17 / 02 | Sociedad

UN GÉNERO EN CAÍDA

Cada época guarda una relación distinta con la sexualidad, el erotismo y el amor. En tiempos en los que la perspectiva de género es el filtro por el que tienen que pasar casi todas las actividades humanas, los paradigmas que regían hasta hace unos años comienzan a mutar. Los nuevos feminismos, encarnados en Argentina por activistas de gran influencia mediática, docentes, funcionarias, personajes de la farándula, militantes y profesionales de distintas áreas consagradas a la lucha anti patriarcal, no atinan a ponerse de acuerdo en temas ásperos como la prostitución, pero tienden a coincidir en que la sexualidad y la erótica conforman un espacio históricamente dominado por varones heterosexuales que, por tanto, desconoce los genuinos deseos y goces de las mujeres y minorías. Conferencias, charlas, libros, seminarios, videos de youtube, memes, notas en diarios y revistas, letras de traphashtags, especiales en televisión, astrología, grupos de facebook y monólogos standaperos desglosan la sexualidad en busca de una nueva normativa que desplace a la anterior. En esta vorágine, la urgencia por cambiar una sociedad que durante siglos ninguneó a las mujeres se usa, en algunos casos, para justificar reduccionismos. Se convoca a dejar a un lado la toxicidad que suponen las frases “media naranja” o “me volvés loco” para deconstruir el amor romántico, en tanto se van instalando nociones y usos afines a ciertos tipos de autoayuda, como el culto al amor propio o la obligación de ser afectivamente responsable. Las posiciones unidireccionales aumentan y las opiniones apoyadas exclusivamente sobre la propia experiencia son aceptadas para hacer generalizaciones. Proliferan las jergas y los neologismos como una forma, seguramente involuntaria, de dejar a muchos afuera. Nadie parece recordar la palabra “aventura”, como no parece seguir habiendo lectores para La isla del tesoro.  

"Mientras que los feminismos de los 60´s y 70´s, fieles a su coyuntura, apuntalaban la idea de comunidad, los de hoy, acicateados por el neoliberalismo, apuestan al individuo.  "

Compartir:

Advisory

Atendiendo a los discursos involucrados en introducir el factor de género en las relaciones, en muchos es evidente el convencimiento en que visibilizar los horrores de lo que podríamos llamar sexualidad histórica, permitirá acceder a una nueva sexualidad deconstruida. Hay líneas de pensamiento que suelen entrar en cortocircuito al situarse fuera de su nicho, cuando son vistas bajo el prisma de ciertas disciplinas en las que la corrección política no es algo que sume a favor, como el arte. Los gafes de un activismo radicalizado que pretendió descolgar a Balthus de un museo o boicotear las películas de Polanski, entre otras movidas de cancelación cultural y censura, dejan mal parado al movimiento, pero tienen pregnancia en muchos de los que temen por la perpetuación del sexismo. Por momentos, un idealismo que las religiones abrahámicas envidiarían se atreve a creer que, si se siguen a conciencia algunas pautas de comportamiento y se obturan los pensamientos que “atrasan”, alcanzaríamos colectivamente una sexualidad del buen trato, del respeto por el otro, de la responsabilidad afectiva, de la empatía, de la libertad de amar a muchos sin ser lastimado, en definitiva: una sexualidad libre de riesgos, segura. ¿Pero es posible? ¿Cuándo? ¿Para quienes? ¿Es igual para ricos y pobres, jóvenes y viejos? Y mientras: ¿Qué hacer con Platón y su metáfora de la otra mitad? ¿Y con las decenas de miles de obras de arte que simbolizaron durante siglos -y hasta hoy-, el amor con la locura? ¿Importa que haya personas que disfruten de ser celadas como otras de ser maniatadas o amordazadas, o que haya personas que gustan de cortejar o ser cortejadas con estilos pasados de moda, derogados, líricos, estúpidos? ¿Cuánto importan los demás? Mientras que los feminismos de los 60´s y 70´s, fieles a su coyuntura, apuntalaban la idea de comunidad, los de hoy, acicateados por el neoliberalismo, apuestan al individuo.  

"El elogio de la paja y del celibato, entonces, cobran fuerza en algunos círculos (no tan reducidos, se pueden encontrar artículos sobre ambos en todos los diarios) y la arenga antipareja parece una obligación para buena parte de las voces que procuran representar al conjunto de mujeres y minorías."

Compartir:

Me, myself & I

A los discursos que presentan un ideal del encuentro carnal y del amor, se suman configuraciones alternativas, como las difundidas por la organización internacional The asexual visibility and education network, queavisa que en uno de los extremos de la sexualidad humana está la norma, representada por los “alosexuales”, que son quienes experimentan el deseo de tener relaciones sexuales por placer, mientras que en el medio del espectro hay varias categorías como la “demisexual”, integrada por aquellos quesólo sienten atracción después de haber formado un lazo emocional,hasta llegar a los”asexuales”, que son quienes no tienen interés en el sexo con otros, aunque disfrutan de distintas prácticas masturbatorias. Esta nomeclatura enfatiza los beneficios de la asexualidad por librar a quien la ejerce de una gran cantidad de imprevistos. En este punto el movimiento de género es particularmente lúcido: efectivamente, el sexo supuso, supone y supondrá asumir riesgos. Lo mismo ocurre con el amor, con el riesgo primigenio de no ser amado. El elogio de la paja y del celibato, entonces, cobran fuerza en algunos círculos (no tan reducidos, se pueden encontrar artículos sobre ambos en todos los diarios) y la arenga antipareja parece una obligación para buena parte de las voces que procuran representar al conjunto de mujeres y minorías. En Tinder, Badoo y afines, las personas buscan sexo y/o amor de manera relativamente controlada porque los dispositivos son una mediación que permite bloquear, pedir condiciones, evitar el contacto no deseado. Sin embargo, los fallos que surgen por el uso de esas aplicaciones son los que nuevamente confrontan idealismo con realidad. Se puede chatear con alguien durante meses, se pueden intercambiar videos sexuales, se puede jurar amor, pero nada es equiparable a la aventura de descubrir el misterio de otro cuerpo a través del propio, ni a la experiencia amorosa que acepta la complejidad humana con sus inevitables claroscuros. ¿Cómo distinguir un peligro de un desafío? ¿Sólo es legitima una forma de manifestar nuestro amor? ¿Se acerca el fin de la aventura sexual? ¿El fin de toda aventura?


You Might Also Like

3 Comentarios

  • Dorotea says: 17 febrero, 2020 at 15:02

    Genial!!!

    Reply
  • Lanena says: 17 febrero, 2020 at 15:08

    Buenísimo artículo, grositud al por mayor

    Reply
  • Diego says: 17 febrero, 2020 at 15:14

    Excelente esta piba

    Reply
  • Dejanos tu comentario

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.