7 de Mayo de 2021 • 17:00
31 / 03 | Cultura, Política

NADIE NOS PROMETIÓ UN JARDÍN DE ROSAS

Reseña de Zona de promesas de Florencia Angilletta

“La verdadera naturaleza del pensamiento es el pero”, dice Susan Sontag en la entrevista que le hace Jonathan Cott para Rolling Stone en 1978. Y ese es el motor de Zona de promesas, cinco discusiones fundamentales entre los feminismos y la política, de Florencia Angilletta. El libro recorre, sin abandonar el desafío del sin embargo, los puntos claves que atraviesan, tensan y convulsionan a los feminismos. Y lo hace sin afirmarse del todo, sin cristalizar ni obturar ninguna de las discusiones. “Pensar es hacer preguntas”, dice Alexandra Kohan en Y sin embargo el amor. Y de eso está hecho Zona de promesas: de preguntas que incomodan, provocan, pero que abren, agrandan el territorio de lo posible, de lo pensable y de lo decible. Este libro es un intento de unir dos mundos: el de los feminismos y el de la política. Y podríamos decir que más allá de esos mundos, este es un libro que intenta unir, coser, acortar distancias, entre historia y presente, entre personal y político, entre vida y ficción, entre rock y feminismo, sin borrar las marcas, dejando ver la cicatriz.

Solo un nombre, debajo estoy yo

Pero el feminismo no existe”, abre Angilletta. Inaugura con el pero de Sontag para decir que el plural que usamos al nombrar a los feminismos no es solo una corrección política, sino que da cuenta de toda una diversidad que no convive necesariamente en paz: es una diversidad conflictiva y a la vez histórica. Es por esa insistencia en resaltar su pluralidad que los feminismos se mantienen vivos, en movimiento, politizados. Hay otra pregunta que se cristaliza en el acto de nombrar y que atraviesa la historia feminista: ¿quiénes son les sujetes de los feminismos? Así como estratégica y políticamente es necesario nombrar la pluralidad de los feminismos, su sujeto no se cierra a “la mujer” ni se salda nombrándolo “las mujeres”. Pero, ¿alcanza con la adhesión al infinito de otras identidades?, ¿mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries? La pregunta por la nominación es compleja porque busca una clausura y a la vez es la única pregunta que puede expandir un territorio. Advierte Angilletta que el de nombrar es un interrogante que nunca puede terminar de responderse y cita a Joan Scott redoblando la apuesta por un pensamiento que no obtura: “el género sólo es útil como pregunta”. Frente a la conflictividad propia de nombrar podemos habitar la incomodidad, “habitar el desacuerdo”, sugiere Catalina Trebisacce, “habitar la fragilidad”, escribe Alexandra Kohan, “habitar la paradoja”, dice Florencia Angiletta.

"¿mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries? La pregunta por la nominación es compleja porque busca una clausura y a la vez es la única pregunta que puede expandir un territorio"

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Tenemos que ir tan lejos para estar acá

La historia nunca abandona la escritura de Zona de promesas. Las promesas solo podrán ser puntos de fuga atados a esa historia que es repuesta, revisitada, resignificada y vuelta a contar por la autora. Y no solo la historia de los feminismos, la historia de sus luchas, sus ideas y teorías, también la historia argentina. Sin pretensión de verdad, Angilletta propone contar otras historias posibles: no es patriarcal la historia en tanto entidad, como todo homogéneo, es patriarcal la historia que hemos contado. Pero hay pliegues, hay intersticios, hay escisiones en las que rastrear otras historias no narradas. Hay en Zona de promesas un desafío de (re)lectura, un intento de disputar los sentidos ya dados a los problemas conocidos: cicatrizar. Hacer con las preguntas que hemos pronunciado hasta el cansancio (¿se puede separar la obra del artista?, ¿cancelar o no cancelar?) algo nuevo, algo distinto, hacer otras preguntas, aceptar que las respuestas a veces estén hechas de sí y no. Pero hay advertencias, algunas breves explicaciones que alivian, que aportan herramientas a quien lee para volver sobre antiguos dilemas con otras respuestas posibles. Angilletta escribe que vivimos en un tiempo en el que se confunde el carácter político de los feminismos con un carácter moral, aquello que las más de las veces deriva en lo que llamamos punitivismo. Lo opuesto a ese feminismo no es el relativismo sino la propuesta de una ética para la cual el arte no “refleje” a la sociedad, ni los artistas “se expresen” a través de sus obras, ni la crítica funcione en tanto “policía” del arte. Una ética que asuma la ferocidad del vínculo entre artistas, arte y sociedad. En un diálogo permanente con la historia, y especialmente con el rock, Angilletta pregunta: “Pero ¿acaso el rock no es patriarcal? La historia que nos cuentan de él sí lo es”. El desafío para los feminismos es decir algo del rock, criticarlo sin pulverizarlo, decir algo nuevo de las mujeres que hicieron el rock abajo de los escenarios, de las groupies sin reducirlas a víctimas tontas y pasivas. Angilletta propone revisar en otras capas de la historia, la de las musas, la de las mujeres que no fueron tapa del rock y que sin embargo lo protagonizaron, lo inspiraron, lo produjeron. ¿Y los varones? Angilletta escribe: “Charly conoce la lengua de las mujeres. Traicionar una verdad para decir otra: el rock no es solo cosa de varones. Alicia da vuelta la media”. ¿Por qué esas mujeres escucharon a Charly? ¿Por qué hicieron suyas esas canciones hechas por un varón? Lo hicieron en nombre de esa misma ambigüedad en la que Charly se afirma, la que lo vuelve tierra tan fértil para les que estamos ávides de contradicciones. En un análisis sensible Angilletta disputa y otorga sentidos a la mil veces resignificada Alicia en el país. Incluso desde el presente en el que mujeres y disidencias sexuales copan cada vez más la escena, la autora propone volver sobre “las alicias”, no subestimarlas, no tirarlas a la basura de la historia, volver a ellas desde el presente como la zona de promesa que esa historia pudo crear.

"¿Por qué hicieron suyas esas canciones hechas por un varón? Lo hicieron en nombre de esa misma ambigüedad en la que Charly se afirma, la que lo vuelve tierra tan fértil para les que estamos ávides de contradicciones"

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Una vida juntxs

Nicolás Cuello y Lucas Morgan Disalvo compilaron en 2018 una serie de artículos que nombraron Críticas sexuales a la razón punitiva. El subtítulo que eligieron para ese libro fue: insumos para seguir imaginando una vida juntxs. Zona de promesas es parte de ese imaginario que no resigna la posibilidad de que el horizonte sea de más libertad y menos clausura. La pregunta por la violencia es fundamental para la imaginación de ese futuro. Hay una configuración que se repite en el libro y que aquí cobra esta dimensión: “si todo es violencia, nada es violencia”, “si todo es delito, nada es delito”. Angilletta no busca minimizar padecimientos pero sí mirarlos en un territorio más amplio, dimensionarlos, verlos de manera relacional y poder distinguir maltrato, daño, violencia, delito para que la acción de la justicia sea más y no menos contundente en los casos en los que deba actuar. Este es un terreno de debate y disputa para los feminismos y es crucial para preguntarnos qué mundos deseamos construir: ¿Un mundo con cada vez más denuncias? ¿Qué vidas se organizan a través de un feminismo securitista? Angilletta pregunta y sus preguntas advierten: uno de los peligros del punitivismo es la ilusión de que siempre el morbo, la violencia, la posibilidad de herir, estén en otro lugar. Pero si los feminismos son políticos, es necesario hacernos cargo de los conflictos y también de la oscuridad que habita en cada une: si los feminismos son distintos de la moral, entonces “es porque algunas veces no se es tan buena persona que se puede ser mejor feminista”.

Mi pasado es real y el futuro libertad

Zona de promesas puede leerse como un mapa. Angilletta cartografía el territorio de los feminismos a través de las ciencias sociales, la historia, la teoría feminista, la literatura, la crítica literaria y el rock. La zona de promesa son los feminismos como motor de transformación, pero no solo del futuro, también de otras esferas sociales, las transformaciones que los feminismos producen en la política tradicional, en las instituciones, en los modos de amar, en la esfera del trabajo, el arte, la justicia, los modos de la violencia. En ese ejercicio el mapa trazado es de los feminismos pero también es un mapa de la Argentina. Angilletta piensa desde el conflicto, desde la historia, su mapa también es genealógico, un ir hacia atrás constante desde el presente: dibuja el mapa de un territorio en convulsión desde el territorio. Zona de promesas se hace cargo de las preguntas, de las contradicciones, de los desacuerdos. “Los feminismos son horizontes de libertad (…) que impulsan que las personas puedan elegir incluso lo que no siempre se preferiría para sí” dice la autora al inicio y cierra: “también hay revolución en criar un hijo y sacar la basura”. La zona de promesas es amplia, plural, conflictiva y por eso fértil, recuerda como la Canción de Alicia que la tierra es de nadie y es de todos, supone muchos y distintos modos de vivir y de sufrir, rechaza los manuales, reivindica los personajes que la historia subestimó, pronuncia las preguntas que nos cuesta escuchar pero que son necesarias para poder seguir imaginando una vida juntxs.

Charly & Zoca, Buzios, 1978.

Foto de portada: María Rosa Yorio


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