9 de Mayo de 2021 • 8:48
24 / 12 | Cultura, Lo de siempre

HE VISTO A MARADONA

“La patada que le metí en los huevos a Batista era para Falcao. No me aguanté una cargada (…) Hicieron tac, tac, tac y me hicieron pasar de largo. (…) Me fui muy mal de ese mundial. Todavía me veo caminando, saliendo de la cancha, la palmada de Tarantini a la pasada. Todo el mundo pensaba que iba a ser mi mundial. Yo también…” Así contó Diego su despedida de España 82. Había cumplido el sueño de jugar un mundial, pero todavía iban a pasar 4 años hasta levantar la copa. ¿Habrá visto mi joven y muy embarazada madre ese partido? “No me acuerdo de nada, solo que iba a tener un hijo, que había guerra y viajé parada en el 55 desde Villa Crespo a Belgrano”. Cuando yo nací, un día después de esa eliminación frente a Brasil en el mundial de España, Maradona ya era parte de nuestra vida. Desde siempre fue parte de la mía, tanto que no tengo claro donde comienzan los recuerdos. Porque, claro, todo lo que me gustaría decir de Diego, de su vida, muerte y magnitud proporcional a nada, ya lo escribieron otros. Me queda, tan solo, tratar de ordenar mis recuerdos y escribirlos para que no se escapen. Así de poco pretenciosa es esta tarea que ya carga con varios días de insomnio y distracciones. Nunca lo tuve muy cerca, no tengo foto, ni autógrafo. Tampoco recuerdo los goles a los ingleses ni los festejos de la copa del 86.

En el 90 tenía 8 años y mi propio mundial de pelota en la vereda y figuritas Panini. Esa edad en la que tu barrio está en el centro del país que está en el centro del mundo que está en el centro del universo. La mera existencia de Maradona confirmaba todo eso. ¡Ese sí lo vi! Ahí van apareciendo en filita los recuerdos. El tobillo. El pase a Cani contra Brasil. La puteada a los tanos que chiflaron el himno. Codesal, el llanto de Diego y nosotros, los pibes de Darwin y Murillo, organizando el grupo comando que, armado hasta los dientes, iba a entrar a la sede de la Federación Alemana de Fútbol a recuperar la copa que nos habían robado.

"Nosotros, cuatro troskos en su último minuto de organicidad (o el primero posterior) a los que el partido no había priorizado en los lugares para viaje ni estadía, nos colamos en uno de esos micros que, se comentaba, Hugo Chávez había financiado vía Miguel Bonasso"

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Pese a todo, nunca fui muy futbolero, hoy no lo soy ni un poco, sin embargo la muerte de Diego me hizo percha. Obvio. Desde siempre su vida partió aguas. ¿Cuántas grietas militaste? No sé, pero sé cuál fue la primera. En el mundial de EEUU, cuando le cortaron las piernas, en mi casa nos enojamos mucho. Nos enojamos con la FIFA, con los médicos de la selección, con los periodistas y, ¡cómo no!, con la piba que lo llevó de la mano al antidoping. No se nos cruzó por la cabeza enojarnos con él. Será por eso que no esperaba encontrarme tan solo al día siguiente defendiendo a Maradona del ataque de mis compañeros de grado. Se usaba mucho la palabra drogadicto. En las gradas del acto del día de la bandera, en la Escuela 21 D.E. 14, Almirante Storni, ese 22 de junio de 1994, mi psiquis under construction comenzó a incorporar, aún sin conocer el vocablo, el concepto de “caretas”. Más recuerdos para el mismo día. Esa tarde nuestro papá no pudo ni quiso disciplinar a sus hijos cuando, asomados medio cuerpo afuera del Renault 6, cantábamos a gritos nuestra orgullosa composición. “Teque, teque, toca, toca, esta hinchada está reloca, Havelange hijo de puta, a Diegó no se lo toca”.

Y Diego volvió a Boca en el 95. A ese equipo que el periodismo bautizó dream team y los gallinas verdugueaban llamando “Bosque de Arrayanes” por el chiste de los troncos más caros del mundo. Yo quería ver a Diego en la cancha así que convencí a mi amigo Maluge de sacar entradas para el Boca-San Lorenzo de la 5° fecha del Apertura 1997. Como no teníamos guita, la idea fue pedir prestado, comprar 7 entradas, revender, pagar las nuestras con la diferencia y devolver lo adeudado. Adivinan. No funcionó. Vendimos una al costo y perdimos otras dos. Las restantes fueron para mi hermano y mi viejo, al menos alguien iba a garpar algo. Sé que ganó Boca 2 a 1. No recuerdo nada del partido, ni una jugada, nada de nada. Sólo la Bombonera y la sensación de verlo a él, ahí, caminando la cancha, sacando pecho, arengando, puteando, dando indicaciones. También lo vi pateando pelotas al público en los recitales de Los Piojos (dato aportado por Lautaro, desde esta redacción en la Sierra Maestra de la propia amnesia agradecemos el gesto) y mil veces asomándose al vacío en su palco de la Bombonera.

"lo vimos saliendo del tren, saludando con puños arriba y dejando ver su remera de STOP BU卐H mientras nosotros, como todos, levantábamos afiches con consignas y coreábamos “Diego, Diego”"

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“Todo Diego es político”

Así se llama el reciente libro en el que 10 mujeres ensayan textos sobre Maradona. Todo Diego es rebelde. Todo Diego es pueblo. El 5 de noviembre de 2005 llegamos de madrugada a Mar del Plata en un micro que había salido la noche anterior de Plaza Congreso. Nosotros, cuatro troskos en su último minuto de organicidad (o el primero posterior) a los que el partido no había priorizado en los lugares para viaje ni estadía, nos colamos en uno de esos micros que, se comentaba, Hugo Chávez había financiado vía Miguel Bonasso. Llegamos de madrugada, y fuimos derecho a esperar el tren en el que llegaba el conductor de “La Noche del 10”. Sí, animador televisivo y referente antiimperialista al mismo tiempo, preguntale a Diego cómo se hace. Ahí lo vimos. ¿Lo vimos? Si, lo vimos saliendo del tren, saludando con puños arriba y dejando ver su remera de STOP BU卐H mientras nosotros, como todos, levantábamos afiches con consignas y coreábamos “Diego, Diego” como grito de guerra. Después marcha, represión y al estadio a ver de vuelta a Diego con Chávez y Evo.

Te moriste Diego ¿Cómo te vas a morir? “Es como que un día no esté más la luna” dijo Saborido y algo así parece ser. Te moriste y no supimos qué hacer. Después de la parálisis inicial me fui con Pedro y Severino al Obelisco, a la Boca y a qué sé yo qué otros lugares de la ciudad. Ya era tarde, la gente estaba volviendo a sus casas a prepararse para los 2, 3 o 20 días de duelo que necesitábamos. “Lo que voy a vivir mañana no me lo voy a olvidar nunca, ¿no papi?”. Se lo va a olvidar y un poco por eso también estoy escribiendo. No llegamos a ir. Se lo va a olvidar. Uso palabras de Rubén Mira. “La legalidad más pacata y sensiblera para fundamentar un pragmatismo tan débil como reaccionario” nos robó la posibilidad de despedirte.

Te moriste Diego y yo volví al ventolín. Claro, los cositos de los árboles, la humedad, el fresco de la noche y la ventana abierta. Sí, todo lo que quieras pero hoy me acordé que, cuando era chico, los broncoespasmos me agarraban cuando mi papá se iba de viaje. ¿Es una exageración decir que nos dejaste un poco huérfanos? Yo creo que sí, pero andá a explicarle a mi inconsciente.

Buen viaje Diego. Te quiero. Gracias

PD: Acá va un cuento de mi hijo Pedro (que nunca escuchó el relato del gol a los ingleses):

Maradona ganó con un gol increíble que la pelota llegó a Saturno y después vino un extraterrestre y pateó de nuevo a la Tierra y jugaron Maradona y el extraterrestre juntos y después, sin querer, el extraterrestre hizo chocar un meteorito con la pelota y la desvió a Júpiter y el extraterrestre de Marte la pasó a Saturno y el de Saturno a la Tierra y el de la Tierra a Júpiter y de Júpiter a Urano y de Urano al Sol y se quemó la pelota.


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