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RADIO GAGÁS: CÓMO LA TELE SE CONVIRTIÓ EN UNA AM

No, no puedes ser feliz con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor. Este signo de los tiempos se verifica en la deriva que ha tenido la televisión argentina de noticias, que ha renunciado a su pretensión audiovisual y de ser nuestros ojos se ha transformado solamente en nuestras orejas.

Donde antes uno sintonizaba rápidamente la radio para dar cuenta de un episodio noticiable, hoy hace lo mismo con la televisión pero paradójicamente estamos en el mismo ground zero. Es que la televisión va a dar cuenta del evento en forma de audio: un movilero random que finge agitación por teléfono, una Carmen Barbieri que manda un audio de whatsapp, una María Laura que repite lo que le están contando por la cucaracha. En un mundo pornográfico en imágenes, la televisión argentina de noticias ha renunciado a ellas, en un raro ejercicio de ascetismo como virtud.

El ineluctable sendero que ha llevado a la tele a ser una radio también tiene su anclaje en los cambios en los hábitos de consumo. La televisión y sus soportes han recorrido un mapa dentro de las casas argentinas hasta terminar en lo que son ahora: radios AM en las que, a veces y solo a veces, nos dignamos a ver imágenes. Pensemos: el televisor estaba en living, años ha. La familia se sentaba frente a la tele a ver algo: generalmente un programa familiar, claro, si estaban todos sentados en el sillón después de la cena. Desde ese kilómetro 0 la tele realizó un curioso camino de Santiago. La primera parada fue el living-comedor, ese engendro de la clase media que permitió que la tele se sintonizara a la hora de la comida. En ese primer rebaje de la caja de cambios de la tele se pasó de los programas family-friendly a los noticieros en la mesa. Cabezas parlantes contando el estado de las cosas fue la semilla de la perdición. Mas luego, inmersos en la era de la reproducción del arte vía falsificación mecánica, las teles llegaron a las habitaciones y en la estación final de su destrucción como medio audiovisual, llegaron a la cocina. Hoy, todos vemos la tele como se ve en la cocina, sin prestarle atención. Haciendo otra cosa, de costado, como ruido de fondo, revolviendo el tuco, destapando el vino, chequeando el homebanking, repasando el boletín de la escuela de tu hijo, navegando por twitter, subiendo una foto a instagram hasta que una palabra que viene de la caja boba nos llama la atención y cogoteamos a ver qué nos dice la tele. Colegimos entonces que la televisión ha involucionado en una radio AM que está en mute hasta que tira una palabra clave, una keyword que habilita la salida de aquello que nos entretiene más para ver qué pasa en la realidad. Igualito que en las prácticas sexuales que requieren palabras claves y esas cosas.

"En ese primer rebaje de la caja de cambios de la tele se pasó de los programas family-friendly a los noticieros en la mesa. Cabezas parlantes contando el estado de las cosas fue la semilla de la perdición"

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La pantalla de noticias se ha deformado en un continuum de palabras con menos valor que el peso argentino hasta que alguna contraseña, alguna consigna, nos compromete en la interacción y levantamos la vista siguiendo este diagrama de flujo.

  1. “¿Que está diciendo?”
  2. “¿Reafirma o contradice lo que yo YA PIENSO?”
  3. “¿Contradice? Hablar a la tele e Ignorar.”
  4. “¿Reafirma? Hablar a tu otro significante y decir: ¿Viste? Tengo razón.”

La radio AM que supimos amar fue parasitada por la tele que la convirtió en un ágora de 200 palabras repetidas una y otra vez para que el teleoyente satisfaga su sesgo de confirmación. Nada más que eso. Y en ese derrotero low cost la lógica de radio hablada ha metamorfoseado casi toda la programación. Los programas de fútbol no hablan de fútbol ni de jugadas o jugadores y solo fuerzan tomas de posiciones fronterizas vía Fantino diciendo Se fueron a la B o Closs diciendo Boca es un quilombo. Pero no se muestra nada del juego perfecto que genera esas polémicas inconducentes. Los programas de actualidad son indistinguibles de los noticieros. ¿Qué diferencia hay entre Telenoche e Intratables? Y hasta los programas de entretenimientos están más pendientes de crear controversias para que Bendita levante un fragmento que en ofrecer valor como entretenimiento. Cotiza más una pelea agria reproducida en Bendita que el mismo momento en el Cantando o en Masterchef: la falsificación tiene más valor que el original. Sorry, Adorno, esto demuestra una vez más la famosa excepcionalidad argentina.

"La radio AM que supimos amar fue parasitada por la tele que la convirtió en un ágora de 200 palabras repetidas una y otra vez para que el teleoyente satisfaga su sesgo de confirmación"

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MÁS ARISTOCRACIA Y MENOS VANIDAD

¿Y por qué sucede esto? Porque la televisión argentina pisa en una característica muy del ser nacional: LA VANIDAD. El vano es lo vacío o hueco: lo vemos en cualquier edificio y es la máxima preocupación de cualquier delegado de UOCRA en las obras civiles. “¿Qué van a hacer con ese vano?”, se le dice desde la organización del sindicato al arquitecto, que generalmente es vanidoso. El vano, lo hueco se cubre con un elemento de vanitas, que es un artificio que tapa un interior vacío. Ergo, manda la imagen exterior –y el deseo de reconocimiento– más que el valor interior. Parafraseando, lo que le importa al vanidoso no es tanto ser crack sino que los demás lo reconozcan como crack.

El pequeño horror burgués de esta pasión triste radica en ignorar que en la vanidad el espejo son los otros: no alguien a quien mirar, sino una mera superficie en la que mirarse. Entonces, mirás la pantalla de la teve para verte a vos cuando Feinmann o Lanata o Sylvestre confirman lo que pensás. La tele como radio te activa el cosito de la vanidad. Y entras como Winnie the pooh al tarro de miel. No es casualidad tampoco que los formadores de opinión de la tele vengan todos de la radio AM como Viale Jr, Baby Echecopar o Nelson Castro. En rigor, no son formadores de opinión tal como creen los sucesivos gobiernos, todos amateurs y profundamente incultos en los affaires de la comunicación política. Los Wiñazki, Duggan, Bonelli et al son confirmadores de opinión y no formadores. La posición frente a la toma de Guernica o al valor del dólar blue se forma en otras parcelas, que hoy por hoy son ininteligibles para los cuadros de la dirigencia argentina, tan miope frente al mapa de medios que no sabe qué diantres pasa en el territorio.

"“¿Qué van a hacer con ese vano?”, se le dice desde la organización del sindicato al arquitecto, que generalmente es vanidoso"

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Tal es así que las dos figuras políticas más convocantes de nuestro país son dos vanidosos de manual Kapelusz. Macri y Cristina son dos personas que quieren ser reconocidas no ya por lo que han hecho sino por lo que ellos creen que han hecho. Después de presidencias fallidas como la segunda de CFK y la única de Mauricio, ellos eligen hablarle a su propia tribuna, a sus votantes, a sus fan hardcore, a la pantalla que les devuelve su imagen. Por eso Mauricio habla, inepto, en TN con Morales Solá sabiendo que diga lo que diga lo aplaudirá su claque. Por eso Cristina también habla en esas placas tectónicas siempre chocando que es Twitter. Imposible no imaginarla mirando el reflejo de su rostro en la pantalla del iphone mientras se ponen rojo furioso los corazoncitos de los FAV.

Un aristócrata, cosa que todos creen que Macri es y no lo es; cosa que Cristina tampoco es aunque crea que lo es; digo, un aristócrata crea sus propias reglas, inventa su propia moral, diseña su propio juego de cartas. Ellos dos son apenas vanidosos, muy lejos de la potencia de un aristócrata. Por eso son los favoritos de una pantalla que solo está sirviendo para mirarse a uno mismo. Por eso Leuco senior habla de Cristina en el monólogo ininterrumpido más largo del mundo. Por eso Víctor Hugo habla de Macri como cuando Mauricio compraba a Chiquito Dollberg y Alphonse Tchami.

Como un transformer ensamblado en Tierra del Fuego, la tele se ha deformado en una radio que prende y se apaga sola, sale después de hora.

Hay tanta gente sola.

Hoy tanta gente llora.


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4 Comentarios

  • Lujan says: 16 noviembre, 2020 at 17:31

    Tartu TV; uno lee todo lo que puede, pero lee…y realmente tu nota dice de la imperiosa necesidad de repensar la teoría y la práctica de la interpretación del tiempo histórico; de la AM a la telebasura… pienso que debajo de tu apodo hay mucho de Walter Benjamín en su tesis “Sobre el concepto de historia”. Que esfuerzo Tartu se TV …

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  • Guido Salvador Pappacena says: 17 noviembre, 2020 at 09:29

    Me imaginé a Queen volando en los interiores de los sets televisivos. Freddy y Brian May saludando a los panelistas.

    And everything I had to know
    I Heard it on my Television…

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  • Azul says: 17 noviembre, 2020 at 14:06

    Excelente. Superior. Un post muy incómodo.

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  • Sandra says: 19 noviembre, 2020 at 18:19

    Muy bueno. Para pensar

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