7 de Mayo de 2021 • 16:54
10 / 04 | Política

CONDENADOS AL ÉXITO, COSECHA 21

El ex Presidente de la Nación Eduardo Duhalde, popularizó una gran frase “La Argentina está condenada al éxito”. Sin embargo, esta meta parecería ser aún un poco esquiva. Muestra de ello son las bajas tasas de crecimiento de los últimos 8 o 9 años, una pobreza estructural con un piso que se eleva anualmente, las dificultades del país para consolidar una moneda propia y niveles de inflación que dificultan seriamente tanto el presente como el mediano y largo plazo.

A pesar de todas estas dificultades, nuestro sistema político posee una gran capacidad de poder actuar y reaccionar ante situaciones de extrema crisis, social, política, institucional y ahora sanitaria. Parecería ser que la acción colectiva sólo es posible en situaciones extremas, basta recordar el post 2001 y los hechos recientes del 2020. Aquí me gustaría detenerme unos minutos. 

Como sociedad debemos estar más que satisfechos con los resultados colectivos obtenidos a lo largo del año pasado. A diferencia de otros Estados, incluso de países desarrollados, nuestro sistema de salud hizo frente con éxito a una pandemia global. Seguramente se podrían haber hecho las cosas de otra manera o “mejor”, pero en lo concreto, a ningún argentino y argentina le faltó una cama y/o un respirador. En una sociedad que goza de la autoflagelación, si ello hubiese ocurrido esas imágenes habrían circulado por todos los medios y redes sociales a toda velocidad y con gran voracidad. 

Este éxito no fue mérito exclusivo del gobierno nacional, el cual reaccionó rápidamente ante los hechos y tomó medidas drásticas. Sino también de un rol activo de gobernadores/as, intendentes/as de diversos colores políticos, médicas, enfermeros, directoras de hospitales y de millones de ciudadanas y ciudadanos que se aislaron.

"A pesar de todas estas dificultades, nuestro sistema político posee una gran capacidad de poder actuar y reaccionar ante situaciones de extrema crisis, social, política, institucional y ahora sanitaria. Parecería ser que la acción colectiva sólo es posible en situaciones extremas"

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Durante el 2020 la economía argentina se hizo añicos, al igual que la del resto del mundo. Nuestro PBI se contrajo aproximadamente un 10% en línea con lo ocurrido en otros países. Nada para alegrarse, pero tampoco para sacar a relucir nuestro amor por la autoflagelación. Un dato relativamente positivo del 2020 fue la inflación, que cerró en 36,1%, el valor más bajo en los últimos tres años (53,8% en 2019 y 47,6% en 2018). No será un número para celebrar con bombos y platillos, pero tampoco para ignorarlo. 

A pesar de la locura global del 2020, nuestros resultados colectivos como sociedad fueron dignos, no hubo caos social, el dólar no se disparó (a pesar de que nos gusta la timba financiera más que hacer el amor), hubo un cambio de tendencia en el índice de precios y el principal objetivo propuesto fue alcanzado: el sistema de salud no colapsó. 

Sin embargo, pase lo que pase, como sociedad somos incapaces de reconocer hasta las cosas que más o menos hacemos bien. La cadena del desánimo y la idea de fracaso ya es parte de nuestro ADN. Un dicho popular dice: “billetera mata galán”, para el caso argentino sería “autoflagelación mata contexto”. Esta cultura del decadentismo, a la que nos hemos acostumbrado, ya no es solo un estado de ánimo propio de la sociedad, sino también parecería haber alcanzado a nuestras élites políticas. Lo riesgoso de esta mentalidad es que cuando por fin hayamos alcanzado el éxito no seremos capaces ni de verlo ni de disfrutarlo. 

Ahora comienza un nuevo año, digo ahora, dado que enero es mes de vacaciones, febrero y marzo por lo general son meses de precalentamiento y en abril la cosa siempre se pone picante. En este marco ¿Cuáles son los principales desafíos que tendremos que enfrentar como sociedad durante el año? ¿Cómo evaluar nuestra acción colectiva a lo largo de los próximos meses? Creo que durante el 2021 tenemos dos grandes objetivos colectivos: 

"Esta cultura del decadentismo a la que nos hemos acostumbrado, ya no es solo un estado de ánimo propio de la sociedad, sino también parecería haber alcanzado a nuestras élites políticas."

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●      Vacunar aproximadamente al 25% de la población antes de que llegue el invierno. Esto quiere decir, mayores de 60 años, personal de salud, seguridad, docentes y seguramente algún otro grupo clave.     

●      Estabilizar la macroeconomía, básicamente amesetar la inflación. 

Es claro que todos los actores sociales y económicos no tenemos las mismas responsabilidades, pero cargar todas las tintas en uno solo será condenarnos nuevamente al fracaso. Impulsar y llevar a cabo un plan de vacunación nacional en este contexto y, con las urgencias existentes, no es solo responsabilidad del Ministerio de Salud de la Nación o del Jefe de Estado. Una señal positiva, en busca de generar acción colectiva y sinergias, fue la declaración conjunta de todos los ministros y las ministras de salud de la Argentina del día 6 de marzo. Solicitaban no poner en duda todo el esfuerzo realizado y el funcionamiento del sistema de vacunación en la Argentina, en otras palabras, aflojar con las chicanas infantiles (“nos quieren envenenar”), los carpetazos bobos y concentrarse en lo importante: reducir al máximo los contagios de la segunda ola. No olvidemos que estamos en una situación de extrema delicadeza. Años de estar “condenados al éxito” nos han puesto en una posición de alta vulnerabilidad: ausencia de crecimiento económico y un aumento constante de la pobreza y la desigualdad. 

Dada la coyuntura, ni la sociedad argentina, ni la economía soportarían un confinamiento duro, pero tampoco la inacción, y comenzar a contar los muertos por docenas como en Brasil, Ecuador o Estados Unidos. Muestra de ello, son las primeras acciones impulsadas por algunas autoridades provinciales (en este caso de la oposición), como por ejemplo, el gobernador de Mendoza o de Corrientes y los intendentes de Olavarría y La Plata. En línea con esta tendencia, recientemente el Estado central ha impulsado nuevas medidas de confinamiento a nivel federal; las cuales buscan reducir el ritmo de contagio, pero sobre todo evitar que colapse nuestro débil sistema de salud. 

Probablemente el objetivo de vacunación planteado sea ambicioso y dada la escasez de vacunas a nivel global no se cumpla con las entregas en los tiempos pautados. Esto no debería desanimarnos, enojarnos o buscar chivos expiatorios, sino todo lo contrario. Debemos ser creativos y audaces, sin utopías y sin mística no hay nada, aún más en momentos de crisis. Es por ello, que para poder vacunar al mayor ritmo posible es necesario construir un ambiente de confianza y serenidad. Maquiavelo decía que para alcanzar el éxito se necesitan dos cosas: virtud y fortuna. Por suerte contamos con una de las mejores vacunas del mercado, ahora solo falta poner en marcha nuestra virtud.

Vayamos a la macro. Luego de tantos años de estar “condenados al éxito”, uno de los beneficios con los que deberíamos contar, es al menos con la modestia de nuestros queridos economistas. A pesar de ello, sólo a modo de ejemplo, mientras escribo estas palabras dos ex funcionarios, que han tenido cargos relevantes en distintos gobiernos, y que su lista de errores de gestión supera ampliamente la de aciertos, declaran impunemente: “La inflación de Guzman es un cuento” o “No salimos más de berretelandia”. Creo que por momentos sería bueno llamarnos al silencio, reflexionar sobre nuestro accionar reciente y dejar de lado nuestros egos megalomanos. Vivimos momentos de extrema delicadeza, un nuevo fracaso nos alejaría aún más de nuestro predestinado camino al éxito.   

Por primera vez en mucho tiempo tenemos un ministro de economía que no esconde la cabeza bajo la tierra y que reconoce públicamente las debilidades de nuestra economía. Hace pocos días declaró que la inflación es sin duda uno de los principales problemas. Podrán decir que me conformo con poco, pero basta una mirada a nuestra historia reciente para comprobar que no son frecuentes este tipo de declaraciones. 

A pesar de la recesión global, nuestro eterno camino al éxito nos ha “regalado” una cosecha digna (a pesar del año niña), buenos precios internacionales, un Banco Central que recupera reservas y un mercado de cambio que parecería estar domado (más allá de nuestros múltiples tipos de cambio). Nada de esto es poco, pero: ¿nos alcanzará para controlar la inflación? Una vez más la pelota está de nuestro lado.

"Por primera vez en mucho tiempo tenemos un ministro de economía que no esconde la cabeza bajo la tierra y que reconoce públicamente las debilidades de nuestra economía. Hace pocos días declaró que la inflación es sin duda uno de los principales problemas."

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No hay que ser economista para saber que la inflación es un problema multicausal y que aqueja nuestra economía ininterrumpidamente desde el año 2007. Un problema estructural, se vuelve un desafío colectivo, por lo tanto amesetar la inflación no es tarea exclusiva del Ministro de Economía y del Presidente del Banco Central. Para alinear comportamiento y expectativa se requiere de un gran esfuerzo colectivo (oficialismo, oposición, empresarios, productores, sindicatos, medios, etc.). Y aquí nuevamente la amenaza de nuestro lado débil como sociedad: somos un país con grandes talentos individuales, pero con una gran incapacidad de coordinarnos colectivamente, ejemplos de ello sobran.  

Abril ya comenzó, y no de la mejor manera posible, sin embargo aún estamos a tiempo de que la tortuga no se nos escape, tal como nos viene ocurriendo desde hace varios años. A pesar de todos nuestros errores, el 2021 nos presenta como sociedad una nueva oportunidad para lograr nuestra tan anhelada meta. Si logramos una digna campaña de vacunación por un lado, y una inflación aceptable por el otro, sin duda el 2021 será un buen año que ayudará a regenerar la credibilidad en nosotros mismos como sociedad. 

Me pueden decir que mis objetivos son pobres, pero como decía un gran amigo: “es mejor sorprender con resultados mediocres que fracasar con grandes proyectos”. Además, lo más importante que habremos logrado, en un mundo altamente volátil e individualista, es el éxito colectivo de alcanzar los objetivos propuestos, algo que como sociedad no nos ocurre desde hace ya un buen tiempo. Se le atribuye a Einstein la frase “locura es hacer lo mismo y esperar resultados diferentes”. Espero que durante el 2021, como sociedad no cometamos la locura de repetir siempre lo mismo. Si así fuese, en octubre además de contar votos vamos a contar más pobres, más inflación, más muertos, más recesión y una nueva frustración que nos irá alejando cada vez más de nuestra prometida “condena al éxito”. 


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2 Comentarios

  • Modesto Popovic says: 10 abril, 2021 at 11:03

    Muy bueno y claro el artículo. Hay que ver qué pasa con la “segunda ola”. Me da la impresión de que con las elecciones por delante, los distritos buscan diferenciarse lacerando la elogiada “acción colectiva”

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  • Carlos reboratti says: 10 abril, 2021 at 11:54

    La mejor frase “hay que llamarse al silencio” apta para nuestras Cristinas y Patricias, tan habladoras…

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