08 de julio de 2026
Sebreli se viste como en fotos viejas. Practica la incomodidad, el conservadurismo, el existencialismo lejano, la analogía desmesurada y el antiperonismo estricto. Sebreli tiene el rostro ajado por los años, la figura pequeña caminando por Santa Fe cerca de Pueyrredón. Vacila en El Olmo frente a un café con leche. Es casi una sombra, delgado, incorpóreo.

Sebreli opina, analiza, aparece en la “Sur” de la Libertadora y en la “Contorno” de los Viñas; da charlas y le publican casi cualquier libro. Un libro en contra de los posmos, uno contra el fútbol, uno sobre el peronismo imaginario, una autobiografía. Sebreli también es su contra. Celebra el éxito en las diatribas que recibe y en los insultos para sus libros.
Sebreli es un intelectual de antes, sin academia, sin papers, sin revisión por pares. Sebreli se afirma en una vanidad poco sutil. Lee mucho, escribe mucho, cita mal y poco. Él va y escribe.
Sebreli deja los grises de la juventud. Se simplifica. Explica afirmando. Une -al revés de su admirado Sartre- moral y política. Fabula dictaduras e imagina guetos. Ve democracia o populismo. Arma grupos que se deshacen, es peronista imaginario en el 56, es conservador libertario en el siglo xxi. Sebreli es nuestro Adorno imperfecto: odia el fútbol, los sistemas, los trámites, los gobiernos, a Maradona y al Sábato que lo compadecía. Está en contra de la Iglesia, la izquierda aventurera, el nacionalismo, el feminismo de hoy, el populismo, la Policía y las tradiciones. Pero sobre todo, Sebreli está en contra de lo institucional y el peronismo.
Sebreli es un intelectual de antes, sin academia, sin papers, sin revisión por pares. Sebreli se afirma en una vanidad poco sutil
Sebreli es la invención argentina que nos gusta narrar. Se afirma como el hombre solo del primer existencialismo: los cafés de Viamonte, los bares del centro, las charlas, los diarios de papel.
Sebreli es parte del siglo xx largo. Es el individuo, el ego, el yo, la firma. Lo importante es él y su afirmación. El resto forma parte de una larga fila a quienes objeta. Es sentencioso: juzga y clasifica. Encasilla y adjetiva: Borges es un nihilista débil, Martínez Estrada un irracionalista; Victoria Ocampo, una mujer desdichada; Masotta es la estructura lacaniana, una muerte a la distancia, que sin embargo “no era ya nada para mí”.
Sebreli se viste como en fotos viejas. No hay ropa que le quede bien. Repudia la cuarentena y también firma cartas abiertas.



