06 / 02 | Mundo, Política

TRUMP, UNA FICCIÓN NIETZCHEANA

Cuando en la Historia aparecen personajes como Donald Trump siempre hay, al menos, una tentación de interpretación filosófica: ver al personaje como un ser nietzscheano. Sabemos que la escritura aforística de Nietzsche permite llevar al filósofo a pasear por la izquierda, la derecha, el nihilismo, la autoayuda, etc. Como todo autor, usamos a Nietzsche como una caja de herramientas: tomamos lo que necesitamos para ayudarnos a decir lo que queremos. Por ejemplo: Trump es un personaje nietzscheano, es decir, encarna la voluntad de poder.

Si reducimos a Trump solo a sus motivaciones e intereses personales truncamos la interpretación. Un tipo racista, despiadado, cercado por los medios, etc. Pero en Trump hay un plus, algo que lo desborda: es la expresión de sectores que han quedado por fuera de toda representación. Porque Trump condensa todo el entramado complejo de demandas y expectativas.Todo lo que estaba disperso fue reunido en el momento de la toma del Capitolio.

"Repetimos: no hay meteoritos, no hay murciélagos de Wuhan en política. Todo lo que sucede se construye acá, al lado suyo, al lado mío"

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Citemos a Nietzsche: “Vuestra voluntad y vuestros valores los habéis colocado sobre el río del devenir; lo que es creído por el pueblo como bueno y como malvado me revela a mí una vieja voluntad de poder”, escribe en Así habló Zaratustra. No es que Trump domina a sus partidarios con mensaje de odio y fakenews. No es tan simple. Es la expresión de la lucha por la verdad, es decir, por la imposición de los valores que regirán una sociedad. La “trasmutación de valores”, dice Nietzsche. Un proyecto de poder nunca es solo un hombre. Aunque a veces parezca eso y aunque a veces el propio protagonista crea eso, nunca lo es.

A pesar del hombre vestido de bisonte, sabemos que no hay meteoritos en la lucha por el poder. Todo sedimenta en alguna parte. Luego estalla en todas las esquinas. Lo obvio: Trump, Capitolio y después, es parte del devenir mismo del pueblo norteamericano. Lo inesperado: llegaron hasta el Capitolio para hacerlo tambalear, para avisar que eso se puede romper. Este acontecimiento parece ser otra característica de la voluntad de poder: esta voluntad lo que hace es sustituir una ficción para instaurar otra. Es que la voluntad de poder es un ímpetu que no se detiene, una expansión sin fin. No parece ser una ficción emancipadora, sino de valores reactivos, primarios y cerrados en muchos casos. La composición del “pueblo trumpiano” es compleja, y no podemos reducirla a las bravuconadas que expresa el propio Trump.

"Lo inesperado: llegaron hasta el Capitolio para hacerlo tambalear, para avisar que eso se puede romper"

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Los otrora outsider están bastante cerca del centro de la escena y, aquellos que queremos ver como los “locos” que asaltaron el Capitolio, en un movimiento negador de lo evidente, pueden ser nuestros vecinos de todos los días. Repetimos: no hay meteoritos, no hay murciélagos de Wuhan en política. Todo lo que sucede se construye acá, al lado suyo, al lado mío. La invisibilidad de lo cotidiano, la banalidad de las redes sociales. 


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1 Comentario

  • M. Liliana says: 7 febrero, 2021 at 13:09

    Excelente texto!!!! Expresa una preocupante realidad que no vemos o No queremos ver.

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