensaje emitido. Esta fue la actitud del Papa Francisco: el mensaje que el mundo esperaba. Quizás no esperaba este remitente y esta institución, pero sí esperaba un mensaje global, trascendente y humano. Así que el mensaje fue recibido, leído y respondido por Alberto Fernández. En la conferencia, el Presidente dijo: “Una economía que cae se levanta, pero una vida que se cae no se levanta nunca más”. Así como Francisco entiende el descalabro económico, Alberto Fernández también prioriza las vidas: una economía sin vida no levanta muertos. El punto de encuentro es inaugurado: la vida. Sin vida no hay economía y sin economía no hay país. Alberto comprendió esta dialéctica. Entonces, el presidente funda una nueva dialéctica: la dialéctica del diálogo humano, global y trascendente.


"Así como Francisco entiende el descalabro económico, Alberto Fernández también prioriza las vidas: una economía sin vida no levanta muertos."

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En el pasado ya se había lanzado un mensaje y ese mensaje fue comprendido, recibido y respondido tal como hizo el presidente. Un mensaje convertido en dialéctica. Estamos hablando del siglo XX. Un mensaje lanzado en una conferencia del escritor David Viñas a su hermano: Ismael Viñas. David en una conferencia pronunció las siguientes palabras: “Mi hermano Ismael, podría decir, optó por el emblema de mi madre, yo opté por el emblema de mi padre”. David Viñas opta por la herencia de la figura paterna: el radicalismo y la ciudad e, mientras tanto, Ismael Viñas opta por la herencia materna: el judaísmo. Frente a esta declaración polémica de David Viñas, Ismael Viñas responde -no en menos polémica, hasta podríamos decir que en un tono más polémico-: “David hizo una construcción casi sin flecos sueltos, para dividir papeles: él, el bárbaro, eligió a nuestro padre, se refugió en España de la matanza en Argentina, pasó a México, y volvió, y a mí, que elegí Israel, me asigna el lado de nuestra madre. ¿También el de la civilización?”. Así como David e Ismael Viñas se envían y responden mensajes, el Papa y Alberto Fernández han enviado y respondido el mensaje para vencer a la pandemia global que es el coronavirus. ¿Un nuevo horizonte es capaz de formarse mediante un mensaje transmutado, tal como dicta la alquimia, en una dialéctica?

Alberto Fernández nos dice a los argentinos que no importa de quién es el pensamiento: “No es el pensamiento del Papa o el pensamiento de Alberto Fernández: es una regla moral de la sociedad”. El presidente argentino no solo recibió, leyó y respondió, sino también comprendió. Esta es la clave: no importa el pensamiento de quien sea, importa el contenido y su forma. Ese contenido y esa forma, precisamente, es la regla edificante de la sociedad como tal. Entonces nos vemos en esta dialéctica ya mencionada y en una nueva superación: si antes podíamos leer dos mensajes y dos contenidos con sus propias formas específicas, es decir, con sus especificidades, ahora hay un contenido unificado: un mensaje social, plural y constitutivo para ser mejores. Alberto Fernández va más allá: rompe la dialéctica, su lógica, y crea un nuevo período. Estamos frente a una nueva configuración: el nuevo intersticio de la sociedad argentina (y quizás ¿también para-con el mundo?). Tomar las palabras de un mensaje universal y apropiarlas: efectos que repercuten, movimientos que estallan y reacciones que suscitan nuevas torsiones. Tomar la palabra siempre suscita efectos y Alberto Fernández se apropió de los efectos, en otras palabras, él realiza y finaliza el trabajo de la religión, y como su etimología lo indica, religa a la sociedad: la une, la integra y le da su forma. A partir de la religión se religa, se recompone y se reconecta lo negado: Alberto Fernández se ha apropiado de lo negado desde una pandemia y su carácter mundial. Torcer la balanza, recrear otro tipo de unidad, ya no solo de un partido, e ir más allá: un plus ultra.

La superación y el mensaje apropiado nos indica, al menos, tres momentos: el primer momento acontece con el Papa Francisco enviando un mensaje singular no circunscrito a la religión, más si a la fe, Alberto Fernández como lector atento del Papa Francisco y su especificidad y el tercer momento: la unión de un gobernante nacional como Alberto Fernández y un Papa que es Francisco. Cuando el gobierno nacional de un país y la religión pueden emitir un mensaje en conjunto frente a una crisis mundial específica se crea una conjunción sin precedentes, en otras palabras, unifican sus ondas del poder gubernamental y de la fe religiosa: la reverberación social de la realidad empírica.


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