18 de Mayo de 2021 • 23:29
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BASTAN VEINTICUATRO HORAS

Entre el 25 y 26 de febrero de 1992, en medio del conflicto de Nagorno Karabaj que se desarrollaba desde 1988, el ejército armenio -con apoyo del regimiento 366 de infantería motorizada de los soviéticos- llevó adelante una limpieza étnica de una parte importante de azeríes del poblado de Joyali, donde vivían 7000 personas. El episodio ocurrió durante la primera guerra entre Armenia y Azerbaiyán por el territorio de Karabaj, y era un momento en el cual varios pueblos y ciudades ya se encontraban bajo fuego. “Yo tenía 10 años en ese entonces. Desde que habían empezado los combates en el 88, todas las noches mi padre me decía qué hacer si lo tomaban prisionero, cómo hacerme cargo de la familia al ser el hermano mayor, que cuidara a mi madre. Esa noche la ciudad ya estaba rodeada. Con mi familia decidimos escapar por el bosque. Pero los armenios nos emboscaron y estuvimos ocho días prisioneros. En ese bosque perdí muchos primos y tíos. Algunos fueron asesinados y otros continúan desaparecidos”, relata Anar Usubov, sobreviviente de la masacre, desde San Francisco, California, donde vive desde 2014. 

Durdana Aghayeva tiene 49 y es comunicadora social. Durante esa noche de febrero, al igual que Usubov, pudo escapar por el bosque, pero también fue capturada junto a toda su familia. “Me torturaron durante 8 días, hasta que los gobernantes decidieron intercambiar prisioneros. Por suerte muchos familiares lograron sobrevivir, pero hubo gente que jamás volví a ver. Que invadieran la ciudad era algo esperable, nuestro país no tenía equipamiento y la ciudad la defendíamos nosotros. Lo que no esperábamos fue la decisión de exterminar a un pueblo”, relata Aghayeva, que aún hoy vive en Bakú, la capital de Azerbaiyán. La de Joyali fue una limpieza étnica “relámpago”. En pocas horas, fueron asesinadas 613 personas, entre ellas 63 niños, 70 ancianos y más de 100 mujeres. A su vez, varias familias fueron aniquiladas por completo y más de 1500 personas fueron tomadas como prisioneras. Incluso hay 150 víctimas desaparecidas. La saña con la que se masacró a la población fue brutal y despiadada.

"Si bien la limpieza étnica es un proceso planificado de antemano, es decir, totalmente racional, no es cierto que los números determinen a estos actos. Quedarse solo con las cantidades implica un reduccionismo."

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“Muchas de las personas que hoy están desaparecidas eran, en ese entonces, jóvenes de entre 18 y 25 años. Los oficiales armenios los veían como una potencial amenaza. Recuerdo que separaban a estos muchachos del resto y muchos de ellos hoy son un enigma”, relata Usubov. A sus 39 años, logró algo que puede calificarse de hazaña para una persona sobreviviente de un hecho de estas características: rehacer su vida. Hasta el término de la primera guerra del Alto Karabaj -que terminó en el 94 a favor de Armenia- y luego de ella vivió girando de poblado en poblado con su familia, hasta que se quedaron durante 10 años en un campo de refugiados. Fue admitido en la Universidad Estatal de Bakú, estudió Relaciones Internacionales, Administración Pública, y hoy tiene una empresa de logística y transporte. “Parece cliché, pero sí, das gracias todos los días por estar vivo. Aún sin ser tan religioso.” A diferencia de Usubov, muchos sobrevivientes -algunos conocidos suyos- no pudieron soportarlo, y optaron por la vía del suicidio. “Es algo de lo que se habla poco, porque es tabú. Pero ocurre con muchas de estas situaciones de gente que no logra rearmar su vida por el nivel de trauma que supone”, explica el joven azerí.

Frederique Lengaigne

El debate sobre si lo ocurrido en Joyali califica como genocidio persiste aún hoy. 21 estados de Estados Unidos y nueve países han reconocido a este crimen de lesa humanidad como genocidio, entre los que destacan Colombia, Sudán y México -donde en 2012 se inauguró un monumento- además de Azerbaiyán. “Todo genocidio es un crimen de lesa humanidad, pero no todo crimen de lesa humanidad es un genocidio. El genocidio sí o sí implica la participación y una decisión esquematizada e implementada por el Estado”, explica el sociólogo, docente e investigador Guillermo Levy. Si bien varios de los soldados armenios que participaron de la matanza confesaron sus crímenes, la responsabilidad del Estado armenio no ha podido ser comprobada en su totalidad. Sin embargo, es importante recordar que, así como los paramilitares que operan en la selva colombiana no podrían hacerlo sin la vista gorda del Estado y el ejército, lo mismo ocurrió en este caso. Y eso, por supuesto, no le quita gravedad: el ejército armenio, con el apoyo de la división de infantería rusa, cometió una limpieza étnica con una práctica genocida en Joyali, ya que implica un crimen contra personas en tanto su pertenencia a un grupo.

Se suele creer que sucesos como este deben durar mucho tiempo, o que son arrebatos irracionales que llevan al nivel de la animalidad a las personas. Incluso se cree que deben tener una cierta cantidad de víctimas para calificar como tales. Estas tres creencias son erróneas. Si bien la limpieza étnica es un proceso planificado de antemano, es decir, totalmente racional, no es cierto que los números determinen a estos actos. Quedarse solo con las cantidades implica un reduccionismo. También es una irresponsabilidad decir que la locura es el hilo conductor dentro de este marco. La premeditación sistemática a la hora de exterminar colectivos humanos, dentro de las guerras totales, es un mecanismo que, como afirma Enzo Traverso, funciona como un “laboratorio antropológico”, en donde se articularán las condiciones de todos los genocidios modernos, surgiendo así un nuevo nivel entre lo ideológico y el terror.

"La gravedad casi permanente de las violaciones a los derechos humanos en conflictos de estas características hace que no se trate de famas hechas. Se trata de asumir responsabilidades y pagar con el castigo del conocimiento público por estas tragedias preconcebidas"

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En el libro de Thomas De Waal “Black Garden: Armenia and Azerbaijan Through Peace and War”, el autor cita a un jefe de policía armenio que sostuvo: “El verdadero motivo de la masacre fue la revancha”. El propio Serzh Sarkisian, en ese entonces jefe militar de Armenia y luego presidente, dijo que con la masacre de Joyalí los armenios habían roto el estereotipo de pueblo débil que no puede atacar civiles en un enfrentamiento. Todo un manifiesto. Ese es el problema cuando “la sangre grita sangre”. “Cuando estás en Armenia, donde viven muchos azeríes, o en Azerbaiyán, donde viven muchos armenios, lo cierto es que es casi imposible diferenciarlos si los ves por la calle. Somos vecinos que han peleado mucho tiempo, y eso es un gran problema. Hay una gran campaña anti-azerí desde varios sectores de Armenia, y al revés también. Pero los azeríes y armenios que viven en la zona saben que la paz es lo más importante. Nadie quiere más guerra. Esperemos que después de la segunda guerra, que por suerte solo duró 44 días, lleguemos a la paz”, explica Usubov.

Frederique Lengaigne

Al asolamiento de Joyali y los alrededores le siguieron las migraciones forzadas, los refugiados internos y los vejámenes de todo tipo. La humillación también es un acto premeditado y para nada irracional. El propio De Waal cita la cobertura del diario The Times, el cual señaló que “varios de ellos, incluida una niña pequeña, tenían heridas terribles: solo le quedaba la cara”. En el derrotero de la huida, quienes no se transformaron en refugiados internos, murieron de frío en el crudo invierno caucásico, el cual puede transformar a un caminante mal vestido y sin alimentar en presa fácil. Porque lo ocurrido en Joyalí fue algo así, una cacería contra civiles. A tal punto, que el politólogo Santiago Bonilla Páez afirma que “el exterminio llegó al punto de borrar a este pueblo del mapa”. Esa es la idea del exterminio moderno: borrar sistemáticamente a un colectivo y todo lo que eso representa, es decir, su identidad. Es el acto de arrancarle por la violencia y de diversas formas las raíces a todo un pueblo.

En consonancia, De Waal afirma que “poco a poco se fue difundiendo la noticia de que se había producido una masacre en Jodyalí. Al principio, muchos en el mundo exterior se mostraron reacios a creerlo porque la mayor parte de la cobertura mediática internacional del conflicto hasta ahora había presentado a los armenios como las principales víctimas del conflicto, más que como agresores”. La gravedad casi permanente de las violaciones a los derechos humanos en conflictos de estas características hace que no se trate de famas hechas. Se trata de asumir responsabilidades y pagar con el castigo del conocimiento público por estas tragedias preconcebidas. Aunque, claro, a veces resulta desesperanzador para esa anhelada consolidación de la paz leer editoriales de Diario Armenia. En uno de ellos, el autor afirma que “el negacionismo va a dar un salto de sofisticación cínica en la fabricación de un ‘genocidio’ -Khojaly o Joyali- para, luego, legitimar el odio anti-armenio cuya etapa superior es la pretensión de que Ereván siempre ha sido una ciudad azerí”. La autocrítica, tanto de un lado como del otro, es realizada por los sectores de la juventud, que no quieren más derramamientos de sangre.

Según el médico y psicólogo Carl Jung, “las intenciones inconscientes son siempre perturbadas e interferidas por intrusiones inconscientes”. En la memoria colectiva de la nación azerí, la masacre de Joyali es parte de lo que el mismo Jung llamó “mezcla hirviente de pasiones antagónicas”. Es por esto que en 2007 Azerbaiyán estableció el 26 de febrero como fecha conmemorativa del genocidio de Jodyalí y tres años después lo hacía la Organización para la Cooperación Islámica. “Después de todo lo vivido, no guardo rencor. Con los vecinos hay que tener buena relación. Nuestro destino como azeríes es ser vecinos de los armenios, y viceversa. Los gobiernos deberían dejar de procrastinar y llegar de una buena vez a un acuerdo que evite más derramamientos de sangre de civiles inocentes y que nunca más ocurran estas masacres”, completa Usubov. El mensaje, entonces, resulta claro: no puede haber grises en cuestiones que tengan que ver con crímenes de lesa humanidad.

Frederique Lengaigne

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6 Comentarios

  • Xocali soyqirimi Panama metbuatinda - Musavat.az says: 11 marzo, 2021 at 23:28

    […] BASTAN VEINTICUATRO HORAS […]

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  • […] BASTAN VEINTICUATRO HORAS […]

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  • […] düşmüş və sağ qalmış soydaşlarımızın ağrılı xatirələrindən sitatlar gətirilir. //www.panamarevista.com/bastan-veinticuatro-horas/ Baxış sayı: […]

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