27 / 05 | Mundo, Política

“YO ESTOY VIVO USTEDES ESTÁN MUERTOS”

Que el terror al Covid19 no cancele la voluntad de interpelar al poder.

Antes que el Covid19 se desplegara por las agendas globales fagocitando la atención del público y anunciando un cambio de paradigma económico y político, el hábito de etiquetar individuos y corrientes de pensamiento propició, por un lado, una mayor segmentación social y, por otro, el señalamiento admonitorio de lo que no se ajusta al propio modo de concebir el mundo. Con el género como pivote y redes y medios como escenario, la causa identitaria tuvo un apogeo que obturó, en gran medida, otras demandas sociales y a otros sectores no tan imbuidos en la dialéctica de los derechos individuales. Para muchos, la pandemia vino a democratizar la desgracia representando una nueva oportunidad de unión ante un virus que puede afectar a cualquiera, más allá de su identidad. Sin embargo, los usos actuales de relación entre personas -signados gracias al confinamiento más que nunca por los modos de relación que proponen las redes- siguen alejándose de la democracia y de la pluralidad real de ideas, en la medida en que siguen haciendo una puesta en escena de inclusión que no coincide con la realidad de denuncias, escraches, maledicencias, bullying, prejuicios, visión sesgada y mera botonería. En este esquema, la figura otrora enaltecida del libre pensador no tiene nada que hacer, pues todo parece dirimirse entre seres enrolados en la progresía, las anquilosadas (pero aun discursivamente vigentes) categorías de izquierda o derecha, el libertarismo, el nacionalismo, el conservadurismo o versiones híbridas como los representantes de los dos polos de la grieta. Es difícil pensar y manifestarse por fuera de los rótulos vigentes sin ser automáticamente rotulado en alguno de ellos. Y en esa cristalización del decir y del pensar se pierde la posibilidad de llegar a una crítica sustancial hacia un sistema del que, aunque se coincida en que necesita cambios y mejoras, nada cambia en función de otro agente que no sea el propio sistema. ¿Cómo salir de esta encerrona?

El medio no es el mensaje

Las posiciones extremas, siempre incapaces de dialogar, no son una puerta de salida, pero son las que más ranquean. Frente a la pandemia, los conspiranoicos sostienen el rol que históricamente cumplieron: ser funcionales al poder que dicen cuestionar. Hace un tiempo, la página de memes “Alegría” se mofó de ellos presentándolos como tipos que, al son de una Heineken, un pucho y la apariencia de no hacer nada útil con sus vidas, lanzan diatribas de incredulidad frente al “bicho”, apoyándose en argumentos confusos. Entre estos argumentos, brotan insensateces como la militancia anti vacunas, entreveradas con cuestiones serias y comprobables como la injerencia de las farmacéuticas en la OMS o la financiación espuria de lobbys internacionales en países del Tercer Mundo. Por la mezcla de mentiras y verdades esgrimidas por una persona con pinta de poco seria, se olvida que las teorías conspirativas -en la medida en que se atreven a sospechar del poder hegemónico- no son completamente malas per sé. Pero los datos falsos de los que se sirven enturbian lo que pueda haber de cierto. En el extremo opuesto, pero paradójicamente muy cerca,incapaces de cuestionar y cuestionarse, acatadores de toda directiva que venga patrocinada por el poder de turno, la Ley y la patronal, están los cooptados por el terror fomentado desde medios y gobiernos, para los que nada importa más que “no contagiarse el Corona”. En un contexto tan entusiasta por el discurso pre fabricado de los grupos de pertenencia, emergen voces excepcionales como la de la escritora Leila Guerreiro, quien contó que la “aterran las posibilidades que manejan los gobiernos para salir de la pandemia”. Para ella, “tener que circular con un certificado de salud” es algo que “ni a Orwell se le ocurrió” y resulta “siniestro” el “sobreuso” de las tecnologías que, gracias a la pandemia, se trasformaron en la única vía lícita de comunicación. Sugiere “mirar nuevos ángulos y ayudarnos a armarnos contra ese posible avasallamiento de esta sociedad de control”. Es que el Covid19 invita, más que nunca, a intentar discriminar entre lo verdadero y lo falso, a rehuir de la obediencia ciega a la nueva biopolítica, a permitirse, en definitiva, las dudas, las críticas y las sospechas.“La epidemia de pánico ha logrado lo que ya estábamos logrando, sólo que sin virus: la desaparición de los cuerpos de la esfera pública. –Advierte Guerreiro- La virtualidad y la hiperconexión iban camino de transformar la presencia física en algo innecesario. Ahora eso se ha vuelto real: los cuerpos son peligrosos, y empiezan a ser superfluos”.

"Para muchos, la pandemia vino a democratizar la desgracia representando una nueva oportunidad de unión ante un virus que puede afectar a cualquiera, más allá de su identidad"

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Sin cuestionamientos, las decisiones que nos involucran a todos no son fruto de un diálogo real entre votantes y votados. A los gobiernos se los ensalza o insulta, se los justifica en el error o se les tira a matar, pero no se los interpela. Sin interpelar al poder, sin permitirse refutarlo y sin pedirle que rinda cuentas, se limitan derechos individuales y colectivos; se enmudecen opiniones y se cae en la denostada lógica del rebaño, ya sea desde la falsa temeridad del conspirativo, ya sea desde la épica falaz de librar la guerra desde casa.“Sentí que me había vuelto parte de una pequeña comunidad totalitaria donde no estaban permitidas las relaciones personales ni las conversaciones privadas, y esa es la amenaza más grande del siglo XX”, dijo, en los 70´s, sobre las motivaciones detrás de sus libros, Phillip K. Dick, uno de los más célebres conspiranoicos y tanto no se equivocó.


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2 Comentarios

  • Diego says: 27 mayo, 2020 at 13:44

    Eva Giberti, Leila Gerrero y Nancy Giampaolo son tres generaciones de mujeres que se animan a hablar libremente de la pandemia y el control del gobierno. Habría que juntarlas a ver si alguien mas sigue el ejemplo ajajaja

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    • Lorena says: 9 junio, 2020 at 14:01

      Jajaj es porque ni Leila Guerreiro ni Giampaolo ni Giverti tienen twiter!

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